Lukas 2.11

Minah | Lukas | Saturday, 22 September 2007

Chica duchándoseLa aventura sigue, más incognitas, más tensión, más traiciones y más, más… más de todo ;)

¿Qué es Lukas? ¿Quién es Lukas? Lukas es una novela erótica que voy colgando aquí por capítulos. ¿Cómo puedes leerlos todos? es sencillo, el primero es éste: [Lukas], a partir de él, te irá llevando a los sucesivos del primer episodio. Los del segundo episodio, tendrás que ir buscándolos en el buscador de la web, por su número de versión, jaja soy así de geek: Lukas 2.1, Lukas 2.2, Lukas 2.3 y así sucesivamente ;) También puedes encontrarlos todos pinchando [aquí].

El capítulo de hoy:

Estuvimos un rato abrazados, me estaba quedando adormilada, Lukas también, pero sonó su teléfono en ese momento. Que si estaba todo bien… todo genial.

Estaba agotada, me levanté un momento pero volví pronto al sofá, me tumbé a su lado. Le estuve contando unas cosas de las clases, del trabajo, ni dos segundos, una conversación tonta, quería contarle que me lo había pasado genial y me quedé dormida, no sé cuando, entre sus brazos, mientras me escuchaba. Era ya de madrugada.

Por la mañana, él ya no estaba, habíamos dormido en el sofá y me había tapado con una manta. Otra nota: “Significa mucho que hayas cuidado de mi estos días, no lo olvidaré jamás. Confía en mi. Te quiero. Estás preciosa cuando duermes” no sé quien había cuidado más de quien esos días. Me duché, desayuné y me fui a trabajar. Lukas iba a estar dos días fuera, una eternidad, no sé siquiera si iba a poder llamarme, estaría fuera del país, me iba a tocar sufrir. Me llamó una noche, se le oía muy mal, sólo pude entender un te quiero y poco más, me fui a dormir con una enorme sonrisa entonces.

Moyá hacía días que estaba nervioso, y había empezado a madrugar aún más y en comisaría algo no iba bien, la información que me llegaba para investigar estaba muy revisada. Pregunté, me dieron una razón convincente, no le di más importancia. Además, estaba toda liada con los primeros exámenes de febrero. Incluso no podía ver a Lukas con tanta frecuencia y cuando lo veía lo notaba muy muy cansado, estaba muy preocupada, sólo rezaba por terminar lo antes posible con todo eso. El primer fin de semana después de terminar los exámenes nos fuimos unos días fuera de la ciudad, a la cabaña donde hice prácticas de tiro con él. Estaba muy fatigado, había perdido forma física, me dijo que no tenía fuerzas para correr, me confesó también que los vómitos habían vuelto y que no cesaban, por la noche le subía mucha fiebre, fueron unos días difíciles. Me dijo que había ido al médico varias veces y que no daban con el problema, de todos modos tomaba un jarabe con vitaminas y minerales, que al menos le mantenían un poco. No mejoró los días que estuvimos en la cabaña.

Muchas noches me quedaba largo tiempo cuidándole. Poco pude descansar ese fin de semana.

Pasó aquella semana, tenía una reunión en el piso y me dijo si podía llevarlo en coche, el trayecto no era ni de 10 minutos y se quedó dormido. Cuando terminó la reunión me dijo que él se quedaría en el piso que si quería que me quedara también. Hacía ya dos semanas que no nos acostábamos, me conformaba con masturbarle, fue cogerla entre mis manos y correrse, pero sin sentir ningún tipo de placer, ¿qué le estaba pasando?

- Lo siento Silvia, lo siento mucho.
- ¿Te ha pasado esto más veces?
- Sí, hace unos días, lo siento de veras.
- No, no pasa nada. ¿Has vuelto al médico?
- Sí, pero no me soluciona nada – me contestó.
- Vente a mi casa, unos días, déjame que pueda cuidar de ti otra vez, anúlalo todo. No puedo verte así – me eché a llorar con las manos en la cara.
- Eh eh, peque estoy bien, no, no llores por favor – me dijo mientras me abrazaba – lo anularé todo e iré, pero… a mi no me engañas, que sé que estos días sin mi han sido un desastre en tu alimentación… jaja, así me gusta que sonrías.

