Lukas 2.6

Minah | Lukas | Monday, 20 August 2007

Estoy en el coche, con el 3G+, camino a Galicia! al fin… pensaba que no llegaría este día. De mi pielonefritis mejor mejor, sigo tomándome mis caramelos (pastillas) puntualmente y perfecta. Lo que si es que estoy cansadísima y muerta de sueño (:| y que he leído todos los comentarios y mails, cuando pueda iré contestando (aunque no esperéis mucho esta semana :P ) Muchas gracias por la ayuda con el Jerome’s Keywords ;) cuando pueda le echo un ojo a vuestros consejos y os cuento. También me alegro mucho que os gusten los nuevos emoticonos :D En fin, en fin, 4 líneas breves y corto, muy pronto más!! Os dejo otro relato… este no es apto para cardiacos…

- ¡Buenos días peque! He bajado al súper y te he traído los yogures que te gustan, ¡venga arriba! Cómo tienes esas heridas.
- Mmmm, ¿ya es de día?
- Sí, son las 8 y a las 10 entras a trabajar. Silvia, déjame ver esas heridas anda, date la vuelta peque.
- No me encuentro nada bien Lukas. No me destapes que tengo mucho frío… uf! y me duele mucho la tripa.
- Venga, que te ayudo, date la vuelta, no te destapo… mierda, tienes que llamar, no puedes ir a trabajar hoy, ¿dónde tienes el telf? Estás ardiendo. Dónde tienes la tarjeta del seguro privado? Voy a llamar al médico para pedirte hora.
- En el bolso, dentro de la cartera.

Lukas se puso a llamar, tenía cara de estar preocupado, hacía tiempo que no me encontraba tan mal. Me ayudó a ponerme su chaqueta, me quedaba bastante grande pero era muy calentita, besó mi mejilla arañada después de ponerme la bufanda. Luego se preparó él para salir, se puso unos guantes de motorista, cogió los cascos y salimos.

No entendía mucho de motos, pero era preciosa, primero se montó él, y luego yo como pude, metiéndole mano por donde podía para poder subirme y en el fondo sé que le gustaba. Puse los pies en los estribos, me abracé a su cintura y apoyé la cabeza en su espalda, hecha un ovillo. Me acarició detrás de la rodilla y la pantorrilla antes de darle gas. Cada vez que parábamos en un semáforo ponía ambos pies en el suelo con las manos me acariciaba las rodillas. Yo me acercaba todo lo que podía buscando su calor y para cogerme bien, no estaba acostumbrada a ese medio de transporte. A pesar de encontrarme fatal sentir su cuerpo entre mis piernas, agarrando su cintura, y viendo su reflejo en el cristal del escaparate de un comercio, cuando parábamos y ponía los pies en el suelo y se incorporaba, tenía que confesarlo, deseaba cada centímetro de su piel desnuda.

Llegamos al centro médico, Lukas me rodeó con el brazo hasta que llegamos a información donde nos dijeron de esperar que enseguida nos atenderían. A los pocos minutos oí mi nombre, Lukas me acompañó dentro, cosa que agradecí mucho, no dijo una palabra, sólo tomó nota de todo lo que le dijo el médico. Algunas pruebas, una analítica. Era una infección… pero al verme los golpes le pidieron salir e insistieron mucho en preguntarme si me había maltratado, a pesar de mi insistencia no se quedaron muy convencidos, llamaron a una asistenta social, ¡¡lo que me faltaba!! Que se armara follón.

- Ei, tú eres la chica esa que salió en los periódicos – me pregunta una enfermera.
- No sé de quien me habla, se confunde.
- De verdad que sí, ¿usted es…?
- Tengo que irme – dije mientras me ponía bien la ropa y salía por la puerta, Lukas estaba esperando de pie – vámonos Eric.
- … – me miró raro, pero se vino conmigo.
- La enfermera me ha reconocido – le dije bajito mientras salíamos por la puerta.
- Vale, salgamos de aquí, ¿cómo estás? Te han curado el labio y la mejilla. ¿Sigues con fiebre? – me dijo mientras me ponía la mano en la frente.
- Sí, tenía infectada la herida de la mejilla.

