Lukas 2.5
Y Lukas no es un santo, tod@s lo sabemos … pero que tenía una novia, tan tan mala como él, uf! y él jamás contó nada a Silvia, ni que iba a estar allí, en aquel frío sitio de las reuniones esperándola, ¿y si es todo una trampa para pillar a Silvia? ¿tan cegada está para no darse cuenta?
No sé como pero después de volvernos a duchar, y ponernos ropa cómoda nos quedamos dormidos en el sofá, frente la chimenea. Habíamos estado hablando de lo que íbamos a hacer al día siguiente, donde íbamos a ir, … Me dijo que solía salir a correr por las mañanas antes de desayunar y le dije que me apuntaba, me devolvió una enorme sonrisa al oír eso.
Pero en ese momento estaba ya dormida, acurrucada en el pecho de Lukas y con mi pierna sobre la suya. No quería despertarme del todo, pero sentía que me cogía en brazos, abrí un poquito los ojos:
- Lukas …
- Ssssshhh, no te despiertes, te llevo a la cama.
Sentí como me estiraba sobre la cama y dejaba mi cabeza con cuidado sobre la almohada.
- Silvia, despierta peque, ¡buenos días!
- Mmmmm, noooo.
- Jajaja, como que no, síiiii.
- Que nooo y sal de mi radio de acción ahora mismo.
- ¿Radio de acción?
Cojinazo en todos los morros.
- Pues eso, radio de acción.
- ¡¡Cagüen la leche, te vas a enterar!! ¿Donde tienes las cosquillas?
- No, no tengo, jajaja – evidentemente ya las había encontrado.
- Venga, que tenemos que levantarnos ya, se nos hace tarde – me dijo después de estar un rato torturándome.
Hacía bastante frío y al salir, por un momento, me arrepentí de haberle dicho que le acompañaba. Pero pronto comenzamos a calentar y sabía que luego me iba a sentir mejor después del esfuerzo realizado. Como no nos poníamos de acuerdo con el ritmo, evidentemente Lukas era más rápido, más fuerte y tenía las piernas más largas, comenzamos a jugar a una especie de pilla pilla, donde la flexibilidad y la habilidad jugaban un papel importante dándome alguna posibilidad. Jugamos en el bosque, nos pusimos perdidos, era inevitable, el suelo estaba húmedo y resbalabas con frecuencia.
Durante el trayecto en coche, de ida a no se donde, estuve hablando con Lukas, sobre la situación, era muy delicada, él no quería meterme en todo aquel lío, pero no quería que le pasara nada y quería seguir viéndolo a pesar de todo. Lo mejor es que volviera de becaria a la oficina de la policía una temporada, así estaría más cerca de Lukas y estando en comisaría estaría protegida por ambos lados. Él apoyó esta decisión, también pensaba que era lo mejor. Sin duda era lo que mejor se me daba y cuando me fui me dijeron que volviera cuando estuviera preparada, que siempre tendría las puertas abiertas. Me tomé la palabra.
Así pasaron dos meses, invertía mi tiempo en estudiar, y a la academia de defensa personal y pasar las mañanas en comisaría, por petición mía no estaba en el caso de Lukas, cosa que mis superiores entendieron perfectamente, me encargaba de los delitos informáticos, algo mucho más cómodo y seguro. Así también impedía el acceso a mis comunicaciones y estaba enterada de las de otros, un chollo.
Lukas me sorprendió un viernes a la noche, y me llevó al pueblo donde pasaba las vacaciones cuando era niño, que era la fiesta mayor, pasamos el fin de semana allí. No nos perdimos ni una actividad, me estuvo explicando costumbres y tradiciones populares, participamos también de varios juegos populares y fuimos a todas las verbenas en las que los diferentes grupos tocaban distintas canciones folklóricas de la zona, que Lukas me las susurraba y traducía al oído mientras abrazaba mi cintura por detrás, cuando volvíamos a casa que tenía la madre de Lukas, no podíamos evitar parar en cada portal para comernos a impacientes besos que se transformaban en caricias una vez cruzado el umbral de la puerta.
Gracias a la telefonía móvil era más fácil comunicarme con Lukas, con las tarjetas prepago cualquiera puede tener un número de teléfono anónimo, así y un lenguaje de claves me iba indicando cuando podíamos verme y donde. Me había citado en una dirección aquella misma tarde a las 8, hacía 3 días que no lo veía, había estado fuera y aunque me había llamado todos los días, parecía que había pasado una eternidad, me moría de ganas de verle. Le dije que no me metería en sus cosas, que no me haría partícipe, ni cómplice, sólo le daría una pista en el caso de que su cerco fuera demasiado pequeño… Muchas veces me pregunte a mi misma qué estaba haciendo, pero prefería seguir engañándome.