Después de hablar Lukas se quedó dormido enseguida, estaba tan cansado que ya podía hacer ruido, ni se enteraba. Estuve rebuscando en los cajones, en su papelera, los medicamentos que estaba tomando, cogí la pistola en el cinturón y salí fuera de la habitación. Andaba sin hacer ruido, no quería que me descubrieran, había luz en la cocina, abrí la puerta, ojala fuera Mara, pero no, era Mir, que se sobresaltó al verme.

- Qué susto me has dado reina – mientras cerraba la puerta de un armario de la cocina – es que este chico mío - refiriéndose a Lukas - se lo he dicho mil veces “mi amor, deja las cosas en su sitio”.
- Perdona, he venido a buscar agua… sí, a veces es un poco desastre – era mentira, si algo le sobraba era un concienzudo orden, pero por darle la razón - … vaya no queda agua.
- Sí, espera, aquí en la despensa hay - al abrir, pude observar todo lo que había dentro, siempre había sido un punto fuerte, observaba rápido y tenía mucha memoria, pude ver las vitaminas que me dijo Lukas que estaba tomando, había dos frascos – roma reina.
- Si, gracias, me llevo la botella si no te importa.
- No, claro. ¡Ah! Reina, cuando vayas por aquí no hace falta que vayas armada, das una pinta hostil que no beneficia a nadie y menos a ti.
- Vale, lo tendré en cuenta, es la costumbre.

Me fui de nuevo a la habitación, Lukas seguía dormido. Había una jarra en su mesita con un vaso, olí el agua y el vaso. Luego me encerré en el baño que había en la habitación, con la luz de fluorescente se apreciaba el agua de la jarra un pelín turbia. Tenía un botellín de agua en el bolso, lo vacié y lo llené con el agua de la jarra. Lo que sobró lo utilicé para regar una plantita que había en el baño, enjuagué la jarra y la llené con agua de la botella precintada. Guardé el botellín de nuevo en el bolso, le quité la etiqueta para acordarme, no fuera a darle un chupetón en un momento de sed.

Me puse la alarma del móvil, me levanté a las 5:20 AM, Lukas ni se enteró, parecía que no dormía desde hacía años. Fui a la cocina, no había nadie. En el armario de la despensa había una caja que ponía “Lukas” a rotulador con su letra, la abrí, como no, chocolate, había unos sobrecitos que tenían una especie de nocilla dentro, cogí unos cuantos y me los metí en el bolsillo trasero de los tejanos. De puntillas pude alcanzar las vitaminas, me desesperé mucho porque veía que no llegaba y cualquier cosa antes que subirme a una silla, también me llevé los dos frascos.

- ¿Qué haces? – una voz femenina irreconocible por el volumen y por la gran cantidad de oxígeno expulsado para no emitir sonido casi.
- ¡Joder! Mara que susto eres tú.
- Sí, perdona, es que tengo el oído muy fino y había oído pasos.
- Oye, Mir no quiere que nadie se acerque a ese armario excepto Lukas, ve con cuidado.
- Ya, no sabía nada, es que a Lukas le tocan las vitaminas, he visto también el chocolate y no me he podido resistir.
- ¿Te llevas los dos frascos?
- Sí, es que así los dejo ya preparados para mañana no perder tiempo cuando salgamos.
- Cuídalo, ¿eh? Él te quiere mucho.
- Gracias guapa – le di un beso en la mejilla.
- De nada Silvia.

Mara parecía la única chica mínimamente legal. Me fui a la habitación, cerré con doble llave y me volví a acostar, aunque ya no pude dormirme, a las 7 sonó el despertador, teníamos que irnos a mi casa y de allí yo irme con Moyá al trabajo. Me costó mucho despertar a Lukas, al final se vino con la cazadora encima del pijama, le hice una mochila con ropa rápidamente. Tan pronto llegó a mi casa se quedó dormido tal cual encima de mi cama, lo tapé, lo puse de lado y le di un beso en la frente antes de irme corriendo a la farmacia donde le compré otro frasco de vitaminas nuevo y se lo dejé en la mesita. Estaba agotada, un café y a trabajar.

Al volver a la hora de comer, vi que se había levantado, había un plato y un vaso en el fregadero que no había dejado yo, pero dormía de nuevo, no quise despertarlo. Me hice algo de comer y me puse a investigar. A media tarde se levantó.