Nos pusimos en marcha de nuevo, Lukas corrió más esa vez, paramos en una farmacia, yo me quedé mirando el cielo, estaba apunto de llover en cualquier momento, había mucha humedad en el ambiente. No volvimos al piso, fuimos a un adosado en una zona de las afueras.

- Cada día conozco un sitio distinto.
- Sí, pero este es especial, es de alguna forma mi verdadera casa, donde vengo cuando quiero estar solo, nadie lo conoce, bueno tú ahora – me contestó – bienvenida a mi casa.
- Vaya, me siento muy especial.
- Lo eres peque – me dijo antes de besarme la frente e invitarme a pasar.

Me quité la ropa, Lukas encendió la calefacción de la habitación, me tomé la medicación y me acosté en su cama, olía a su colonia y a su piel, me quedé dulcemente dormida, él salió a buscar no sé que, volvería en un rato.

Ni me enteré cuando volvió, me desperté unas 3 horas más tarde, me encontraba mejor y fui en su búsqueda, estaba en la habitación de al lado tecleando en un portátil mientras tomaba notas en unos papeles.

- Lukas – le susurré.
- Silvia, ¿cómo estás? Entre hace un rato a verte y dormías, me quedé un ratito mirándote y ni te diste cuenta.
- Vaya – me sonrojé - Mejor, me ha bajado la fiebre, aunque tengo aún molestias. Dime, ¿qué haces? – le dije mientras me sentaba al lado del portátil en la mesa, llevaba una camiseta de Lukas, al sentarme se me había subido un poco y no llevaba ropa interior debajo, él se había dado cuenta. Comencé a coger los papeles.
- No toques los papeles – me dijo muy serio.
- ¿No? ¿Qué pone? Cuanto secretismo – riéndome, mientras seguía curioseándolos.
- ¡Oye! ¡¡Te he dicho que no toques mis papeles!! – me dijo alterado – ¿estás sorda? – y tirando bruscamente de ellos, metiéndolos en una carpeta y de ahí a una caja fuerte con cierre digital.
- … no me hables así – le dije cambiando el tono bruscamente.
- ¿Perdona? ¡Qué no te hable como? … ¿has olvidado dónde estas, quién soy y a qué me dedico?
- Jaja, ¿y tú has olvidado que con una sola llamada de teléfono os trincan a todos? – por la forma de mirarle y de separar las rodillas había entendido perfectamente de que palo iba y el juego que buscaba.
- Silvita, Silvita – mientras miraba mis rodillas distraído – no juegues conmigo nena – me dijo mientras cogía mi pelo en seco, obligándome a levantar la barbilla y hablándome a 2 cm de mi cara.

Buscaba con su mano deshacerse el cinturón del pantalón, se lo quitó de dos tirones mientras me miraba desafiante. Luego me lo puso al cuello, tirando del extremo hasta que la hebilla ajustó el resto del cinturón perfectamente a mi cuello.

- ¿Qué decías de llamar a no sé quien? – tiró un poco de él, luego sus dedos comenzaron a acariciar mi coñito, resbalaban muy bien, estaba muy mojada – ponte de rodillas… ¡qué te pongas de rodillas! – me dijo tirando del cinturón.
- Cabrón – mientras hacía lo que me decía.

Me obligó a chupársela, movía su pelvis fuerte, a veces pensaba que me iba a ahogar, casi no me cabía en la boca y a veces tiraba demasiado fuerte del cinturón. A veces paraba y me miraba esperarle, con la boca semiabierta. Cogió su móvil:

- Ahora chúpamela despacito, disfrutando cada cm de piel, que te voy a grabar, no dejes de mirarme mientras lo haces – y volvió a tirar del cinturón por si alguna cosa no me había quedado clara.

Comencé a mamársela, como me había dicho, despacio, como una pequeña viciosa, mirándole. Paró un momento para no correrse aún y aproveché para decirle:

- Está muy buena, me encanta chupártela. Y me vuelve loca todo este rollito.

