Lukas 2.1

Minah | Lukas | Friday, 10 August 2007

ChicoJajaja, en serio, que descontrol, no sé como clasificar los capítulos y los relatos que contiene cada uno. Al final, como buena informática que soy, he decidido ponerle esa clasificación :D Ya está aquí, el segundo capítulo! Si el primero os pareció tenso, esperad al segundo! ains madre, cómo puedo ser TAN retorcida :P

De nuevo, toma de contacto con los nuevos personajes, escenarios, situaciones,… os dejo los dos primeros relatos. Agárrense, que vienen curvas ;)

Mientras Lukas se quedaba abrazándome en un mar de lágrimas, Jon consiguió escapar. Para ello tuvo que herir gravemente a dos polis y arrastrarse por el suelo hasta que consiguió ponerse tras un coche y aprovechando la caótica situación. A Lukas lo trincaron en aquel mismo lugar y a pesar de su rendición completa, de estar desarmado y estar solo, le golpearon duramente.

- Maldito cabrón, se pensaba que iba a enternecernos la escenita – gritó un poli mientras le obligaba a soltarme y le daba una patada mientras él estaba en el suelo.
- La has matado tu, piénsalo mientras te pudres en la cárcel – le dijo otro mientras le daba una patada en la barbilla.

Presencié toda la escena, atónita, los segundos parecían horas, un hilo de voz salía de mi garganta pero nadie lo escuchaba, tenía una bala en un pulmón, sólo rogaba que parasen, entre leves tosidos, hasta que me quedaron fuerzas. Antes de cerrar los ojos, pude ver los de Lukas, que me miraba fijamente.

- ¿Te pone verla así eh cabrón? No la mires más, mírame las botas para ver a donde te van a ir los golpes.
- Cabronazo – dijo Lukas entre tosidos.

Jon corría calle abajo sin mirar atrás, tenía la pistola en la mano aún, giro en una esquina y siguió corriendo hasta el piso donde estuvimos Lukas y yo hacía tan solo unos minutos. Allí llamó por teléfono para pedir ayuda, metió todo el dinero y las pipas en una de las mochilas mientras hablaba para si mismo:

- Los cargadores, la munición, el dinero, las pipas, la documentación… ¡¡MIERDA Y LA DOCUMENTACIÓN!! Lukas que mamón de mierda eres como te has dejado trincar así, haberla dejado allí a la muy puta.

Una chica entró corriendo al piso, jadeando, tenía el pelo largo, liso, ojos azules y delgada.

- Mara – dijo Jon.
- ¿Qué ha pasado? ¡Estaba por aquí cerca y me llamaron para que viniera a por ti urgentemente!
- Que han trincado a Lukas tenemos que irnos corriendo, tienes el coche abajo?
- ¿¡¿¡A Lukas?!?! Pero ¿¡¿¡qué ha pasado?!?! Sí, tengo el coche abajo.
- Te lo cuento por el camino, ayúdame, coge las pipas que quedan.

Bajaron corriendo y salieron casi derrapando.

- Hostias Mara, ¡qué ganas tenía de verte jodía!
- Sí, llegué ayer de Marruecos – dijo sin quitar los ojos de la carretera.
- Lukas se ha vuelto loco, pues no se ha enamorado de la poli esa, pero como un colegial,… bueno, ni siquiera es poli, es una estudiante que se cree algo, menuda zorra, pero que buena estaba.
- ¡¡Jon!! – le dijo Mara.
- Tía, las cosas como son, pero no te enfades mujer, sólo tengo ojitos para ti.
- Bueno, bueno, ya hablaremos luego tú y yo. Tenemos que pensar en como sacar a Lukas, sabes que sin él se nos va una pieza muy importante, además tenemos que vengarnos a lo grande, tenemos tiempo mientras lo procesan.
- Sí, tenemos que planearlo bien, tenemos que enterarnos quienes son los que están con él. ¿Y qué le has traído a tu Jon desde Marruecos? ¿Eh?
- Que vicioso que eres, pues estuve en los campos de cultivo de Ketama y vine cargadita, las armas son la mejor moneda de cambio.
- Tía eres la hostia – dijo Jon.
- Métete en el bosque, ya sabes donde, necesito satisfacer mis dos necesidades principales, tendrías que ver como gemía la otra, sólo me quedaba acordarme de ti.
- Jaja, claro – dijo Mara.