- ¿Silvita?
- Sí, Lukas, estoy aquí en la habitación de estudio – mientras escondía todo y salía en su búsqueda – ¿cómo estás?
- Cómo si hubiera dormido el día entero.
- ¿Y tú bonita mía?
- Pues aquí estaba… estudiando un rato.
- Tienes cara de cansada, además – me dijo, mientras me abrazaba y cogía mis nalgas – has adelgazado un poco, ¿verdad?
- Jajaja, ¡qué control! como controlador de peso no tienes precio. Sí, demasiado lío estos días.
- Aunque estés un poco de baja forma, estas preciosa igual.
- Gracias – sonrojada – tú también … bueno, que estás mal.
- Siempre que estoy a tu lado, me pase lo que me pase, mejoro.
- ¿Tienes hambre? ¿Te apetece un bol de cereales? – susurrándole en el oído – los he comprado con chocolate.
- ¿Y qué hacemos perdiendo el tiempo?
- ¡Qué vicioso eres!
- No lo sabes tú bien.

Estuvimos un rato de charla, después se fue al sofá a leer un rato, le fascinaba mi biblioteca, yo tenía que seguir investigando, digo, estudiando. Había descubierto un diminuto agujerito en el jarabe aún por abrir que encontré en la despensa de Mir, muy cerca del borde. Los tubitos de chocolate también llevaban uno.

No pude dormir esa noche, estaba impaciente porque llegara la mañana. Y Lukas, durmiendo como un tronco. Comencé a masturbarme, imaginando el último polvo salvaje que echamos, oliendo su pelo y escuchando su respiración, me corrí en silencio, echando la cabeza atrás, sosteniendo la respiración… sonreí mientras terminaba. Pude dormir una pizca hasta que sonó el despertador. Le besé en la frente y me fui.

Allí vi a Susana, era la chica del laboratorio, le lleve el frasquito de las vitaminas, un tubo de chocolate y el botellín con el agua turbia, le pedí como favor que me lo mirara, si estaba todo en orden y que por favor me guardara el secreto. Me llamó pasadas unas 3 horas.

- Mira, el análisis ha resuelto que posee varias toxinas.
- No te entiendo – le dije.
- Silvia, en lo que me has dado hay una mezcla de varios venenos muy tóxicos, incluso un famoso matarratas, que son muy difíciles de detectar, no se refleja en ningún tipo de analítica, excepto uno de los venenos, que cuando ya se refleja es demasiado tarde, hay demasiada cantidad de él en el cuerpo y es irreversible. Las manchas de la piel son un síntoma.
- … – me quedé perpleja, no podía articular palabra.
- Lo peor es que por la dosis es algo hecho a medida, no está hecho por un aficionado, sino por alguien que sabía muy bien lo que hacía, ¿dónde estás metida?
- En ningún sitio – me agobié muchísimo.
- El agujerito es que han introducido la aguja de una jeringa para liberar el veneno dentro y que no te des cuenta.
- Por favor no le cuentes esto a nadie – sabía que era inútil pedirle eso, su obligación era dar parte.
- No tranquila – me contesto, quise creérmelo – mira yo no puedo hacer más y menos en tan poco tiempo, son pruebas muy costosas, te he hecho las más sencillitas, seguro que hay más datos, pero tienes que denunciarlo, que investiguen, y entonces te lo podré analizar mejor, posiblemente necesites varios antídotos.
- Gracias por todo, de verdad que lo pensaré.

Fui corriendo a casa, desperté a Lukas y se lo conté todo, le di los análisis, estaba muy nerviosa y me eché a llorar, además, estaba muy cansada, demasiadas noches sin dormir, me vine un poco abajo, ¿quién le estaba haciendo daño de esa forma?

- Quédate aquí, vuelvo en un rato.
- Lukas, no no te vayas, no me dejes sola, no te vayas solo – estaba histérica.
- Estás muy nerviosa y no te tienes en pie, tengo que solucionar esto – mientras cogía su pistola y se la ponía en el cinturón, siguió caminando por mi casa, buscando algo, en una bolsa suya con ropa, algo que se metió en el bolsillo – ven, tranquila peque, dame un abrazo.
- Lukas … - mientras se lo daba, pero noté que se metía la mano en el bolsillo, me aparté – ¿qué tienes ahí?
- ¡¡Mierda Silvia!! mírate estás muy nerviosa y agotada, no piensas con claridad, cuando salga por la puerta vendrás tras de mi y es muy peligroso – mientras caminaba hacia mí, retrocedí unos pasos pero me cogió del brazo y no sé como me lo retorció en la espalda.
- ¡Lukas! ¿Qué haces? Suéltame, ¡me haces daño!
- Lo siento, lo siento mucho – mientras me colocaba un pañuelo con cloroformo o éter tapándome nariz y boca.