Llegué y había varias personas, bueno, ya me lo había dicho Lukas que tenían reunión, él aún no había llegado, allí estaban Jon y Mara. Mara siempre había sido agradable conmigo, me recibía con una sonrisa y me daba dos besos, y extrañamente Jon también las últimas veces. Allí me presentaron a Mireia, una chica de mi estatura, mechas rubias, pelo liso, muy muy delgada y los dientes picados, me chocó mucho, era una chica joven, no mucho mayor que yo.
- Hola reina, soy Mireia, puedes llamarme Mir – mientras se acercaba para darme dos besos.
- Hola, soy Silvia – le devolví los besos, le olía mucho el aliento a alcohol.
- Cariño, cuando tengas un momento quisiera hablar contigo.
- ¡Ah! Dime, ¿qué pasa? – no me gustaban ni su “reina”, ni su “cariño”, ni su tono.
- Ven guapa, vamos a la cocina, ¿quieres tomar algo?
- No, gracias.
- Venga chata no me digas eso.
- Vale, un poco de agua.
- Agua, que sosa. Toma reina, tu agua – mientras me daba una botella y un vaso para que me lo llenara yo.
Mientras lo hacía, sin venir a cuento, me suelta un gancho de derecha, pierdo el equilibrio y me caigo sobre unas sillas de metal que rodeaban una mesa. Me toco, me ha hecho sangre.
- ¡Levántate puta!
- … – me quedo atónita, no sé como reaccionar, oigo la voz de Lukas, acaba de llegar, está saludando al resto, yo me toco el labio, me lo ha partido y me escuece la mejilla mucho.
- ¡Que te levantes! ¿o quieres recibir en el suelo?
- ¿Qué es lo que quieres? – le dije mientras me levantaba.
- ¿Y Silvia? – dijo Lukas lo suficiente alto para oírlo desde donde estaba.
- Quiero darte una lección para que dejes a Lukas niña. Y ni se te ocurra gritar que te rajo.
- ¿Sí? ¿Y me lo dices tú? – me puse en posición de ataque, estaba muchísimo más adiestrada que aquella zorra.
Se acercó a mi amenazando con clavarme la navaja, conseguí retorcerle el brazo a la espalda y pegarle un rodillazo en el estómago. Me entra tos al tragar un poco de la sangre de mi labio. Estoy mareada por el golpe y Mir se levanta, se saca algo del bolsillo.
- Mira reina, aquí en esta jeringa hay heroína de la buena, me dijo Jon que ya la probaste, aunque ingrata, no supiste apreciarla, pero lo mejor no es eso, lo mejor es que tengo SIDA y como soy muy generosa quiero compartirlo contigo.
- … – eso me asustó bastante.
- ¡¡Mir!! – gritó Lukas mientras entraba por la puerta.
- Me ha pegado, la muy zorra me ha pegado cuando le he dicho que estuve contigo y que aún te quiero – dijo Mir poniéndose a llorar la muy cínica, yo no salía de mi asombro.
- Silvia… – me miró Lukas – tienes sangre, ¿qué ha pasado? – dijo después de echarle una mirada asesina a Mir.
- No lo sé, yo te estaba esperando, no entiendo nada.
- Tranquila, ¡Mara! ¡Mara! – gritó mientras con su manga me limpiaba la sangre – menudo corte tienes en la mejilla y el labio…
- Estoy un poco mareada…
- ¿Qué pasa jefe? – dijo Mara al entrar.
- Coge hielo y llévate a Silvia a una habitación tranquila – por favor.
- Sí, jefe – contestó Mara.
- Lukas… – le dije.
- No te preocupes, voy en un rato, ¿vale?
Desde la habitación podía escuchar la conversación de Lukas y Mir, Mara también se quedó callada escuchando, mientras me acariciaba el pelo, entendía un poco más de la lengua, pero le preguntaba a Mara las palabras o frases que no entendía y ella amablemente me traducía.
- ¿Qué te pasa Mir? ¿Estás loca?
- Yo sé que aún me quieres Lukas.
- Acéptalo Mir, ¿cuánto ha pasado? ¿Dos años? ¿Tal vez tres? Se acabó Mir y ella no tiene culpa, no quiero ni que te acerques a 1 cm, ¿¿está claro?? – le gritó Lukas – porque si lo haces tendré que tomar otras medidas.
- ¿Pero te has olvidado de todo lo que nos une?
- Dime Mir, ¿qué nos une? Es que me he perdido – le dijo Lukas sarcástico.
- Nuestro niño, Lukas.
- ¿Ah si? Es verdad, aquel por el que no pudiste dejar esa mierda ni unos tristes meses, aquella noche que te metiste tanta heroína que abortaste fue la peor de mi vida, esa misma tarde me prometiste que hacía semanas que lo habías dejado.
- Pero ya lo he dejado Lukas, podemos volverlo a intentar, lo he dejado de verdad.
