Lukas 3

Minah | Lukas | Monday, 23 July 2007

Sigue la saga, este es el 3er cuento dentro del primer capítulo (estoy también por subdividirlo en versículos :D ). Silvia sigue secuestrada y Lukas sigue haciendo con ella lo que le place, ¿qué tiene en mente este chico? ¿es tan cierto que sólo la retiene por el interés? Algo está claro, a los demás no les parece bien ese trato y están empezando a desconfiar y vengarse, ups! eso ya forma del 4arto cuento. Os dejo con el 3ero ;)

Poco a poco me voy recuperando, hace 4 días que estoy allí, al único ser humano que veo es a Lukas, entra de vez en cuando, atiende mis heridas, me trae la comida y me da baños con esponja, desde que estoy ahí no me ha preguntado ni una sola vez para que le diera información. A veces me encuentra dormida, me despierto al oír la puerta, pero continúo haciéndome la dormida, me da un beso en la frente y despacio se tumba un ratito a mi lado. Otras veces, si me encuentra leyendo en la cama, se quita las zapatillas y se sienta a mi lado en la cama, cruzando las piernas, como un indio, para habar un rato.
Uno de esos ratos, duró 3 horas. Sé que a los demás les dice que me está interrogando. A pesar de ser su rehén, no escatima esfuerzos para que esté a gusto y cómoda. Se interesa mucho por como me encuentro, por como me siento. Me mira en silencio, a la vez que sonríe, tras esa sonrisa esconde muchos pensamientos:

- Mira, como sé que estás jodida aquí dentro y aunque intentes disimularlo porque eres una chica fuerte, están siendo unos días difíciles, me sé un chiste muy bueno: ¡al abordaje! gritó el capitán… y los marineros dejaron el barco la mar de estupendo, je!
- … pppfffff, pero ¡¡qué malo!! Jajaja. Por favor, amordázame, déjame sin comer, sin dormir,… pero no me cuentes uno de esos nunca más!
- ¡Jajaja! Venga, tengo uno mejor: Un padre dando consejos a su hijo, que marcha a estudiar fuera: “Y ya sabes, Antxon, que cuando estés por ahí fuera, tienes que tener buena educación y no preguntar a nadie de dónde es.”; “Aiba la hostia, aita, y ¿por qué no le tengo que preguntar a nadie de dónde es?”; “Pues porque si es de Bilbao, ya te lo dirá él; y si no es, no le tienes que hacer pasar vergüenza…” ¡jaja!
- Jajaja, mejorando…
- Vale, me quedo más tranquilo. Me tengo que ir, volveré dentro de un rato.
- ¿Puedo preguntar a dónde vas?
- No – me dijo sonriendo, mitad porque le hacía gracia, mitad porque no quería darme las confianzas suficientes para hacer ese tipo de preguntas. Me dio miedo esa reacción, me hizo volver a poner los pies en el suelo.

Parece que ha pasado una eternidad desde que Ramón me entregara en el bosque y siento como que de alguna forma llevo allí meses y no sólo 4 días. Lukas tiene mis cosas, mi portátil, mi teléfono móvil, sólo me permitió enviar un sms, a quien yo quisiera, para decir que estaba bien, después de comprobarlo y recomprobarlo, pude mandárselo a mi madre.

Tampoco tengo contacto con el mundo exterior, no veo la TV ni escucho la radio, lleno mi tiempo leyendo o viendo películas. A veces se cuela un gatito muy cariñoso por una rendija y me hace un poco de compañía.

Sabía que tenían negociaciones con la poli para cobrar por mi rescate, aunque a medida que iba pasando el tiempo menos quería salir de allí, sabía que comenzaba a tener el síndrome de Estocolmo y Lukas también lo sabía. Escuchaba voces tras la puerta, pero nunca dije nada, además tampoco me iban a ayudar. Veía a Lukas, el que había sido el peor de mis enemigos, como mi único apoyo.

Eso me convertía en una pequeña esclava de sus deseos.

Aquella noche entró muy enfadado, sabía que yo tenía alguna culpa en su enfado, no era bienvenida en aquel lugar. Al verle me senté en la cama, puse las manos cerca de mis rodillas, apoyadas en el filo de la cama.

- Silvia ponte de rodillas.
- …
- ¡¡QUE TE PONGAS DE RODILLAS!! – dijo mientras me apuntaba con la pistola y con la otra mano desabrochaba sus pantalones – venga bonita, dame una buenísima razón para que no acabe contigo ahora mismo. Desnúdate, quiero ver tus pechos mientras me la comes – me cogió del pelo, pero no tiró de él, sólo me empujaba la cabeza.
- Vale, vale…

Le obedecí, me puse de rodillas, me quité la chaqueta del chándal, estaba desnuda debajo. Se fue acercando hacia mi, cerré los ojos y acarició mi mejilla, luego puso su pulgar en mi barbilla, haciéndome abrir la boquita. Pronto comencé a sentir su polla entre mis labios, húmeda. Comenzó a moverse, suavemente, sin movimientos bruscos, a pesar del enfado, no había perdido los papeles, sabía que era todo un juego. En un movimiento pude ver como la pistola estaba sin carga. Jugueteaba con mi lengua. Su ira comenzó a calmarse, a transformarse en excitación.