Mara detuvo su camino como Jon le había indicado. Puso primera, freno de mano y paró el motor. Se inclinó para chupársela a Jon, que hizo un gesto de relax, apoyando la cabeza en el reposa cabezas mientras gemía.

- Cómo te he echado de menos Mara, cuanto tiempo – le dijo mientras apartaba su pelo de la cara y poder ver su polla introducirse en la boca de Mara – ¡uf! tía, hoy mejor brevedad que hace mucho tiempo que no me corro y no quiero acabar sin metértela.

Mara se incorporó sonriendo.

- Que vicioso que eres cabrón.
- Claro que sí y tú no, ¿verdad? Venga, ponte encima de mis rodillas que tu papi te va a contar un cuento.

Ella comenzó a cabalgarle, estaba empapada y eso extasiaba a Jon. Él se corrió antes y ella se dio prisa para poder terminar también antes de que le bajara la erección a Jon.

- ¡Uf! por poco no tengo tiempo de terminar.
- Lo siento tía, estaba muy cachondo, has podido terminar bien, ¿no?
- Sí, pero por los pelos.
- Venga, pásame el bolso que voy a liar un canuto y nos lo fumamos mientras llegamos.

Lukas pasó la noche en la enfermería del cuartel. Dos costillas rotas y el brazo izquierdo también, el labio y el pómulo partido, arañazos por todo el cuerpo, no conseguía dormir, sólo pensaba en como estaría Silvia, y si había conseguido sobrevivir, le importaba bien poco lo demás. Lo apalearon y torturaron hasta que declaró por cosas que incluso no había hecho. Cuando apagaron las luces se quedó llorando, en silencio, ¿cómo había podido poner en peligro la vida de su niña así? ¿cómo no se había dado cuenta de que todo era una trampa? Sólo sentía el amargo sabor de pensar que posiblemente ella ya no estuviera, que su cuerpecito ya no respirara y sus ojos no se abrieran más … le pudo el cansancio.

Silvia no estaba mucho mejor, descansaba en la UCI del Hospital General, su vida corría peligro. Llena de tubitos por todas partes, con los periodistas pegados a la puerta y los forenses tomando aún las últimas muestras y haciendo las últimas fotos.

Los análisis y fotos se filtraron pronto a la prensa: “Joven estudiante violada y drogada mientras duró su secuestro”. Lukas recibió de nuevo cuando salió ese titular, esta vez fueron cuidadosos en no dejar marcas visibles, la prensa sabía que la poli se había visto “obligada” a reducirlo, a pesar de no llevar armas y de rendirse, por eso no debían aparecer nuevas heridas.

Jon, con algunos más, consiguieron reconocer a algunos de los policías que custodiaban o podían dar información, durante varios días estuvieron preparando diversas amenazas, hasta que encontraron varios puntos débiles. Llevaron a Lukas a declarar ante el juez, la idea es que el furgón sin ventanas donde él iba entrara por un pasillo, y así tener que recorrer el menor espacio posible a pie hasta dentro del edificio, pero el policía que se encargaba de darles paso, previa extorsión, les dijo que no podían pasar, que había problemas con el pivote de metal, estaban pendiente de arreglarlo, desde la noche anterior que no bajaba. Los policías bajaron del furgón, otros se encargaron de mantener a varios periodistas a raya, abrieron las puertas traseras y le indicaron que bajara, Lukas miró la calle, enseguida reconoció dos coches aparcados, de uno salió Jon y otro tipo, en ese momento, y del otro dos tipos más. Lukas sonrió:

- Cabrones…
- ¿Qué has dicho? – dijo uno de los policías.
- … – no dijo nada, siguió sonriendo.
- ¡Camina!
- Mira, es que no me apetece caminar ahora mismo – miró fijamente al policía, con su sonrisa prepotente.

El poli le dio un empujón y Lukas avanzó un paso entonces, pero siguió parado. Otro empujón y así, hasta que el policía perdió la paciencia.

