Lukas 4
Los días pasan lentamente, ya queda menos para el momento del rescate. Pero de pronto las cosas se tuercen, ella intenta escapar y Jon ya está cansado de las bondades de Lukas con ella, según él, lo importante era la información y luego liquidarla, nada de rescates… ahora podrá vengarse. Este para mí, es uno de mis ‘episodios’ favoritos ![]()
Me quedé dormida antes de que se fuera. Al abrir los ojos, ya había amanecido y me encontré un ramito de flores silvestres en la almohada, también una nota “ojala todo fuera diferente Silvia”. Me había quedado helada, hacía mucho frío en aquella habitación, además tenía poquita ropa de cama y la chimenea se había apagado hacía horas. Encima de la mesita ropa limpia doblada y nuevas películas en DVD. Como había prometido, había estado ahí antes de despertarme pero se había vuelto a ir.
Cuando me despertaba, o cuando necesitaba algo, tenía indicado que pasara un papelito por debajo de la puerta y picara con los nudillos en ella. Estaba Jon de “carcelero” aquella mañana. Me acompañó al baño, allí pude darme una ducha, la primera desde que estaba allí, con agua calentita y vestirme con ropa limpia. Jon me dio pocos minutos de intimidad, debía ducharme con la puerta abierta y sabía que me miraba tras la cortina de la ducha. Me duchaba corriendo y agobiada, ¿y si le daba por aprovecharse de la situación? Por suerte no lo hizo.
De vuelta en mi habitación, me senté sobre la cama y comencé a ver las pelis que me había dejado, unas sueltas y otras metidas en cajas de DVD, mi sorpresa fue, que al abrir las cajas venía la publicidad de un videoclub, eran películas alquiladas. Corrí a la mesita de noche, juraría haber visto una caja de cerillas, Lukas las dejó ahí una vez que encendió la pequeña chimenea. Al encenderlas tendría unos improvisados lápices con los que poder escribir. Poco a poco fui dejando un mensaje dentro del folleto explicativo de la peli. Se me hizo eterna la espera, estaba ansiosa porque se llevaran las pelis de vuelta, al fin oí pasos tras la puerta. Era Jon.
- Te traigo algo para comer – me dijo
- Gracias. ¿Me puedes decir la hora?
- ¿Tienes que ir a algún sitio? ¡¡Jaja!!
- No, pero me gusta saberla, si fueras tan amable.
- Las 14:23, dentro de 30 min vendré a buscar la bandeja.
- De acuerdo, gracias.
Comí como las otras veces, aunque estaba tan nerviosa que casi no podía tragar, pero no quería levantar sospechas. Al rato Jon estaba de vuelta. Le dejé unas pelis sobre la bandeja, como otras veces cuando ya las había visto, entre ellas, la peli con la nota. Se lo llevó todo sin decir nada.
Mi corazón latía a 100 por hora. No había visto a Lukas en todo el día. Estaba deseando salir de allí, imaginé las 1000 formas de como encontrarían la nota y como vendrían a rescatarme.
Comencé a temblar cuando oí a Jon gritando algo que no entendía, como una fiera mientras caminaba hacía la habitación, me senté en la cama y me acurruqué, con las rodillas en el pecho y los pies sobre la cama, no podía decir más que ‘lo siento’, angustiada.
- ¿¿LO SIENTES PUTAA?? – me dijo Jon mientras me cogía del brazo malo y me obligaba a levantarme. En su mano la nota.
- Lo siento Jon, no me hagas daño – aunque ya me lo hacía tirando de mi. Tropiezo y me levanta
- ¿Qué no te haga daño? ¿Crees que puedes pedir algo aún? tienes suerte que los videoclub están de nuestro lado.
- Por favor que venga Lukas, ¿dónde está? – dije. Era el único con el que sabía que podía hablar.
- ¿¿Lukas?? Lukas está cansado de ti, ¿quién te pensabas que ha ordenado tu ejecución después de saber la noticia?