Me resistí hasta el último momento, me contorsioné y golpee sus pantorrillas con mis talones, pero era inútil, Lukas me atraía fuerte hacia si, demasiado, incluso me había levantado un poco del suelo, tenía mucha mucha fuerza. Me fui quedando sin fuerzas. Me convulsioné un par de veces hasta que resbalé por su cuerpo y me cogió para no terminar de caer, luego en brazos, se dio cuenta que tal vez me había inmovilizado con demasiada fuerza, tanta que incluso había impedido que pudiera entrar oxígeno por mi nariz o boca, había lágrimas en mis mejillas, me había agobiado mucho antes de quedar inconsciente. Me llevó a la cama,

- No te preocupes, volveré enseguida, te lo prometo – y me dio un beso en la frente – descansa tranquila. Lo siento.

Lukas salió, se montó en la moto y se fue al piso. Allí estaban Jon y Mara.

- ¡Jon, Jon! – gritó Lukas mientras entraba al piso donde se reunían.
- ¡Lukas, no te esperaba por aquí! ¿Qué pasa hermano?
- Nada, pasaba por aquí, y como te veo cansado últimamente tal vez querías darle un chupetón a mis vitaminas.
- …
- ¡Ah! No, es que tal vez quieras chocolate.
- Pero esas vitaminas no eran tuyas, eran de la puta esa a la que te tiras.
- ¿Cómo? – dijo sacando el arma y apuntándole bajo la barbilla – las vitaminas son mías.
- Todo fue idea de Mir, ella me dijo que eran de Silvia, habló con los del laboratorio, ya sabes que gracias a ella sacan mucho dinero y allí le hicieron el favor. Yo sólo me encargaba de pinchar dosis.
- ¿Para Silvia? Eran mías, ¡MÍAS! Pero es que encima ella no tiene culpa de nada, no me lo puedo creer … no vales nada Jon – mientras de un empujón lo dejaba sentado en el sofá, sacó su teléfono móvil - abre la boca y te reviento- dijo apuntándole con la pistola – ¡Mir, guapa, ¿no tenías que venir hoy al piso? Es que he estado pensándolo mucho y quiero hablar contigo, me hiciste pensar con aquello de todo lo que teníamos juntos, tenemos que hablar, ¿puedes venir?… ¿si? … en 5 minutos, perfecto, aquí te espero.

Mir no se hizo esperar, llegó allí poco antes de los 5 minutos, emocionadísima… ingenua.

- ¡Mir! – le dijo Lukas que esperaba sentado en un sillón, con su pierna flexionada y su pie sobre la rodilla. Se puso de pie al verla.
- ¡Hola! ¿No he tardado mucho no? – estaba colocada, ese era su estado natural desde hacía años de todos modos.
- No que va, le estaba contando a Jon que por fin encontraste a alguien que te grabara la M de Mir en la pistola, es que él también se lo quiere hacer, ¿me dejas tu pistola y se lo enseño?
- Sí – le temblaba mucho el pulso, al fin se la dio. Sentía repugnancia al verla.
- Gracias – dijo Lukas mientras miraba la pistola distraído – ¿oye Mir? A todo esto, he traído las vitaminas y el chocolate que tomo … Jon me ha dicho algo de que le habéis echado un componente especial que hace que estén muy buenos, ¿por qué no tomas un poco?
- ¡Cabrón! ¡¡Hijo de la grandísima puta!! Me has engañado – gritó Mir fuera de sí.
- ¡¡He dicho que te tomes un sobrecito!! – apuntando a Mir con su propia pistola. Mir obedeció – ¡otro! ¡Y así hasta que te los termines todos!

A Mir le empezaron a dar arcadas y angustia, era demasiada dosis junta, mezclada con el empalago del chocolate, Mara y Jon miraban asombrados la escena, como Lukas obligaba a Mir tomarse hasta el último gramito de cada sobre.