- Vamos Ricardo, ayúdame – mientras lo cogía del brazo y tiraba de él.
- Dentro te vas a enterar cabrón – dijo el tal Ricardo.

Entonces Lukas se sentó en el suelo, con las piernas cruzadas, dejándose el peso muerto, armando el espectáculo. En ese momento Jon y los demás, saltaron el cordón policial, apuntaron a dos polis directamente a la cabeza. Al verlo otro policía sacó su arma y apuntó a Lukas en la cabeza, desde arriba. Entonces salió Mara, de un coche con una niña, no más de 6 años:

- ¡EH! ¡EL DE LA PISTOLA! MARTITA QUIERE QUE LA LLEVEMOS NOSOTROS AL COLE ESTA TARDE, PERO NOSOTROS QUEREMOS IR A OTRO SITIO.

Entonces Lukas se puso en pie, sonrió al poli que le apuntaba y se fue corriendo a uno de los coches, los otros cogieron a uno de los policías de rehén y dejaron lentamente a los demás sin dejar de apuntarles.

Les salió genial la jugada, casi no hubo bajas y Lukas se montó en el asiento trasero, junto con el poli rehén y el otro hombre que apuntaba a éste. Dejaron al policía y a la niña en un camino medio abandonado. Lukas no habló en todo el trayecto, con las esposas puestas, sólo miraba por la ventana, Jon que lo vio intentó animarle:

- ¡Lukas hermano!
- Sabes Jon que no somos hermanos.
- ¡Hermanos de leche coño! Ya eres libre y ya aprovecho para decirte, que esa amiga tuya, te la tienes que quitar de la cabeza.

Lukas era hijo de buena familia, pudiente, terminó psicología siendo el primero de su promoción, conocía muy bien a las personas, de ahí su cualidad de liderazgo. Era muy inteligente, a contrario de Jon, una cabeza loca, un mulo de carga, en realidad eran primos, la tía de Lukas, madre de Jon, murió poco después de tenerlo y la madre de Lukas se encargó del hijo de su hermana a medida que su cuñado se lo permitía y lo cuidó como a su propio hijo. Jon era mayor que Lukas 3 años.

- ¿Sabéis como está? – preguntó Lukas
- Pues está en el Hospital General y sobrevive, tuvo mucha suerte. Ha perdido un riñón.
- Sí, sí que la tuvo – dijo Mara
- ¿Quién está de escolta en la puerta de su habitación?
- Un tal Mendoza.
- ¿Mendoza García, Antonio? – volvió a preguntar Lukas
- Sí, pero ¿qué estás tramando? No pensarás en ir a verla, ¿no? – preguntó Jon
- ¿Sigue dejándose sobornar? – ignorando a Jon.
- ¡¡Es una locura!! Ni lo pienses – dijo Mara – si te pillan de nuevo ya no podremos ir a rescatarte.
- Me da igual, correré ese riesgo.
- Ya hablaremos de eso luego hermano, no sabes lo que dices.

Llegaron a un piso, ahí liberaron a Lukas de las esposas, con una enorme cizalla, que las rompieron como si fueran de papel. Pudo recuperarse un poco, descansar y pensar, durmió poco mientras pensaba una y otra vez que podía hacer.

A la mañana siguiente ideó un plan para poder ver a Silvia, habló con Mara, necesitaría ayuda para conseguirlo y sabía que Mara sería más fácil de convencer, le contaría la historia y que ella convencería a Jon seguro. Hablaron con Mendoza pasada una semana, fue fácil de sobornar, quedaron en que dejaría su puesto 5 minutos durante la noche, que sólo había un guardia sin contar los de la puerta del hospital. Mendoza también le facilitó una tarjeta para poder entrar por la puerta del personal y así no cruzarse con los polis de la puerta. También quedaron que él avisaría a Lukas, cuando algún familiar o amigo de Silvia, la dejaran sola con una llamada perdida..

