Lukas 2.3

Minah | Lukas | Monday, 13 August 2007

Beso piercingOtro capítulo, sí, el 2.3, no me he saltado ninguno, es que en el anterior artículo estaba el 2.1 y el 2.2 juntos ;)

Os contaré una cosita, me encantan las novelas de Stephen King (aunque reconozco que son mejores las pelis, en los libros se me pierde demasiado en los detalles y resulta un poco coñazo). Soy la autora y la culpable de estos relatos, lo reconozco, pero como Stephen King, de los suyos, no creo que quiera que un perro endemoniado llamado Cujo se lo coma, jajaja!! Qué quiero decir con esto? fácil… aunque hay cosas buenísimas que no voy a negar que me gustan y me gustaría que me pasaran, hay otras que evidentemente NO!! es algo muy evidente, pensarán algunos, noooo, no penséis tantooo, no subestiméis la magnitud de la estupidez humana, jaja!! Y esto lo digo, para quien piense (que hay gente que lo piensa), que puedo encontrar placer en que unos desalmados me droguen y me violen en un portal o que, voy buscando un tío, que me pegue y me pisotee, por escribir este tipo de cosas… hay que ser idiota.

Me desperté unas horas más tarde, me molestaba la muñeca y estaba sola en aquella enorme cama. Aún sentía la mezcla de fluidos entre mis piernas, necesitaba una ducha urgente. Rodé hacia donde había estado durmiendo Lukas y olí su parte de la almohada, olía a su pelo. Por suerte era la muñeca izquierda la que me había torcido y podía defenderme con la otra mano. Busqué a Lukas pero no estaba en el piso y tampoco me atreví a asomarme a la ventana. Me encontré una nota encima de la mesa:

“Volveré en un rato, si te despertaras antes de que llegara, desayuna, hay café y galletas en la cocina.”

Qué corto mensaje, no sé, estaba descolocada con todo, llamé por teléfono para decir que estaba bien y que me había ido con unas amigas al monte que no me mandaran escolta bajo mi responsabilidad, me contaron lo sucedido con Mario y disimulé diciendo que no sabía nada, que cuando se despidió de mi, no se había producido el desgraciado accidente de dispararse el mismo mientras manipulaba la pistola. Me duché, si lo hacía al revés, primero desayunar y luego ducharme me iba a tirar 3 horas en la ducha. Me duché, me sequé con la toalla y me fui en busca de algo de ropa limpia para ponerme. Había una mochila en la habitación, con ropa dentro, pasó la prueba del olfato satisfactoriamente, lo que no estaba con olor a suavizante, olía a la colonia de Lukas. Me quedé desnuda y seguí intentando encontrar algo de ropa interior dentro de la mochila. Encontré unos boxers de tela suave, me incliné para ponérmelos.

- Tssshh no te vistas, así estás preciosa – dijo Lukas mientras entraba por la puerta de la habitación.
- ¡Ah! – me sobresalté – ¡¡Lukas!! ¡¡Eres tú!! ¡Qué susto me has dado!
- ¿Quién iba a ser sino?
- Pues yo que sé, mi vida es tan tranquila desde hace como un año, me hubiera esperado cualquier cosa – le dije sarcástica.
- Vaya, siento haberte asustado – mientras me abrazaba y me besaba en la frente – llegué mientras te estabas duchando, te llamé pero como no me oías, decidí esperar un rato, te veía reflejada en ese espejo – dijo señalando el espejo.
- Debería darte un bofetón por ser un voyeur y por haberme dado ese susto.
- No, por favor, aún me acuerdo el tortazo que le diste a Paul, ¡jajaja!
- Jaja – me sonrojé.
- Espera hace frío para que vayas desnuda – dijo mientras se abría la cazadora – ven, métete aquí dentro – y la cerró con sus brazos los dos juntos dentro de ella – Venga, dímelo, me has echado de menos.
- Psé, algunos días no te digo que no haya dicho ¿qué habrá sido del chico aquel? pero poca cosa – mientras tenía la cabeza apoyada en el hombro de Lukas y mis brazos rodeando su cintura.
- Ui ui, mira que te abro otra vez la chaqueta ¿eh?
- Vale, he pensado en ti todos los días, a cada hora, cada minuto, cada segundo. En porque no aparecías, si estarías bien, que estarías haciendo,…
- Tú en cambio eras mi primer pensamiento al levantarme y el último al acostarme. Pensé mil veces en contactar contigo, pero ¿sabía usted jovencita que tenía el teléfono pinchado y que han estado leyendo sus mails?
- Me lo imaginaba, por eso nunca dije nada comprometido ni por teléfono ni por mail.
- Llevaba días siguiendo tus pasos, esperando el momento adecuado para poder decirte algo en persona, lo del estúpido escolta ha adelantado demasiado los acontecimientos, además están como locos en comisaría – me dijo mientras se sacaba un walkie-talkie del bolsillo. Bueno vístete, desayunamos y nos vamos, no podemos quedarnos mucho aquí.
- ¿Dónde has estado? – le pregunté mientras me vestía
- Te quedan muy bien mis boxers … – dijo con cara de bobotonto – ah, pues por ahí, intentando convocar una reunión urgente, está todo revuelto, además creo que me han seguido.