- ¿Me vas a contar algo o te voy a tener que obligar a beberte las vitaminas también? ¿Quién te ha fabricado el veneno? ¿Los que te dan la hero?
- Sí…
- Vale, genial. Mara, hazme un favor guapa, ¿me traes una pajita? Mir tiene cara de querer beberse las vitaminas también – Mara corrió a la cocina y se la dio a Mir, ella entre lágrimas comenzó a sorber también las vitaminas.
- No puedo más Lukas – dijo Mir.
- Tsk tsk tsk, claro que puedes, venga, queda otro bote.
- Maldito cabrón soplapollas, ¡te deseo la muerte! ¡CABRÓN, HIJO DE PUTA! Un día te encontrarás un tiro en la nuca y te lo dará esa puta. Pero sabes lo mejor, cuando me levanto por las mañanas, siento asco, asco de saber que algún día hubo algo tuyo creciendo dentro de mi.
- … – Lukas se quedó sin poder decir palabra, un golpe demasiado bajo - Dime, Mir, ¿por qué lo has hecho?
- Para poder matar a la zorra esa cuando no pudieras protegerla.
- Mara… vi tu juramento y leí tu informe, tienes madera chica, pero no sabía donde colocarte pero Mir no va a seguir con su puesto, demuéstrame que eres la ideal para cubrirlo – mientras le daba la pistola de Mir.
- Date la vuelta Mir – dijo Mara muy seria mientras cogía la pistola.
- Otra puta – dijo mientras se giraba.

Mara no se hizo rogar y apretó el gatillo, ya era oficial, ocuparía el puesto en la organización que ocupaba Mir.

- Muy muy orgulloso de ti Mara. Mañana te presentaré en la reunión – mientras le daba un beso en la mejilla.
- Gracias Lukas.

Lukas entró por la puerta de mi casa, miré el despertador, las 2:43AM, estaba muy aturdida y veía borroso, tenía un colocón importante, estaba despierta hacía un ratito pero me hice la dormida.

- ¿Lukas?
- Sí, soy yo.
- Eres un cerdo – en un susurro, no me salía más voz.
- Sí, pero eso ya lo sabías, ¿o es que te acabas de dar cuenta ahora? – encendió la luz de la mesita y se sentó en la cama – déjame ver – mientras me desabrochaba la camisa, aún estaba vestida con la ropa del trabajo, sólo me había quitado la pistola del cinturón – ¿te duele el hombro?
- ¡Eres un bruto!
- ¿Pero te duele?
- ¡No!
- Pues genial.
- ¿Que ha pasado? – dije en un intento de calmar el tono.
- Mir le dijo a Jon que el veneno era para ti, así Jon sería su cómplice. Mientras yo me consumía, irían a por ti, no quiero meterte más en todo esto.
- Creo que estoy metida ya… y hasta el fondo.
- Mañana iré por la mañana al laboratorio, a buscar los antídotos. Tú también tendrás que tomar.

Me levanté torpemente, fui al baño, él se tumbó en mi cama,

- Sabes que me encanta como quedan las esposas colgando de tu cinturón, sobre ese culito redondito y esa cintura estrecha.
- ¿Sí?
- Seguro que no dejan de mirarte en la oficina,… sería un placer dejarse cachear y detener por ti – me dijo un poco más alto al ver que me alejaba.
- Jajaja, seguro, sí – dije al salir de lavarme la carita, mientras caminaba hacia él y me sentaba a horcajadas sobre su cintura.

Sus manos fueron a mis muslos, subiendo a mi cintura, por el ajustadito pantaloncito azul marino. Tenía la camisa desabrochada, veía mi pecho bajo el sostén. Cogí sus manos, entrelacé los dedos con los suyos, mientras los subía por encima de su cabeza y le besaba. Bajé mis manos, él se quedó igual, disimulé desabrochándome el cinturón, contorneando mi cintura mientras cogía las esposas de mi cinturón. Veía que le gustaba el movimiento de mi cintura, los besos fueron a más, fui un momento a su orejita para susurrarle “te deseo”, luego seguí con los besos. Él estaba bastante empalmado ya, sentía su polla dura bajo la bragueta, en un descuido esposé sus muñecas a la cama. Me incorporé y sonreí,

- ¿Qué? ¿qué se siente ahora? No querías que te detuviera.
- Mira bajo mi pantalón y verás lo que se siente.
- Sssshh – le dije llevando mi dedito índice a sus labios – harás lo que yo diga y hablarás cuando yo te pregunte.

