Lukas 2.10b - capítulo inédito
Ei! ¿capítulo inédito? síii, los que seguistéis la historia en mi otra web, no os podéis perder éste capítulo, es inédito, agregado al relato en el último momento ![]()
Sé que me repito más que el ajo, pero hay que pensar en los nuevos que se incorporan todos los días, si queréis saber de toda la historia, empezad por el principio, chuli chuli: [La traición].
Se fue de madrugada antes de que me despertara, oí como cerraba la puerta, con doble llave. Me di cuenta que me había tapado con cuidado antes de irse. Me levanté y miré por la ventana, toqué el cristal, hacía frío. Se puso el casco, cogió su moto y se fue, lo perdí a los pocos segundos. Me volví a acostar, por la mañana me esperaba un día duro.
No tardó en sonar el despertador, parecía que no hacía ni 5 minutos que me había acostado. Tenía clases de tiro y defensa personal, aún me estaba formando, era por esa razón que me habían asignado a alguien que me protegiera, un escolta. Con los oídos protegidos y las gafas especiales, iba haciendo prácticas de tiro con el arma… no estaba concentrada, no dejaba de pensar en lo mismo ¿qué estaba haciendo? Quité el cargador y puse otro nuevo, había gastado todas las balas. Jugar a dos bandas, me sentía mal, pero ojalá pudiera contarles a todos el Lukas que yo conocía, aunque hubiera sido inútil ellos sabían del Lukas que yo quería ignorar.
Entró Moyá en ese momento, el escolta que me habían puesto unas horas, supongo que a practicar, sonrió al verme, yo no estaba mucho por la labor, seguía sumergida en mis pensamientos.
- ¿Has desayunado? ¿Te apetece tomar un café? – aprovechó para preguntarme en un descanso que hice.
- No, no he desayunado.
- Venga, que te invito ¿quieres?
- Vale.
Estuvimos hablando de varias cosas del trabajo, me preguntó si llevaba mucho tiempo con la instrucción, como lo llevaba y antes de que nos interrumpieran, me dijo con media sonrisa, que podía tomármelo con calma, que cuanto antes aprendiera, antes se iba a quedar sin trabajo; que sí, que le asignarían a otra persona, pero que somos eso, personas y no máquinas, y es difícil empezar de 0 con alguien que no conoces y te da pena cuando hay buena relación con la otra persona.
Llegó entonces un compañero, le dijo a Moyá que habían dado aviso, habían visto a un amigo de Lukas, desayunando en una céntrica cafetería, con otras personas, él no debía andar lejos, lo habían visto con el tipo de la cafetería un rato antes.
Sabía que hacía semanas que estaban cerrando mucho el círculo, ¿¿pero tanto?? Se me paró la respiración. Moyá me decía algo pero no le escuchaba:
- Sivlia, Silvia… ¿me oyes? ¿estás bien?
- … ah, sí, sí, estoy bien, es que me estaba acordando de algo.
- Pues… lo siento mucho, dejarte así, pero tengo que volver a mi puesto de trabajo, tal vez me llamen.
- Sí, yo ahora mismo volveré al mío.
- Vale, pues te veo luego…
Pagó el café y se fue corriendo. Yo casi también detrás de él. Pensé en donde esconderme, me metí en el baño de las chicas, pero demasiadas puertas, podía entrar cualquiera, no era el mejor lugar. Tampoco cualquier otra estancia de comisaría. Salí a mi coche y me metí dentro, cogí del bolso el móvil que utilizaba para comunicarme con Lukas, y torpemente hice “rellamada”.
- Hola, ahora no puedo atenderte deja tu … .
- No, no, el contestador no – dije en voz alta y volví a marcar.
- Silvi, ¡peque!
- Lukas, Lukas, ¿dónde estás?
- En el piso, ¿qué pasa?
- ¡¡Han visto un amigo tuyo, desayunando en una cafetería, y también han dicho que lo han visto minutos antes contigo, van a por ti, sal de ahí corriendo!! - le dije muy nerviosa.
No me dijo nada, no me contestó, se puso hablar con otras personas todo alterado y oí como cerraba el teléfono, se cortó la llamada.
¿Qué había hecho? Yo sólo quería salvar a Lukas, no a toda aquella panda de indeseables. Entré bastante nerviosa, aunque intentaba disimular.
- Silvia ¿dónde estabas? - me sobresalté, era Moyá de nuevo – tienes que comprobar unas comunicaciones.