- Te da igual que rehaga mi vida, ¿verdad? … Si Jon no lo ha dejado, significa que tú tampoco, porque eres tú quien se la pasa, ¿te piensas que soy idiota o que estoy ciego? Pero es que aún así Mir, te lo he dicho mil veces, se acabó. Y ahora estoy con Silvia, no quiero ni que te acerques a un cm de ella – y de un portazo cerró la puerta.
Mir se quedó llorando desconsolada entre gritos, yo estaba con Mara a oscuras en la habitación, Lukas al pasar por el salón el resto disimuló haciendo que hablaba de sus cosas.
- ¡Silvia! ¿Cómo estás? – dijo entrando en la habitación.
- Yo os dejo, eh, vuelvo con los otros – dijo Mara – cuídate guapa.
- Lukas… – rompí a llorar, casi en silencio, de rabia, me sentía indefensa y desnuda allí, después de lo sucedido.
- Sssshh, ya está, no llores peque, ¿te has asustado verdad? – dijo mientras me abrazaba – lo siento, lo siento, no tenía ni idea de que estaba aquí, perdóname.
- Me he asustado mucho, es que ha sido todo tan rápido y los demás fuera, que yo no los conozco, sólo te estaba esperando…
- Silvia – dijo Mir entrando – lo siento.
- ¡Mir, te he dicho que no te acerques! – le gritó Lukas.
- Pero quería disculparme, ella no tiene la culpa – insistió, sin dejar de verter sus lágrimas de cocodrilo.
- Sal por favor – dijo Lukas sin mirarla y Mir salió.
- Te desinfecto este corte, te dejo con el hielo puesto y descansa un ratito aquí, ¿vale? Cerraré la puerta de la habitación con una llave que sólo tengo yo, así que tranquila, ¿de acuerdo? Toma, esto es un sedante muy suave- dijo hurgando en el botiquín - tómatelo.
- Menuda cani… – le contesté indignada después de tomármelo. Me dio un beso en la frente.
- Está como una cabra… loca, loca – repetía mientras me ayudaba con el corte.
Eran las 2 AM o así cuando Lukas volvió finalizada la reunión, abrió la puerta con cuidado.
- Lukas…
- Peque… ¿te he despertado?
- Sí, bueno, no he conseguido dormirme del todo.
- ¿Pero has estado tranquila verdad?
- Sí, sí.
- Pues ya estoy aquí, y de aquí no me muevo en lo que queda de noche, ¿vale? ¿Cómo estás? ¿Te duele?
- Me pica un poco. Lukas … ¿sabes? Llevo días sin verte y … que me moría de ganas.
- (suspiro) yo también peque, yo también. Dime, ¿necesitas algo?
- Necesito… Lukas te necesito a ti.
Me sonrió y comenzó a besarme, muy suavemente mientras se tumbaba a mi lado en la cama. Me llenaba de palabras bonitas, de mimos y caricias. Me quitó los pantalones llevándose las braguitas también de camino e hizo lo mismo con su ropa, fue algo extraño, porque fue él quien se puso a horcajadas sobre mi y así comenzó a penetrarme, al ser yo quien tenía las rodillas juntas sentía mucha fricción y Lukas también. Con la base de la polla me acariciaba el clítoris. No me decía nada, había gente en las otras habitaciones, todo era en silencio, sólo me miraba a los ojos, con mi cuerpo aprisionado bajo el suyo. Mientras movía las nalgas en una cadencia perfecta. Sólo podía jadear en silencio con la boca semiabierta. Lukas había cogido mis manos y entrelazando los dedos, me las había puesto sobre la cabeza.
Puse los ojos en blanco, arquee la espalda e intenté jadear lo más flojo posible mientras me corría, ladee la cabeza, pero antes pude ver como Lukas me sonreía. Él cerró los ojos y se corrió conmigo. Así me dio las últimas embestidas, un poco más violentas. Cerré los músculos todo lo que pude para darle el máximo placer. Cayó sobre mi, cuando me soltó comencé a acariciarle la nuca.
- Te quiero Silvia.
- Te quiero Lukas.




















“Amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño, y cada vez más tú y cada vez más yo, sin rastro de nosotros”….
Justo me estaba desenganchando de la idea que amar significa sufrir… no sé explicarlo, me ha gustado la frase. Un beso
Voy de prisa, sólo he parado 2 minutos para echar un ojito al blog, más tarde lo miraré con calma, sólo decirte que la frase es de Sabina, de esta canción, que siempre me gustó y me dio mucha penita de la sincera. Aquí te la dejo, amar -qué te voy a contar?- es complejo, pero aunque me ha tocado más de un sufrimiento prefiero seguir sintiendo. Besos y un par de extraños (¿tú y yo?). .jajajaja, no dejo de decir que soñar cuesta poquito, jaja. Besos y transmediterranea (por el barco al fondo).
http://www.youtube.com/watch?v=dTmtkngMyxo