Creí que se me paraba la respiración al oír eso, me fallaron las rodillas y caí al suelo. Me secaba las lágrimas con las manos, mientras oía a Jon hurgar en una bolsa similar a la que Lukas tenía y donde guardaba mi antibiótico.
- Mira chata, aunque ahora no lo veas, te estoy haciendo un favor, hoy no te gustará, y mañana tampoco, pero pasado, si sobrevives, tal vez vengas suplicando que te dé un poco de esto y harás lo que sea para tenerlo. Dame el brazo y estate tranquilita.
- ¡¡NO!! – me puse como una histérica, y me defendía como podía, pero era inútil, él era más fuerte, pronto me inmovilizó. Me puso bocabajo y se sentó sobre mi.
- Sssssh si no pasa nada, ves un pinchacito de nada.
Sentía el líquido entrando en mi vena, mi corazón comenzó a latir fuerte, me retumbaba en los oídos, iba viendo cada vez más borrosa la estúpida sonrisa de Jon. Me quedé boca abajo, tumbada en el suelo, con los ojos abiertos, sin poder moverme, y sintiendo todo lo que mi cuerpo estaba empezando a experimentar, más un preocupante aumento de temperatura. Jon se sentó delante de mi y me acarició el pelo, luego se pinchó el también una dosis.
- Tendrías que estar agradecida, te he regalado la primera dosis. Luego abrirás las piernas por un poco más, yo te inicio y otros se llevarán tus favores, que injusto es este mundo.
Estuve flipando un buen rato, no sabría determinar cuanto, había perdido la noción del tiempo. Incluso me había vomitado encima. El corazón me latía más despacio, fuerte pero despacio. Tenía mucho sueño pero tenía miedo de quedarme dormida, me pesaban mucho los párpados. Oí que alguien entraba corriendo a la habitación:
- ¡¡Silvia!! Jon Jon ¿qué le has hecho? – dijo Lukas, mientras sacudía a Jon intentando que despertara, volvió a donde estaba yo y, cayendo de rodillas, me acunó entre sus brazos mientras me acariciaba la mejilla – Silvia, peque, ¿me oyes? Contéstame, por favor, dime, ¿qué te ha hecho? ¡Mierda! ¡¡MIERDA!! Contéstame, por favor, por favor. – le oía pero no podía abrir los ojos, me dejó con cuidado en el suelo, me tomó el pulso y me tocó la frente, estaba ardiendo. Encontró entonces la jeringa bajo la cama y volvió a donde estaba Jon - ¿cuánto le has puesto? ¿¡¿¡MALDITO HIJO DE PUTA CUANTO LE HAS PUESTO?!?! – le gritó sacudiéndole cogido de la camisa al ver que no contestaba.
- Ha tomado lo mismo que yo, no se ha dejado nada, ha sido muy buena.
- Pero ¡animal! ¡¡Ella no ha tomado nunca y pesa 15 ó 20 kg menos que tú!!
Volvió a donde yo estaba, pero no podía hablar, ni moverme, me abrió los párpados para mirarme las pupilas, le miré a los ojos, sólo eso. Salió fuera de la habitación, oía sus pasos retumbar en mis oídos. Volvió con dos jeringas, me inyectó una y otra a Jon, luego volvió a mi y de rodillas delante de mi me acunó, de nuevo, en sus brazos.
- Háblame peque, háblame… reacciona, por favor – me dijo mientras me limpiaba la carita con una toalla húmeda.
- Lu… Lukas, tengo frío – alcancé a susurrar; me tiritaba la barbilla.
- Tranquila, tranquila, estoy aquí. No hagas por moverte – me subió a la cama y me dejó con cuidado estirada, tapándome con su chaqueta - voy a ver como va Jon.
Jon respondió más rápido. Lukas comenzó a gritarle, lo oía tan fuerte que creía que la cabeza me iba a estallar.
- No grites hermano me van a reventar los oídos y seguro que a ella también – dijo Jon.