Los minutos se le hicieron eternos en la sala de espera, se había dejado perilla durante esos días, iba con un chándal, zapatillas de deporte y gorra. Pudo colarse en la habitación de Silvia mientras la madre de esta bajaba a la cafetería a buscar un café. Mendoza le hizo una llamada perdida al móvil. A Lukas se le salió el corazón del pecho al oír la llamada de Mendoza, metió su mano en la chaqueta para comprobar que llevaba la pistola bien puesta, cogió la mochila y comenzó a buscar la habitación de Silvia. Entró por la puerta, ni un alma, se desmoronó cuando la vio, tumbada, varios tubos salían de su cuerpo, los que podía ver en su mano y en su cara y los que salían de bajo las sábanas. Aún así estaba preciosa, dormida, como él la recordaba, con su carita dulce ladeada y rodeada de varias máquinas.

- Silvia… ¿puedes oírme peque? … aguanta por favor, lo estás haciendo muy bien, tienes que ser muy fuerte y salir de esta – me dijo mientras besaba mi frente y unas lágrimas resbalaban por sus labios – te quiero… no lo olvides.

En ese momento la madre de Silvia volvió, había olvidado el monedero, cuando abrió la puerta y vio a Lukas en la habitación se puso a chillar como una histérica:

- ¡¡AYUDAAAA, AYUDENMEEEE POR FAVOR, HA VUELTO PARA MATAR A MI HIJAAAA!!
- Señora por favor, cállese, no grite, no quiero hacerle daño – le dijo Lukas poniendo las manos en alto y hablando flojo, en un intento que se calmara.
- Lukas… ¿eres tú? – me despertaron los gritos, sobresaltada. Me despertaron a mi y a todo el hospital.
- Peque… sí, sí que soy yo, tranquila ya estoy aquí – se dibujó una sonrisa enorme en la carita de Lukas.
- AYUDAAA POR FAVOOOOR – salió la madre gritando despavorida.
- Es peligroso que estés aquí Lukas. No te la juegues así. ¿Qué te han hecho? – le dije al recuperar la vista clara.
- Nada, se enfadaron un poco conmigo pero estoy mejor, Jon y su novia me sacaron.
- Lukas… – dije mientras intentaba incorporarme.
- Ssshh, ssshhh no te muevas, piensa en recuperarte, sólo en eso, te buscaré cuando estés mejor, pero para eso tienes que ponerte bien. Aunque no me veas estaré cuidando de ti. Y me da igual correr peligro, valía la pena por ver de nuevo esos ojitos verdes – me dio un besito y consiguió escapar por la ventana de la habitación, mientras oía gritos por el pasillo, mi madre con esfuerzo, gritos y perseverancia había conseguido que llegaran hasta los geos.
- Me quedé con la mirada empañada, intenté disimular cuando llegó la policía.
- ¿Qué quería? – me gritó el poli.
- No lo sé, me ha dicho que las cosas no iban a quedar así y se ha ido – tampoco estaba mintiendo con esa respuesta.
- ¿Pero no te ha hecho nada verdad?
- No, no, estoy bien, se asustó y salió por la ventana.
- Y Mendoza, ¡¡MENDOZAAAAA PORQUE NO ESTABA CUBRIENDO SU PUESTO!! – grito el sargento.

Por suerte los médicos consiguieron hacer callar a esos verduleros, mi pobre madre casi con un susto que por poco se muere, le tuvieron que suministrar un sedante. Y yo con el corazón a 100, cuando me quedé sola, pude llorar hasta quedarme dormida.

Mara y Jon, esperaban a Lukas en un coche negro, consiguieron escapar aprovechando la calma de la noche.

Al llegar de nuevo al piso, aún duraban las risas por la aventura vivida, Mara y Jon se encerraron en la habitación. Lukas intentó escuchar música, pero su “hermano” y su novia se habían empeñado en tirar el edificio con buenas dosis de sexo apasionado, no pudo evitar sentir envidia sana y echar de menos un poco más a Silvia. Escuchando a Mara, recordó a Silvia e intento masturbarse con el recuerdo del olor del pelo de Silvia o su dulzura por las mañanas, le hizo el amor como nunca, como siempre, intentando planear un encuentro imaginario.