Me sonrió y me dio un poco de tregua y aflojó el cinturón, seguí chupándosela, despacito, combinado ritmo y presión. Él siguió grabando la escena, comencé a masturbarme, de rodillas, mientras seguía chupando, estaba muy cachonda con la escena y mi cuerpo me pedía contacto ya. La cosa se había relajado un poco, pero volvimos al juego:

- ¿Te está quedado claro ya nenita quién manda aquí? – me dijo – si eres buena no te haré daño. Venga, dime, que te oiga, dime que eres mi juguete, que te encanta que te use para follar en ti, no me interesa otra cosa de ti, ¿o qué te pensabas? ¡Dilo!
- No te voy a dar ese gusto.
- ¿No? – tiró del cinturón.
- No – desafiante.
- ¡¡Ya me has cansado!! ¡Ponte de pie! Qué te pongas de pieee – tirando del cinturón. ¡Date la vuelta!

Me retorció el brazo y me obligó a agacharme sobre la mesa, se oyó mi cuerpo contra la mesa de madera. Estaba con el culito en pompa, me la metió de un tirón, pensaba que me iba a partir en dos, mi vagina es estrechita y necesita mucha estimulación previa, y encima Lukas estaba muy bien dotado. No pude evitar gemir de dolor y de placer, también dije su nombre, en un susurro y una súplica de que no se moviera. Esperó unos segundos, y me cogió el pelo, me giró la cabeza para decirme en la orejita:

- Voy a darme una paja en ti.
- Lukas…

Empezó a moverse, a cada embestida sentía mis músculos ceder una pizca, incluso comenzó a follarme un poco ladeado, para que sintiera su polla abrirme bien.

- Bonita, cuando tire del cinturón quiero que aprietes los músculos de coño y espero que me guste, porque o sino tiraré más fuerte.
- Cabrón.
- Sí, nena, soy un cabrón, que no se te olvide – y tiró por primera vez, no le pareció suficiente mi tensión y tiró de nuevo, hice toda la fuerza que pude y aflojó una pizca.

Así fue tirando del cinturón cuando le venía en gana, mientras sentía su polla haciéndome polvo. Salió de mi, jadeando, yo también jadeaba. Me dio la vuelta y me obligó a sentarme en la mesa de nuevo, no sin antes darme un largo y lascivo beso en los labios.

- Quiero verte la carita cuando notes mi semen llenándote, inclínate pero no te tumbes, y se buena y abre las piernas, que te vea bien. No no, ábrelas más. Las abrí todo lo que pude. Volvió a penetrarme mientras me rodeaba con su brazo la cintura, con mis manos aguantaba mi cuerpo, para poder mantener el equilibrio y él me ayudaba. Con la otra mano seguía sujetando el cinturón – ¿recuerdas que tenías que hacer cuando tirara del cinturón? – tiró fuerte, sin esperar a que contrajera y lo soltó a los pocos segundos.
- Lukas… eres un hijo de puta, ¡cabrón! ¡cabrón! – dije por segunda vez más rendida - me haces daño - era mentira pero era para seguir con el juego. Además no dejaba de contornearme, de mover mi cintura disfrutándole.
- ¿Sí? – volvió a tirar.

Así estuvimos jugando un rato, mientras me follaba con violencia, todo su cuerpo se contorneaba y me embestía con fuerza, sentía que me quedaba sin fuerzas. Él también lo notaba, cada vez podía contraer menos los músculos. Estaba destrozada. Estaba apunto de correrme y comencé a rendirme y a suplicarle que parase. Teníamos un código para ese tipo de juegos, sabía que hasta que no dijera una palabra acordada por los dos, es que quería seguir jugando, por eso hizo caso omiso a mis súplicas y me siguió torturando.

- Mi pequeña zorra, mi dulce putita – y tiró fuerte del cinturón, no podía respirar.
- ¡Ah! Lukas … – susurré sin sonido.