- Eres un inconsciente… podrías haberla… haberla… ¡Dios! ¡DIOOSSS!! – no se atrevía a decirlo, le dio un golpe a la pared - ¡me dijiste que lo habías dejado!… ¡Bah! No vales la pena. – dijo mientras volvía a por mi.
- Silvia…
- No… no grites por favor – le rogué aún con los ojos cerrados.
- Lo siento, tienes razón, lo siento – me dijo muy flojito.
Salió de la habitación y volvió con ropa doblada. Comenzó entonces a quitarme la ropa manchada y a lavarme con la toalla húmeda. Me vistió otra vez con la ropa limpia. Jon no dejaba de mirar la escena, como Lukas me desnudaba para volver a vestirme luego. Giré la cabeza y nuestras miradas se cruzaron, le estaba gustando verme desnuda, me sonreía, un su mirada podía leer un “te he jodido bien”.
- No te voy a dejar sola un instante, a partir de ahora te vendrás conmigo a todas partes – me sentó entonces, poniéndome una manta sobre los hombros.
Me cogió, entonces, y me puso a horcajadas delante de él, puso una de sus manos en mi culo y la otra en mi espalda. Rodee con mis brazos su cuello y puse mi cabeza en su hombro. Me metió en el coche, en el asiento de atrás:
- Tengo frío y me molesta mucho la luz.
- Sí, sí, lo sé, tranquila, cierra los ojos.
Me vendó los ojos de la misma forma que lo hizo cuando llegamos a ese lugar. También me puso unos tapones de espuma en los oídos:
- Lukas los oídos también no por favor – le susurré.
- El ruido del motor y del asfalto bajo el coche te volverán loca.
Me ayudó a ponerme de lado, con la cabeza apoyada en un jersey doblado, tapada con la manta. Pasaron un par de horas cuando paramos en algún lugar. Sentí sus grandes manos en mi carita y me sobresalté.
- Ssssshhh, soy yo – me dijo mientras me quitaba los tapones – ¿me oyes bien?
- Sí… - estaba un poco aturdida.
- Te ha bajado la fiebre pero sigues teniendo algo. ¡¡En menudo lío te has metido tu sola!! - me dijo casi gritándome mientras me quitaba la venda de los ojos - pero ¿cómo has podido tener esa idea tan genial? Si no llego a llegar a tiempo… me he pegado un susto de muerte – bajó el tono – pensé que te perdía peque, Jon no habría dudado ni un instante en dejarte morir.
- Lo sé, yo también me he asustado mucho – le dije mientras le abrazaba y no podía reprimir un par de lágrimas.
- Cuando me levanté, bajé y me dijeron riéndose lo sucedido y que ya Jon había ido a darte un susto… creí que…
- ¿Qué?
- No podía respirar. ¿Estás bien?
- Sí, sí, ahora sí – me estaba quedando bloqueada con todo lo que me estaba contando, no podía procesar.
- Vale, vale, mira te diré lo que haremos – se miró el reloj - tengo que pincharte el antibiótico ahora, intenta dormir tumbada aquí y descansa. Nos queda aún un rato de camino.
Me puso el antibiótico y se volvió al asiento de delante, enchufó un GPS. Entre el cansancio, lo que quedaba del chute en mi sangre, la medicina, la seguridad de estar con Lukas cerca, el movimiento del coche, me quedé dormida enseguida mirando como rompían las gotas de lluvia en el cristal.
- Silvia, despierta, voy a comprar algo de comer, ¿qué quieres tú?
- Mmmm… es de noche ya…
- Sí, has dormido mucho rato, eso es bueno.
- De comer? Pues no sé. Necesito estirar las piernas, necesito ir al baño.
- Vale, vale. ¿Crees que te despejarás pronto? Necesito que me hables en el último tramo, estoy muy cansado ya y queda poco para llegar, ¿necesitarás un café? ¿Un RedBull?
- Mmm, un café mejor – le dije.
- Sí, sólo necesito verte la carita.