2.-

Habían pasado 6 meses desde el encuentro con Lukas, me licencié al salir del hospital con unas notazas en el expediente, el informe de lo sucedido era lo único que me quedaba para terminar. Quise distanciarme un poco de todo, aproveché una beca para viajar a Estados Unidos ese verano y terminar unos cursos. Allí podría estar tranquila, sin escoltas, sin amenazas, una estudiante más anónima, pero al llegar septiembre volví a casa, aunque ahí pasé poco tiempo, demasiados recuerdos, además mis padres querían mudarse y yo aproveché para irme a vivir a Barcelona una temporada. Aún así me pusieron escolta permanente.

No sabía nada de Lukas, intenté buscarlo mientras estaba en Estados Unidos, pero fue imposible, al menos una dirección de mail o un teléfono móvil, él sabía el mío y no entendía porque no me llamaba. Aunque mi corazón no quería, mi mente se obligaba a olvidarle cada día que pasaba sin noticias suyas. Intentaba pensar en otras cosas cuando me invadía su recuerdo. Sabía que estaba bien y libre, en el caso contrario lo habría leído en el periódico o visto en las noticias, no entendía de su silencio.

Mario, así se llamaba uno de mis escoltas, era muy pesado, no entendía hasta donde podía llegar, todas las mañanas a las 8:30 llegaba a casa para emprender la jornada. Mi vida se centraba en ir a la universidad, estaba haciendo un curso puente para comenzar otra carrera, tenía una buena indemnización por las heridas sufridas e iba a aprovecharla todo lo posible antes de buscarme un empleo.

- ¡Pero que guapísima estás esta mañana Silvia!
- Gracias Mario, por favor, - le dije mientras terminaba de arreglarme en el baño - ya que entras a mi cocina, como todos los días, con todo el morro del mundo haz el favor de volver a dejar la leche en la nevera y todo como lo has encontrado.
- Pero para eso estás tu mujer.

Ufff, es que me hervía la sangre cada vez que lo escuchaba y todos los días lo mismo, había intentado que me lo cambiaran pero que me lo quedaba una semana más, de todos modos puse una excusa tonta, no quería que el pobre chico perdiera su empleo. Nos montamos en mi coche y puso su mano en mi rodilla, detalle que no me gustó ni un pelo. Respiré hondo y le dije que con su mano ahí no podía conducir.

Pero como las cosas siempre pueden empeorar los últimos 3 días me lo pusieron de turno de tarde. La última noche:

- Bueno guapa, esta es nuestra última noche me dijo mientras me acompañaba al portal.
- Sí, eso parece – dije sin mucho interés.
- ¿Y no me vas a dar un besito de despedida?
- Sí, claro, luego te daré dos besos.
- No, no hablo de esos besos. Encima que te protejo de los malos, a saber que te haría el Lukas ese si volviera, aunque a mi no me engañas, seguro que eres una cachonda y te gustó estar con él y lo que te hizo.
- ¿Cómo? – pregunté atónita.
- Ya me contarás, llevo tirándote los tejos desde hace semanas y pasas de mi, a ti lo que te va es que te metan caña – me contestó – ojalá pudiera matar a ese hijo de la gran puta, seguro que me ascenderían.
- Gracias, pero puedo llegar sola, te puedes marchar – dije mientras se me empañaban los ojos.
- No lo entiendes nena, quiero mi beso de despedida – mientras me cogía del brazo.
- ¡Suéltame, me haces daño!!
- Seguro que ni la mitad de lo que te hicieron, esto para ti no es nada.
- ¡¡Qué me sueltes!! – le dije mientras le daba un bofetón.
- Uiiii uiiiii que la fierecilla se nos está desbocando – me dijo mientras me daba un empujón que me tiraba al suelo – ¡ni se te ocurra volver a levantarme la mano! – dijo moviendo su dedo índice en alto, fuera de si.

Al lado de mi casa había un jardincito, me tiró allí. Sacó una navaja y me la puso en la barbilla:

- Mira guapita de cara, relájate y sé buena, mañana por la mañana vendrá un amigo mío a ocupar mi lugar de escolta y si se te ocurre decir ni una palabra de esto, él te hará lo mismo, ¿lo entiendes?
- No me hagas daño por favor.
- ¡Date la vuelta y apóyate contra esa pared! ¡Venga arriba! Que tonta, con lo fácil que hubiera sido esto en tu piso y tu un poco más receptiva – me dijo mientras me arrancaba la camiseta y las bragas por debajo de la falda y comenzaba a rozar su polla contra mi culo a través de la ropa.
- Por favor… – dije al sentirle.
- Tranquila, que jugando por detrás no te quedas embarazada.