Me levanté y me puse a un metro de la cama, me terminé de desabrochar el cinturón, me quité los pantalones y las zapatillas con los calcetines. Me quité la camisa y se la tiré a la cara, podía ver entonces sólo leves sombras, dejé el sostén sobre una silla. Gatee desde los pies de la cama y de un tirón le bajé los pantalones y los boxers a las rodillas, de otro tirón quité el resto, junto con las zapatillas, los calcetines quedaron a medias, también se los quité de otro tirón, besé sus pies, me encantaban, eran preciosos. Volví a subir, ignorando su polla, besando su ombligo y su torso, subiéndole levemente la sudadera. Su polla rozaba con mi vientre, bajé y la acaricié con mis pechos y luego me la metí en la boca, sin que él pudiera ver nada, sólo gemía extasiado. Era evidente que le excitaba mucho la situación. Con mis manos acariciaba sus muslos, su vientre, el interior de sus muslos, sus rodillas, sus costados, su pecho, poco a poco, sin dejar de comérmela. Mi mano derecha dejó de viajar por su cuerpo para masturbarlo mientras succionaba con mi boca. Los gemidos me indicaban que estaba muy cachondo, así que paré un poco el ritmo, torturándolo, no era momento de correrse todavía.

Me encantó su mirada cuando me senté sobre su ombligo y le quité la camisa, sus ojos, su gesto,… decían tantas cosas. Me encantaba la sombra de la perilla que se le dibujaba cuando hacía horas que no se afeitaba, rodeando sus preciosos labios. No pude evitar besarlos. Luego poniendo las manos en su pecho, bajo la sudadera, acariciándolo, me puse en pie, y caminé, con su cuerpo en medio, hasta tener un piececito al lado de cada uno de sus hombros, desde ahí podía verme bien, se notaba que le gustaba lo que veía, se sentía impotente de no poder acariciar mis piernas. Dejé de torturarle y puse mi rodilla al lado de su orejita y luego la otra, mientras me sujetaba al cabezal de la cama para no perder el equilibrio, tenía mi coñito a la altura de su boca, no me hizo falta decirle nada, él sabía que tenía que hacer. Comenzó a comerme mientras estaba a horcajadas sobre él, mientras tanto me movía, masturbando mi clítoris en sus labios, le estaba dejando la barbilla perdida de fluidos que no dudaba un instante en beber.

Clavé las uñas en el cabezal de la cama y comencé a correrme en la boca de Lukas, sin para de gemir, fuera de mi totalmente, notaba que le encantaba la escenita. Sabiamente succionaba el clítoris, sin utilizar la lengua, 15 segundos de éxtasis, sin saber ni donde estaba, sólo placer inundando cada terminación nerviosa. Su lengua traviesa comenzó a recorrerme entonces, a beberme y lavarme con cuidado, estaba muy sensible.

Me senté en su pecho, descansando una pizca, él me sonreía, y yo también a él, alargué la mano y toqué su polla, estaba durísimo y empapado. Caminé de rodillas hacia atrás, aún a horcajadas, colocándome sobre su pelvis y penetrándome yo solita, ayudándome con la mano. Nada me gusta más después de correrme que me follen duro, me arranca otro orgasmo. Estaba muy cansada, pero puse las manos cerca de sus hombros, sujetando mi cuerpo, y comencé a follármelo, sacando el culito y poniéndolo en pompa, así mi clítoris rozaba mejor con su pubis. Me movía rápido, me tumbé sobre él, pecho con pecho, jadeándole en la orejita porque me iba a correr. No gemí, estaba muy cerca y sería molesto en su oído, preferí regalarle una sesión de respiración incontrolada, él hizo lo mismo, mientras colocaba su mejilla contra la mía, acariciándonos como dos felinos, se corrió al tiempo, él si que gimió, pero flojito, gemidos agudos y luego más graves. Me quedé sobre él tumbada, con la cabeza ladeada en su hombro y mientras Lukas me besaba el pelo. Estaba muy cómoda, demasiado y si no me movía pronto no iba a querer hacerlo. Me levanté no sin antes darle un beso en los labios. Me miraba con cara de bobotonto, me encantaba, fui a buscar las llaves y le quité las esposas besando sus muñecas a continuación. Me tumbé a su lado, me acurruqué en su pecho, bien tapados y nos quedamos dormidos al instante.

Continuará…

¡SALTA!


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