- Si, si, coge otro para ti, tendrías que ver la tuya.
Me sonrió cálidamente y bajamos del coche.
- ¿Dónde estamos? – pregunté, mientras cruzaba las manos bajo el pecho, hacía mucho frío.
- Francia, no debes saber más – dijo mientras se peinaba con los dedos y luego se frotaba la cara.
- Vale, no preguntaré más.
- Te acompaño, tengo que lavarme la cara, luego volvemos al coche, te cierras dentro y esperas a que vuelva. Y por si se te ocurre irte… es un barrio de mala muerte, créeme, estarás mejor dentro del coche.
Así hicimos. Tenía todos los músculos entumecidos. Me senté en el asiento del copiloto a esperarle, con los seguros cerrados, como me había dicho. Me estiré un poco, mientras observaba a otros coches llegar e irse de la gasolinera. Volvió con una bolsa la gasolinera.
- Te he traído un sándwich, no sé cual te gusta, así que he comprado de dos tipos que me gustan a mi, seguro que a ti te gustará uno de los dos – me dijo.
- A ver… tengo tanta hambre que me da igual.
- ¡Vale! Como vienen dos pedazos en cada paquete intercambiamos
- Vale – empecé a comer, tenía bastante hambre ya -. No oíste jamás esa contra - publicidad que era una rata que decía: “Tienes madre? A la mía se la comieron en uno de estos” ¡jaja!
- ¡Jajaja! No, no lo sabía, no me extrañaría nada… tienes mayonesa – me dijo señalándome el labio.
- ¿Ah sí? ¿Seguro que no es mostaza?
- Es cierto, déjame probar – nos acercamos y nos besamos.
- ¿Era mayonesa?
- No, no tenías nada.
- ¡Jajaja! Valeee – le dije un poco sonrojada.
- Venga, vámonos ya, que se hace tarde – dijo sonriendo.
- ¿Queda mucho?
- No, un poco, una hora, tal vez dos…
- Bonito Mercedes… nunca me había montado en ninguno.
- ¿No? mira, siempre hay una primera vez para todo.
- Sí, no me habían secuestrado nunca tampoco. ¿Qué modelo es? – dije volviendo al tema, más cómodo, de los coches.
- CLK 64 AMG.
- CLK 64 AMG, intentaré recordarlo, no sé mucho de coches.
- A mi me gustan bastante. Siempre te podré asesorar.
- Mira, como no creo que en toda mi vida me pueda permitir un carro como este.
- Jajaja, ¿juegas a la quiniela?
- He dicho que no creo que en toda mi vida me pueda permitir un carro como este, ¡jaja!
- Jaja, vale, vale.
Estuvimos hablando todo lo que quedaba de camino hablando:
- ¿Por qué te has metido en este lío? – me preguntó.
- ¿En el caso? Eso me pregunto yo… escribí algunos trabajos de seguridad informática, al profesor le gustaron…
- Pero él no se atrevía, ¿verdad?
- Eso creo ahora. Lo puse en práctica una vez en una exposición en mitad de clase… el profe me dijo que muy buen ejemplo, le dije que no era un ejemplo, que en dos minutos había conseguido colarme en no sé donde y era una conversación real a tiempo real. Se puso tan nervioso que me desconectó el portátil y empezó a gritarme.
- ¡¡Jajaja!! ¡¡Me hubiera encantado ver la cara de tu profesor!!
- Sí, je! – luego me llamó el Decano y me comieron un poco la cabeza, al final vine. ¿Y tú?
- ¿Yo qué?
- Tú, esto, ya sabes.
- Ya… mira prefiero no hablar de eso, además sé que no te creerás nada si te digo que no es gratuito.
- Sé al menos, que no eres como Jon.
- Tal vez… eres una chica muy lista.
- No te digo que no, pero va todo tan deprisa que no puedo procesar.
- Quédate con lo que hago, con los pequeños detalles y no con lo que digo.