Cerré los ojos y apreté los labios. Comenzó a subirme la falda y a acariciarme el culo con su mano, sentí sus dedos avanzando camino y acariciarme.

- Deja de tocarla, lo que sientes en la nuca es una pistola con silenciador, no voy a dudar ni un instante en reventarte la cabeza y a esta distancia no dudes que lo haré – dijo una voz conocida.
- Tranquilo tío.
- No, yo no estoy nervioso ¿y tú? – dijo mientras cogía la navaja del escolta.
- Sí, sí, pero tranquilo tío.
- Date la vuelta. La chica no quiere nada contigo, ¿por qué insistes? Coge la camiseta que le has roto a la chica y métetela en la boca (así lo hizo). ¿Qué pasa que te pica la polla? – bajó el arma y le disparó en la entrepierna – ¿y ahora? ¿Te pica menos? – le preguntó retóricamente mientras el escolta caía de rodillas al suelo – mira, mañana por la mañana vendrá otro escolta, más vale que no sepa nada de esto si no quieres que le haga lo mismo a otra parte de tu anatomía, ¿entendido?
- ….
- Genial, quien calla otorga. Y como oiga un grito en lo que tardemos en llegar al coche, vuelvo y ¡¡te cierro la boca!!

Me había quedado casi en la misma posición, sólo había bajado mi falda y estaba con las rodillas flexionadas apoyada en la pared, temblando.

- Venga, tranquila – me dijo mientras me ponía su chaqueta sobre los hombros y me ayudaba a levantarme.
- … – no me atrevía a mirarle, estaba muy asustada, no había podido evitar gritar al oír el silbido del disparo, mientras me ponía las manos en los oídos..

Cogió mi bolso, las llaves de mi coche y lo abrió con el mando. Me puso la mano en la espalda y me animó a caminar. Abriéndome la puerta del copiloto me invitó a sentarme y él ocupó el lugar del piloto.

- Pensaba que te alegrarías más de verme Silvia – dijo mientras emprendía la marcha.
- … – sólo me sujetaba la muñeca, me dolía mucho, había caído sobre ella y no conseguía oír nada, aún me duraba el susto.

Paramos, aparcó el coche en una calle poco transitada y nos montamos en otro.

- Déjame ver la muñeca, venga – me dijo mientras me cogía el brazo, comenzó a presionar fuerte con los pulgares sobre ella – no está rota, parece que es sólo una torcedura – sacó el telf móvil y llamó – ¿Hola? Sí mira, al final se ha complicado la cosa, ¿hay vendas para una muñeca y algo para las torceduras? Bueno, si no hay baja un instante y compra, estoy al llegar. Hasta ahora – colgó – Silvia, mírame a los ojos.
- Lukas… – le dije mientras me tiraba a abrazarle.
- Estás guapísima Silvia, te he echado tanto de menos, todos los días, a todas horas, ¿más tranquila?
- Sí, sí.
- Menudos escoltas de pacotilla te han puesto, suerte que ha llegado el jefe, ¿eh?
- Sí – le dije mientras rompía a llorar – pensaba que no volvería a verte ya.
- Te dije que te buscaría, ¿recuerdas? – me dijo llorando.
- No te había reconocido por la barba, ¿además esa nariz?
- ¡Ah! Es de pega, por eso mi voz suena tan rara, espera que me la quito, la barba me la afeito al llegar – dijo sonriendo – ¿ahora?
- Sí, mejor.
- Venga, no perdamos más tiempo, te llevo al piso donde estoy y te vendo esa muñeca se te está hinchando mucho.
- Vale, sí, me duele un poco. Sólo sé meterme en líos – le dije mientras rompía a llorar.
- Ui ui, no no, no llores venga, no digas tonterías, ¿estás cansada verdad?
- Síiii, mucho, intento ser fuerte pero desde que pasó todo aquello que estoy intranquila y tú tanto tiempo sin aparecer, y…
- Vengaaaa, ains, tengo que contarte tantas cosas y tú también que contarme a mi, pero para eso habrá tiempo, ahora estoy aquí, ¿vale? Y no me pienso mover. Dame un último abrazo y nos ponemos en marcha – me lo dio poniendo sus palmas de las manos en mi espalda y acariciándola - mejor?
- Sí.
- Perfecto. Creo que con esa carita que me pones conseguirías hacer conmigo lo que quisieras.