El corazón me latía tan deprisa que se me iba a salir del pecho, sentía que me ponía blanca por momentos, más que los folios que Moyá me daba y me volví a mi mesa. No sabía si mandarle un sms a Lukas o quedarme calladita, pero necesitaba saber que había pasado, para quedarme tranquila.
No supe nada de él en varias horas. Por la tarde Moyá me acompañó a casa de nuevo, me preguntó si iba a salir y no, pensaba quedarme en casa todo lo que quedaba de tarde y hasta el día siguiente. Con los nervios, había olvidado por completo que tenía que devolver unos libros, no tardaría mucho en llevarlos, no valía la pena ni molestar a Moyá para que me acompañara. No había recorrido ni 100 m cuando un motorista paró a mi lado, miraba a un lado y a otro:
- Sube, Lukas quiere verte… ¿vas a subir o te vas a quedar parada ahí toda la tarde? Toma, un casco.
- No, no me voy a ir contigo… – dije dibujando una mueca – no sé quien eres.
- Mierda… – se quitó el casco – venga, ya puedes subir.
Era Jon, tampoco me hacía mucha gracia subirme con él en la moto, pero quería ver a Lukas. El trayecto fue corto, estaba en la misma ciudad. Jon metió la moto dentro de un bajo y una puerta nos llevó a una especie de recibidor con otra puerta cerrada. Llamó a la puerta y gritó: “¡¡JON!!”. Le abrieron la puerta, yo sólo le seguía, tampoco quería mirar mucho, no me gustaban las pintas que llevaban esas personas, oí un susurro tras de mi, era en la lengua materna de Lukas, pero lo entendía perfectamente:
- ¿Quién es esa?
- La perra de la poli que se tira Lukas.
Seguí a Jon hasta una habitación, Lukas estaba, de espaldas a la puerta, muy poca luz, hablando acaloradamente con otros tipos, sobre la mesa papeles, planos, papel de fumar, nervios y tabaco.
- Lukas, Lukas, ya te la he traído – dijo Jon acercándose a su oreja – me voy a buscar tabaco.
- Ahora vuelvo – dijo Lukas - … Silvia… ¿cómo estás?
- ¿Por qué me has traído aquí?
- Necesitaba verte.
- Me pueden haber visto y no sólo eso… no me gusta todo esto – puse con cara de preocupación.
- Ei, nena, no pasa nada, aquí estás segura.
- También lo estaba en mi casa. ¿Por qué no has venido tú, en vez de mandar a Jon?
- … ven – me puso la mano en la nuca y me llevó a una habitación, para hablar con más intimidad - ¿por qué lo has hecho? ¿por qué me has llamado?
- No te entiendo.
- Sí, tienes razón, es evidente que para que no nos trincaran, pero deberías confiar un poco más en mi, posiblemente…
- Posiblemente ¿qué?
- Hubiera conseguido escapar… bueno, es una tontería, no creo que lo hubiera conseguido. Está siendo un día muy largo, estoy agotado, sé que no ha sido mi mejor decisión pidiendo a Jon que te trajera, pero es que estaba preocupado y… necesito tu ayuda.
- ¿Qué pasa?
- Es que tampoco puedo pedírtelo.
- Dime, ¿qué pasa?
- ¿Tienes ahí la PDA? Sé que guardas los informes ahí y los revisas en casa.
- ¿Cómo sabes eso?
- Lo miré mientras dormías.
- ¿Qué hiciste qué? Quiero irme de aquí – le dije.
- Sabes que no puedo interpretar esos informes si no me ayudas. Tienes que confiar en mi.
- …
- Silvia, tú, tú me conoces. ¿Crees que te haría daño? ¿o algo que te pudiera perjudicar?
De pronto se oía mucho ruido fuera, perros ladrar, no había perros cuando yo entré. Lukas se asomó un poco y luego vino corriendo hacia mi:
- ¡Es la policía, nos han encontrado! – atrancó la puerta y cogió su chaqueta que estaba sobre una cama – Venga, por el balcón, toma mis guantes de la moto – le seguí, me asomé, estaba demasiado alto y tengo mucho vértigo.
- No, no por aquí no puedo.
- Tengo la moto abajo, tenemos que darnos prisa.
No me quedaba otra que seguir su consejo, primero pasó él la barandilla y luego me ayudó a mi. Se acercó todo lo posible al suelo del balcón y saltó.
- Venga, haz lo mismo, suéltate, te cojo.
Habían conseguido romper la puerta donde estábamos.
- ¡¡Suéltate!!
Cerré los ojos y fui soltando mis dedos, uno de los perros quedó cerca de engancharme una mano. Lukas me cogió, me ayudó a subirme a su moto y él se sentó detrás. Me rodeó con su cuerpo, me apoyé en el manillar, pero él conducía, estaba muy asustada.