Mentiría si no dijera que me excitaba mucho la situación. Comencé a succionar despacio, mientras le miraba a los ojos, él sonreía y me miraba también. A veces no podía mantener la mirada, cerraba los ojos y echaba la cabeza atrás. Puse mis manos en sus rodillas, fue inevitable subir y acariciar sus piernas en dirección a sus glúteos, bien formados y bien contorneados. Acompañaba con mis manos su movimiento. A veces mis manos viajaban a sus muslos, por delante, bajando hasta llegar encima de sus rodillas.

- ¿Qué te pasa? ¿Por qué no puedes terminar? – me detuve y le dije en un susurro, jadeando, era evidente que estaba excitada también – ¿es que no te apetece?, ¿no te gusta?
- No lo he hecho nunca, no sé si te gusta.
- Quiero beberte Lukas, déjame probarte… por favor, deja que sienta por un instante que eres mío – estaba muy excitada.

No dijo nada, me miraba exhausto, excitadísimo, con los labios semiabiertos, a la vez que cogía aire en un medio suspiro. Cerré los ojos, mientras volvía a sentirle, sabía que no había marcha atrás, a partir de entonces, podría correrse en cualquier momento. Volví a poner las manos en sus muslos, a acariciar su suave piel con mis manos, cerré los ojos y me concentré en lo que estaba haciendo, en buscar con mi lengua sitios que le hicieran enloquecer.

Unas gotitas de líquido preseminal se mezclaron con mi saliva, Lukas respiraba contenidamente, sabía que el momento estaba cerca. Lo miraba, no me perdía detalle, quería que quedara fijado en mis retinas el momento en que su cara se transformaba en un gesto de placer. No se hizo de rogar, empezó a moverse despacio, yo abrazaba su polla con mi boca, para que sintiera la fricción, el primer gemido salió de su boca, miró al vació y echó la cabeza atrás a la vez que su cuerpo temblaba. Segundos después, empecé a sentirlo en mi boca, cerré los ojos, fui bebiéndole poco a poco a medida que me iba dando de él. Siguió gimiendo y mesando mi pelo con sus dos manos.

Cuando salió de mi boquita, con mis dedos limpié las comisuras de mis labios de saliva. Él caminó despacio y se sentó en la cama. Me levanté y me senté a su lado. Me ayudó a ponerme la chaqueta, no sin antes hacerme una leve caricia en uno de mis pechos. Nos tumbamos un rato en la cama, sin decir nada. Pasados unos minutos pregunté:

- ¿Puedo preguntar que ha pasado?
- Dentro de unos días serás libre, dos días, tal vez tres. Se están ultimando los detalles.
- … – no dije nada con la intención de que pudiera decir y expresar todo lo que quisiera.
- No es justo que estés aquí, ni que estés conmigo obligada…
- ¿Obligada? No te hubiera pedido lo que te he pedido.
- Sí, tienes razón, pero me pregunto que hubiera pasado si estuviéramos en otro escenario. No quiero que estés aquí en contra de tu voluntad. Sé que a partir del momento que seas libre, te habré perdido, somos enemigos, ¿recuerdas? Tu no puedes formar parte de mi vida, ni yo de la tuya.
- Pero Lukas… – me quedé callada cuando lo vi desmoronarse, sus ojos fríos, se volvían en cálidos y empañados por las lágrimas.
- Hacía mucho mucho, que buscaba a alguien como tú y no estoy seguro… no sé lo que me pasa.

Me incorporé un poco, y cerrándole los ojos despacio besé sus párpados y luego sus labios. Me acurruqué en su hombro:

- No pienses en eso ahora – le dije.

Se tiró a mis labios, y comenzó a besarlos dulcemente. Con mis manos mesaba su pelo. Él seguía desnudo. Me ayudó a darme la vuelta, a ponerme bocabajo, tiró de mis pantalones y comenzó a besarme el cuello. Mientras se ponía encima de mí. Su mano viajó por mi vientre buscando mi coñito, al que obligó a moverse, levantando un poco el culo. Lukas empezó a masturbarme el clítoris, mientras sentía que su polla se despertaba. Seguía besándome los hombros, el cuello la espalda. Puse mi mano sobre la suya, para indicarle como debía masturbarme y, puse el culo en pompa todo lo que puse para ayudarle a penetrarme, estaba muy excitada desde hacía rato. Así me mantuve mientras me follaba sin dejar de estimular mi clítoris. Sus dedos en mi clítoris me volvieron loca. Lo mejor de todo aquello es que se había corrido hace poco y pudo follarme durante un largo rato, cambiando el ritmo varias veces. Despacito y con cuidado o tan fuerte que creía que me iba a reventar, pero estaba tan mojada, que se deslizaba como si hubiéramos utilizado mantequilla. Pronto cerré las sábanas en mis puños, cerré los ojos e hice fuerza para no gritar, pero era uno de los orgasmos más intensos que había tenido en toda mi vida, mordí la almohada, mientras hacía sonidos con mi garganta, eran mis gritos ahogados. Lukas se volvió a correr, en silencio también, casi no pude advertir que iba a hacerlo. Me había dado muy fuerte, sentía un hormigueo en las paredes de mi vagina, tenía los músculos agotados.

Salió de mi, quedé agotada después de las dos sesiones, me volvió a besar en la nuca y me susurró en el oído:

- Te quiero… estate tranquila y descansa un rato. Tengo que irme ahora pero volveré en unas horas, antes de que te despiertes.

Era de madrugada ya.

[Llévame al siguiente capítulo]

¡SALTA!


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