Comencé a correrme, sin oxígeno, todas mis energías acumuladas en un punto dispersándose por todo mi cuerpo, me puse la mano al cuello y Lukas me soltó, entonces creí que me iba a desmayar del placer, al llenar mis pulmones de aire con las últimas convulsiones del orgasmo. Unas lágrimas caían de mis ojos, demasiadas sensaciones. Lukas empezó a llenarme de mimos, a decirme que me quería, mi orgasmo se volvió dulce y él se corrió, sin decir nada, mirándome, sonriendo, terminó cuando me quedaban pocos segundos para acabar yo, pude sentir su semen llenándome mientras me corría, estallando dentro de mi, dejándome bien llenita de él. Me dejó despacio sobre la mesa, yo no tenía fuerzas, deshizo el nudo del cinturón en mi cuello y me dejó que repusiera el ritmo de mi respiración. Él se sentó en la silla y puso mis pies en sus rodillas, dejando descansar mis piernas.

Cuando pude me incorporé, me miraba con una sonrisilla en los labios. Se terminó de quitar los pantalones y nos fuimos a la cama. Me dormí en su pecho, poco después él también se durmió.

7.

Lukas tenía que estar en el otro piso a las 5 de la tarde, ninguno de los dos se puso el despertador, tampoco habíamos comido. Me abrazaba por la cintura, con su pecho en mi espalda, abrí los ojitos, no me hubiera movido de allí, estaba muy a gusto pero me estiré todo lo que pude, despacio, no quería despertarle, para coger su reloj que lo tenía en la mesita. Aunque por primera vez le vi durmiendo profundamente, tranquilo, eso me encantó. Le di a todos los botones a ver cual era el que encendía la pantallita. ¡¡Las 4:20!!

- Lukas, Lukas…
- Mmmm
- Lukas, tú no tenías que estar en el piso a las 5 para una importantísima reunión.
- No… – se durmió otra vez.
- … – me quedé un rato meditando, volví a mirar el reloj, no había duda.
- ¡¡Lukas!! ¡Venga, abre los ojos, son las 4:20 pasadas!
- ¿¡¿¡¿Cómo!?!?! ¿Desde cuando? Pero… ¿¡¿¡porque no me has llamado?!?! – se despertó de golpe.
- ¡Prime para la ducha!
- ¡Ah no! Habrá que compartir – mientras me cogía de la mano para que no me levantara.
- ¡Pues venga!!

Lukas estaba desnudo, yo me quité la camiseta, nos metimos en la bañera. Al ponerme en pie sentí el semen de Lukas resbalar por el interior de mi muslo, simplemente me encantaba. Con un poco de coordinación y entre risas conseguimos ducharnos. Salimos, nos secamos rápido y fui al armario de Lukas buscando algo que me viniera bien.

- Vas a tener que traerte algo de ropa – me dijo y me guiñó el ojo, una invitación en toda regla.
- Sí – me sonrojé.
- Espera, creo que por ahí tengo algo que te irá bien.

Me puse unos boxers suyos y el chándal que me había bajado de un altillo. Me calcé las zapatillas. Y bajamos corriendo las escaleras, teníamos 10 min para llegar. Subimos a la moto y en marcha, llegamos a la hora en punto, me cogió de la mano mientras corríamos por la calle y subíamos las escaleras hasta llegar al 2ndo piso. Con la respiración agitada y sonriendo, Lukas se puso el dedo índice en los labios indicándome que a partir de ese momento un poquito de seriedad. Sonreí y asentí con la cabeza.

Al llegar Mara le dijo a Lukas que se retrasarían 15 minutos, genial, así podíamos comer algo. Él se hizo un enorme bocadillo, yo uno más chiquitín y uno de los yogures de tarta de limón que me había traído por la mañana, le ofrecí pero me dijo que con el bocata ya tenía más que suficiente, no me extraña.

- Sabe raro.
- ¿El que? – me preguntó.
- No sé, el yogur.
- Bueno, si estás pachucha es normal que te sepa raro, ¿no? No te lo comas si no quieres.
- Sí, tienes razón será que estoy así así. Está bueno, pero no sé, tiene un regusto. De todos modos me quedan dos cucharadas.
- ¡Pues adentro campeona! :D no has comido nada en todo el día - mientras sonaba suena el timbre - son ellos.
- Espera – le di un largo beso.
- Sal conmigo, tengo el portátil en la bolsa, siéntate en el sofá o en uno de los sillones y navega un rato si te apetece, hay libros en la habitación de Mara, puedes coger uno y leer o lo que quieras, pero quiero que estés conmigo, Mir y Jon rondan por ahí y no quiero que estés sola, ¿vale? Venga, salgamos, no te lo dicho, pero aún enfermita y todo, estás preciosa.
- Gracias – me sonrojé -. Vamos, sí.