Me terminé de vestir, Lukas me puso un chaleco anti-balas bajo la chaqueta, desayunamos, cogimos las cosas y nos marchamos. En el portal miro a ambos lados, me cogió por encima de los hombros atrayéndome hacia él, llevábamos gorras, gafas de sol y ropa deportiva. No hacía mucho que caminábamos cuando Lukas se dio cuenta que dos tipos nos seguían cada vez más rápido:

- ¡Eh! ¡Vosotros dos! ¡Alto, Lukas! – nos gritaron cuando vieron que adelantábamos el paso.
- No te detengas, tranquila – me dijo mientras buscaba bajo su chaqueta, se paró en seco, se dio la vuelta, con su brazo izquierdo seguía rodeándome y trayéndome hacia su pecho – no mires atrás.

Sólo me quedé mirándole a él, como me atraía tan fuerte hacia él que casi no podía respirar, vi como hacía fuerza con la mandíbula y se le dibujaba un gesto de odio mientras disparaba, me asustaba mucho verlo así, sólo había conocido su lado más bueno, me chocaba conocer esa faceta suya, que aunque la sabía, era distinto verlo desde ese ángulo. Al primer disparo cerré los ojos y me acurruqué todo lo que pude buscando protección en su cuerpo. Olía la pólvora y también notaba la tensión de su cuerpo para contrarrestar la fuerza repulsora que se efectuaba en cada disparo. Cuando terminó las rodillas me flojearon y resbale por su cuerpo, me rodeó con el brazo la cintura para sujetarme y me obligó a caminar:

- ¡VENGA SILVIA! ¡¡CAMINA HOSTIA!! – me gritó mientras tiraba de mi – ¡QUE CAMINES JODER! – me gritó más fuerte y me hizo reaccionar.

Andamos unos metros, Lukas aún llevaba la pistola en la mano y con la otra tiraba de mi. Cuando vio un coche que le gustó me soltó, le dio una patada a la puerta del conductor, repitió la patada y esta se abrió, se subió y me abrió la puerta del copiloto mientras me decía “¡¡sube, rápido!!”. Dejó la pistola en el salpicadero, tiró de los cables que había bajo el volante, peló uno con los dientes y haciendo contacto con otro mientras pisaba los pedales consiguió arrancarlo. Salimos derrapando. Dejamos la ciudad atrás. No dijo nada durante unos minutos. Se metió con el coche en una vía de servicio y de ahí entró a un camino más alejado que se adentraba en el bosque.

Allí detuvo el coche, dejándolo en marcha y en punto muerto. Salió y vino a mi lado, abriendo la puerta del copiloto.

- Sal.
- Sí – mientras salía.
- Mira chata, esto no es un juego, si te digo que camines ¡QUIERO QUE CAMINES COÑO! ¿Entendido? – cerró la puerta y me apoyó en el coche, aprisionándome entre su cuerpo y la carrocería.
- Sí, lo siento… ¡no me grites!

Comenzó a besarme entonces, mientras sujetaba mis mejillas en sus manos, lo hacía de forma tosca. Bajó una de sus manos y comenzó a deshacerme el cordón del pantalón de chándal, me lo bajó torpemente con la ropa interior en el mismo gesto. Luego hizo lo mismo con el suyo, sujeto su polla con su mano izquierda, estaba muy dura, y mientras me penetraba de un golpe se acercó a mi oído:

- Esto no es un juego – me embistió – y la próxima vez que tengas dudas de en que bando estás, recuerda quien te disparó en el parque – siguió embistiéndome contra el coche – esto va así nena, sino estás conmigo, estás contra mi.
- Lukas…

Siguió follándome, mientras llenaba mi boca de lascivos besos. Me excitaba mucho la escena, el sabor de sus labios y su saliva, volver a sentirme a merced de su voluntad. Había comenzado con dificultad, pero ya estaba bastante lubricada. Puso las manos a los lados y las apoyó en el coche, se acercó con los labios húmedos a mi oreja:

- Si en el fondo te encanta, sabes que sólo yo consigo que te corras.
- ¡Ah!
- ¿O no?
- Sigue hablándome – le rogué, era lo que más me ponía.
- No dejas de ser una puta … mi puta.

Oyendo obscenidades de sus labios, sintiendo su húmedo aliento en mi oído comencé a correrme, cogí su pelo entre mis dedos, sin tirar de él, lo suficiente para dirigir su mirada a mis ojos y llamarle “cabrón”, le miré con odio hasta que no pude mantener la mirada más.

- Muy muy bien, así me gusta que seas buena y que te corras – me dijo segundos antes de correrse él también, jadeándome en el oído, y posteriormente “mordiéndome” la orejita con los labios para no gemir más fuerte y escuchando sus resoplidos de placer en mi orejita. ¿Hay un final más erótico que ese?

Fue todo tan rápido, tan aquí te pillo aquí te mato, que estuvo un par de minutos empalmado dentro de mi, mientras me besaba dulcemente los labios, acariciándome el pelo, hasta que la cosa empezó a decaer, salió de mi, nos vestimos y nos metimos en el coche:

- Dejé el tabaco, ahora estoy enganchado a los chupachups.
- ¿Me das uno de cola? – le dije.
- Por supuesto.

Nos pusimos en marcha, se hacía tarde.

¡SALTA!


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