Llegamos, me puso su chaqueta, hace mucho frío fuera y dentro del coche se estaba caliente. Subimos unas escaleras, sacó una llave y entramos. El piso estaba patas arriba. Volvió a cerrar la llave con doble vuelta y se la guardó en los tejanos.
- Me gustaría poder traerte a un sitio mejor, no te mereces esto, peeeero…
- No, no pasa nada.
- Por la noche hace mucho frío aquí, dúchate primero, no sé cuanta agua caliente hay, pero déjame algo, ¿eh? Mientras prepararé la cama.
- Vale.
Me duché rapidísimo y me metí en la cama de cabeza. Lukas tenía una tos muy fea.
- Creo que me estoy resfriando Silvia.
- Jaja, el chico duro abatido por un resfriado. Ven tienes mala cara.
- Mañana estaré como nuevo, me recupero pronto.
- Sí, bueno, ya veremos.
Tenía fiebre. En mi bolso tenía gelocatiles, se tomó uno y nos fuimos a la cama. Allí le abracé, abrí mi camisa y la suya para tener piel con piel. Me puse a horcajadas sobre él, con mi cabeza en su hombro.
- Silvia, así no me va a bajar la fiebre, ¿sabes?
- No, es verdad, pero mañana te vas a levantar como nuevo.
Empecé a deslizarle los boxers, estaba muy excitado, también me deshice de mis braguitas. Bajé bajo el edredón, buceando sobre su piel. Cuando me la metí en la boca, oí un suspiro, buena indicación de que eso le gustaba. Seguí jugando con su polla, los gemidos y jadeos me indicaban que iba por buen camino. Mis manos también comenzaron a jugar con el resto de su anatomía, a veces saltaba al interior de sus muslos y los acariciaba.
Volví a subir por su piel, me senté a horcajadas sobre él, sujetando su polla con mi mano derecha, con la izquierda sujetaba mi peso. Comencé a penetrarme, despacio, cerré los ojos para sentirlo.
- No, no, no cierres tus ojos Silvia, mírame, me encantan tus ojos verdes, quiero mirarlos mientras me notas entrar dentro de ti.
Hice lo mismo, mirando sus ojos oscuros. Entreabrí la boca, sujetó mi nuca para besarme. Comencé a moverme sobre él, pecho con pecho, mientras nos fundíamos en lubricados y húmedos besos, lo hacía con suavidad, me notaba débil, demasiada química por mis venas. Sentía mis pezones duros por la excitación rozarse con el pecho de Lukas. Lo bueno de la postura es que controlaba el ritmo, la estimulación sobre el clítoris con el cuerpo y el vello de Lukas y la profundidad. Estábamos cansados, así que me rendí a la primera vez que mi cuerpo me indicó que llegaba el momento. Le gemí en el oído despacito y susurré su nombre “Lukas”. Tenía sus manos en mis nalgas, me indicaba ahora como debía moverme, había sentido un orgasmo muy intenso, la cantidad de mis fluidos había aumentado, no negaba la posibilidad de correrme de nuevo. Levanté la espalda, tenía mucho calor, quedé sentada sobre él, con la espalda recta, movía mi cintura al ritmo que marcaban sus manos en mis nalgas, era bastante rápido, follábamos en el amplio sentido de la palabra, como dos animales. Comencé a acariciar mis pechos y me corrí de nuevo, no pude evitar gritar, retorciéndome del placer, él también se corrió entre resoplidos. Volví a sentir como me llenaba, desnuda e indefensa de nuevo me hacía suya. Caí sobre él quedando abrazados con las respiraciones agitadas. Me acariciaba el pelo.
- Mi pequeña y dulce Silvia – susurró y me besó en la frente.
Su respiración se volvió más pesada, le había vencido el sueño. Me tumbé despacio a su lado, le tapé bien y me acurruqué a su lado. [Llévame al siguiente capítulo]




















Me encanta lo que escribes, en serio. No es peloteo, te digo en serio que me gusta. Besos y sandwich de mostaza