Salimos, allí estaba el brazo derecho de Lukas, lo conocía por fotos también vistas en la comisaría. Se dieron un efusivo abrazo. También había otra persona y gente del entorno de Lukas, se sentaron en la mesa y Lukas y su amigo se separaron un poco del grupo y comenzaron a hablar. Hubo un momento que hablaban de mi, bajaron una pizca el tono, y el amigo de Lukas me miraba, luego lo hacía Lukas y sonreía, su amigo se reía y le daba palmadas en la espalda, con bastante fuerza. Era un hombre grande, Lukas también lo era y ambos estaban fuertes.

Opté por la opción del portátil, tenía que hacer cosas, consultar mails, hacer la compra, ver cuentas bancarias, cosas de esas, ponerme un poco al día. Lukas confiaba plenamente en mí, se acercó un instante para darme el password y tenía acceso completo a todas las aplicaciones. Me dijo que si necesitaba algo importante que le hiciera una señal.

Me senté y me puse a navegar tranquilamente, no podía evitar estar atenta a la conversación, tocaron varios temas: económico y financiación, nuevos proveedores de armas, … no podía concretar el que, porque no les entendía del todo, pero sabía de que iban las conversaciones. Tenía a Lukas sentado frente de mi, a veces levantaba la vista de la pantalla y lo observaba, estaba de perfil, sentado, a veces tomaba notas. Tenía su pistola en el cinturón, su Smith & Wesson 9 mm, no se separaba de ella, era lo que más me costaba aceptar. Se habían servido unas cervezas.

Terminé de hacer la compra, de mirar mis cuentas, de darme un paseo por el Messenger y seguían hablando, habían pasado 2 horas ya, y hacía tiempo que me sentía un poco mareada. Respiré hondo, fui a la cocina a por un poco de agua fresca, cuando Lukas me vio levantarme me guiñó el ojo, le sonreí. En la cocina había olor a comida, me dieron arcadas y salí corriendo al baño. Lukas me oyó correr y pidiendo que lo disculparan salió a buscarme.

- ¿Silvia? ¿Puedo pasar? – me dijo tras la puerta del baño.
- Sí – estaba de pie, con las manos en el lavabo, frente al espejo. Sudaba y temblaba como una hoja.
- ¿Qué te pasa Silvia? – me preguntó preocupado.
- No, no lo sé, no me encuentro bien.
- Vuelves a tener fiebre.
- Sí, voy a vomitar en breve y no quiero – dije llorando, no era el dolor que pudiera sentir, era la impotencia – ¡uh!
- Tranquila.

Volví a vomitar. Estaba agotada del esfuerzo.

- Voy a buscarte agua.
- Sí, por favor.

Oí como corría por el pasillo. Me levanté y me senté sobre el wc, tenía el codo apoyado en el lavabo y me sujetaba la frente. Volvió enseguida, se puso de cuclillas:

- Toma. ¿Cómo estás?
- Gracias, mejor.
- Nos queda poco, ¿puedes aguantar?
- Sí, creo que sí.

Volvimos al salón, Lukas volvió a disculparse, le dijeron que no pasaba nada y que habían hablado de algunas cosas, yo volví a sentarme en el sillón, me puse el mp3 flojito y cerré los ojos, aún así escuchaba las voces, no quería desconectar del todo. 20 minutos mas tarde ya habían terminado, el amigo de Lukas se acercó a mi con él, por lo visto quería conocerme, por suerte ya tenía mejor cara después de ese ratito. Me dio dos besos, parecía amable. Lukas sonreía pero no como otras veces, notaba que no era sincero en su sonrisa.