Salimos fuera de la ciudad y nos escondimos en una cafetería de unos amigos de Lukas, durante unas horas. Estuvimos hablando acaloradamente, estábamos los dos cansados y por primera vez habíamos estado tan cerca de ser pillados. Me estuvo explicando porque había espiado mis archivos, no me convencía, pero no podía más. Me rendí y me acurruqué bajo su hombro, en su pecho, cerré los ojos fuerte. Que confiara, sólo me decía eso, que confiara.
En la radio empezaron unos acordes, sonaba “Through the monsoon”. Era ya muy tarde, bien entrada la madrugada, nos subimos en la moto, las calles estaban desiertas y me dejó en mi casa.
- ¿Quieres que suba un rato? Aún te tiemblan las manos – me las cogió, pero las suyas también temblaban.
Asentí con la cabeza, mis palabras hubieran dicho que “no”. Confiaba en él, no entendía porque, pero confiaba. Creo que fui consciente por primera vez, lo que había negado durante tanto tiempo, estaba enamorada hasta la médula. Fui a sus labios en busca de un beso. Sin casi separarnos subimos las escaleras que llevaban a mi piso. No dimos ni a las luces, se veía bastante bien en el salón, con la luz de la calle.
Se sentó en el sofá, dejó la pistola y el móvil sobre la mesita, por sus gestos se le notaba realmente cansado, yo también lo estaba, me senté a su lado, cogió mis mejillas con sus manos y seguimos besándonos. Se levantó un momento, me tumbé en el sofá bocabajo, cansada, juguetona…
- ¿Estás cansada, verdad? – dijo mientras se arrodillaba a mi lado y me acariciaba la mejilla.
Besé su mano, sus dedos, su pulgar… estaba cansada, mucho y mimosa, entendió enseguida el mensaje. Me indicó que me pusiera bocarriba, me ayudó a desabrochar el cinturón y luego, agarrando con sus fuertes manos la cintura de los pantalones, me los quitó despacito, llevándose la ropa interior con ellos, luego mis zapatillas y me desnudó del todo. Empezó a besarme el ombligo, me besaba y aspiraba profundo entre beso y beso, le encantaba olerme, me temblaba la tripa de la excitación.
- Date la vuelta, otra vez – me susurró despacio, dulce, me encantaba su voz grave, sensual, llena de testosterona.
- Sí.
Se puso de pie, mientras le miraba y esperaba me contorneaba. Se puso encima de mi, sin dejar su peso, mis piernas entre las suyas, me puse todo lo receptiva que pude, arqueando mi espalda.
- Uh! – seco, desgarrado, mientras apoyaba una de mis mejillas sobre un cojín… y otra vez!
Sentía el calor de su cuerpo sobre mi, como me rodeaba y me embestía, y miraba mi cara, mis gestos. Tenía las manos en alto, en el reposabrazos del sofá, entrelazó sus dedos, sus palmas con los dorsos de mis manos, puso un pie en el suelo y siguió penetrándome, duro y dulce. Y comenzó a gemir, profundo, sabía que me gustaba, sabía que me gustaba mucho, sabía que le gustaba. Gemía y jadeaba, con la respiración entrecortada.
Cerré los puños cogiendo sus dedos, aflojé un instante y cerré más fuerte. Gemí fuerte contra el cojín, con mi garganta, cerrando mis párpados. Lukas se quedó mirándome, sonriendo, pero no por mucho tiempo, no podía soportar las contracciones de mi útero, que le aprisionaban dentro de mi cuerpo. Su mirada se perdió en ese instante, y respiraba torpemente como si le faltara el oxígeno, para coger aire de nuevo y resoplar, coger aire y resoplar… ya comencé a sentirle, sonreí satisfecha, se entregaba, era mío, otra vez.
Continuará…




















Es esa sensación de pertenencia y el gusto de estar enamorado, con un sonido así
( http://es.youtube.com/watch?v=gZltbovdsFQ ) no es difícil perderse en un gemido y a través de él llegar en moto al corazón/coraza de Silvia… QuienquieraqueseaLukasquésuertelasuyaqaueenvidialanuestra…
Se lo difícil que es escribir un relato y más intentarlo hacer diariamente, por ese motivo se agradece el esfuerzo que realizas, para los y las seguidoras de tus relatos.
Y cada día que visitamos tu blog lo hacemos con la esperanza de encontrar uno nuevo.
Ps: Por cierto, que moto más guapa la de la foto!!!