Nos pusimos en camino, las noches comenzaban a ser frías. Me quedé adormilada, estaba agotada por la tensión, me desperté cuando paró el coche.

- Ya hemos llegado. Compramos hielo en ese chino y subimos, el piso está justo en el portal de al lado.
- Vale – dije mientras me desperezaba y me frotaba los ojos.

Al salir me rodeo los hombros con su brazo, compramos el hielo y subimos. En el pomo de la puerta una bolsa con pomada y una venda, Jon por lo visto estaba con Mara en el piso de al lado. El piso estaba mucho mejor que el anterior, era un poco viejo, pero estaba todo limpio y era de agradecer. Lukas me preparó un baño con agua calentita mientras me quitaba la ropa. Una vez estuve desnuda hizo con mi pelo una coleta entre sus manos y comenzó a besarme la nuca y los hombros. Me ayudó a sentarme en la bañera y me enjabonó largo rato la espalda. Cogía agua con la esponja y la espachurraba con su mano en mis hombros, dejando caer el agua por mi espalda. Mientras, yo intentaba mantener mi muñeca fuera del agua, rodeada por la bolsa de hielo. Cuando terminó me secó con cuidado y rodeada con la toalla me llevó a la habitación en brazos. Allí me dio un masaje con pomada y me vendó la muñeca. Me trajo un colacao templadito con 4 galletas, y lo mismo para él, cuando volvió de dejar la bandeja, me había quedado dormida desnuda sobre la cama.

- Descansa tranquila – dijo mientras me tapaba y me besaba la frente.

Inédito en mi, dormida antes de las 11, pero demasiadas emociones fuertes juntas, me habían dejado agotada, sumado a que por fin estaba con Lukas, por fin mi mente me dejó descansar.

Eran las 5 AM o así, cuando empecé a tener el sueño más ligero, llamé incluso a Lukas, pero no obtuve respuesta. De pronto sentí sus manos separando mis muslos, y posteriormente sentí besos en el interior de ellos. Besos que bajaban, pero antes de llegar volvían a subir y así comenzó a torturarme lentamente. Estaba con un sueño tan pesado que no conseguía despertarme del todo, de todos modos tampoco quería. Cuando atrapó mi clítoris entre sus labios, gemí profundamente. Separé y levanté las rodillas para facilitarle la tarea. Sentía que me follaba con la lengua mientras con los dedos masturbaba mi clítoris, pronto los labios volvieron al lugar de los dedos y empezaron a succionar, a lamer, chupar, besar,… Todo bajo las mantas, estaba cogida al embozo de las sábanas, con ellas entre mis puños, los ojos cerrados, rezando por no despertar del todo. Cuando me corrí, muy dulcemente, en la boca de Lukas que comenzó a beberme sin dejarse nada, le encantaba. Tan pronto me corrí, creo que me volví a quedar dormida, pero me despertó el movimiento de Lukas sobre mi, me estaba follando, para su propio placer porque sabía que yo no podía más, me sentía un poco un objeto, no sentía placer físico, sólo era el instrumento que le daba placer a él. Pero en el fondo me gustaba que me usara de esa forma. Pronto me llenó de nuevo, intenté exprimirlo con mis músculos, también intenté juntar las rodillas a pesar de que su cuerpo estaba en medio, pero era para sentirlo más profundamente. Me dijo a la orejita: “sólo me apetecía volver a follarte”. Aunque no me había corrido de nuevo, estaba con la respiración agitada y había sentido mucho gusto con todo aquello. Ni siquiera me enteré cuando salió de mi. Me quedé de nuevo dormida.

¡SALTA!


6 Comments

Leave a comment

:) :( :d :"> :(( \:d/ :x 8-| /:) :o :-? :$" :-w ;) [-( :)>- more »

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Cerrar
Enviar por Correo