Se despidieron, uno de ellos recogió los botellines. Lukas recogió sus folios y una bolsa de papel. Se dieron varios abrazos y se fueron. A veces, cuando veía a Lukas en su salsa, me sentía como si le observara desde otra dimensión. Mientras bajábamos se lo dije a Lukas:

- No te ha hecho gracia que tu amigo viniera a saludarme, ¿verdad?
- Pues no – me contestó – mira, esta gente hoy están bien y mañana no sabes como te van a salir y a mi me da igual por mi, pero no quiero que acabes metida tu en todo esto. No me gustaba como te miraba, sé que le has gustado.
- Ya…
- Son gente peligrosa, no quiero que acabes salpicada, aunque bueno no sé que hago yo dándote consejos de estos. Venga, sube a la moto, nos volvemos a casa.

No dije nada, Lukas llevaba una mochila, se la puso en el pecho para que pudiera cogerme a su cintura.

Estaba comenzando a anochecer. Llegamos. Estaba muy cansada, además acababa vomitando todo lo que comía. Decidí dejar los sólidos y beber sólo agua con azúcar, limón y bicarbonato. Me hacía la mezcla Lukas, siempre tenía un par de botellines fresquitos en la nevera. Aquella noche conseguí dormir, a pesar que me despertaba a cada poco porque estaba incómoda, también estaba nerviosa, soñaba con Pedro, el amigo de Lukas, a mi tampoco me gustaba como me había mirado, más lo que me había dicho él después, todo mezclado con el agobio de la fiebre, que parecía no querer bajar. El despertador sonó a las 6 de la mañana, ya que había conseguido dormirme, Lukas lo apagó corriendo, pero me desperté una pizca. La mezcla del calor de la fiebre, con el roce de la piel de Lukas, el olor de su pelo,… sin saber porqué cogí su mano y la llevé a mi coñito, quería que me tocara, que viera como me ponía, que sin saber la razón estaba excitada. Me había acostado sin ropa interior, por primera vez tenía calor y mucho, me bajé el edredón y empecé a contornearme para él.

Me miraba, bajó entre mis piernas y comenzó a comerme, estaba ya húmeda. Sus dedos me toqueteaban curiosos. Mientras sus labios aprisionaban mi clítoris, su dedo índice hacía círculos en mi ano, sin llegar a penetrar, me estaba dando mucho gusto, es una zona muy sensible, es una pena que no todos los amantes sepan eso o que haya chicas que se pierdan ese placer por prejuicios. Es un placer distinto, como más vicioso.

Siguió jugando con mi clítoris, a veces me follaba con la lengua y me acariciaba el clítoris con su nariz. Aprovechó en un momento que cambiaba de posición para decirme: “nena que rica estás”. Me llevó al filo de la cama, él se sentó en el suelo, sobre la alfombra, puso mis pies en sus hombros y con ellos acariciaba su cuello, mientras tenía mi coñito a la altura de sus ojos. ¡Uf! eso me mataba, sentir placer y saber que le gustaba a él también lo que hacía. Humedeció su dedo índice y siguió jugando con mi ano. Empezó a masturbarse con la mano que le quedaba libre, lo notaba en su respiración y en su forma de masturbarme que ya no era serena como al principio.

Se atrevió a meter una pizca el dedo, poca cosa, sólo sentir una pizca una leve dilatación y siguió haciendo círculos con él. Estaba muy cachonda y eso me estaba matando. Comencé a gemir, el orgasmo estaba cerca. Lukas aprisionó mi clítoris con sus labios y cuando lo soltaba era para frotarlo haciendo un gesto de negación con su cabeza. También giraba la carita, y lo saboreaba lascivamente o abría la boca y se lo metía entero, succionando, soltándolo y volviendo a repetir la jugada. Empecé a correrme, estaba muy mojada y mis fluidos habían resbalado a mi otro agujerito y a la mano de Lukas. Mientras me corría pude sentir que Lukas también lo hacía, sentía como gemía sin separarse y como se bebía con ansia mis fluidos mientras estaba eyaculando. Abría la boca y la cerraba en un beso, fuera de sí, con los ojos cerrados.

Cuando terminamos, junté las rodillas a pesar de seguir con los piececitos en los hombros de Lukas. Él echó la cabeza atrás jadeando, juguetee con el dorso de uno de mis pies con su nuca y comenzó a besarme el otro pie.

Me ayudó a tumbarme de nuevo y me tapó con el edredón. Ni siquiera me enteré cuando salió a correr.

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