Lukas 2.12

Minah | Lukas | Saturday, 29 September 2007

ClavelesEra de esperar, ¿cuánto tiempo iba a estar jugando Silvia a dos bandas sin que nadie se diera cuenta? lo había hecho realmente bien, pero nadie es perfecto y no caía del todo bien a algunos amigos de Lukas, tal vez, alguno habló demasiado. Uno de los relatos más largos, pero también duros y emocionantes ;) a partir de ahora, todo va a ser distinto (lo cierto, es que no sé aún, con lo retorcida que soy, como ninguna cadena de televisión se ha interesado por mi para guionista, jaja!).

Aquella tarde había reunión en el piso, Lukas estaba muchísimo mejor, había conseguido el antídoto y la mejora fue a pasos agigantados, las machitas de la piel desaparecieron.

Salimos a la calle, hacía sol y “calorcito”, un día bueno de invierno. Primero nos fuimos a comer a un pequeño restaurante de un pueblo cercano, muy pequeño y muy íntimo, Lukas conocía a los propietarios, se abrazaron efusivamente al verse.

- Pero Silvita con lo tiernecita que estás no me creo que tengas edad para beber vino.
- Jajaja, vino no, pero para otras cosas no tienes piedad, ¿eh? – le contesté.
- ¿Qué cosas? – se acercó a mi orejita, estábamos sentados el uno al lado del otro y me susurraba – ¿recorrer con mi lengua toda tu intimidad haciéndote mía, saboreando y magreando cada rinconcito tuyo? ¿Esas cosas?

Sonreí mordiéndome el labio y después de pensar unos segundos me acerqué a su oreja:

- A ti lo que te gustaría es emborracharme y poder correrte dentro de mi todas las veces que te vinieran en gana – le contesté y saqué la lengüita juguetona.
- Touché, ¿un poco de vino entonces?
- Sí, por favor.

Estuvimos un rato de charla, teníamos que hacer tiempo hasta la hora de la reunión, estuvimos intercambiando anécdotas graciosas sobre nosotros o nuestros familiares más cercanos. Me encantaba la risa de Lukas, era muy espontáneo. Después de ese momento de risas sin tregua, llegó un punto más relajado, aproveché para abrazarme a la cintura de Lukas, él me rodeo los hombros con su brazo y estuvimos así, un tiempo, sin decir nada.

- Ains, casi es la hora ya.
- Sí, tenemos que empezar a movernos – me contestó.

Pagamos la cuenta y nos fuimos. Era más sencillo desplazarnos en moto, además más difícil de reconocernos por el casco, ir en coche era un riesgo, cualquier otro vehículo a nuestro mismo nivel podía vernos la cara y no sería buena idea que nos encontraran juntos dentro de un coche a no ser que fuera un coche de la policía. Me cogí a su cintura, me sentía más segura, no me gustaba nada cogerme atrás y me pegaba todo lo que podía. Me dan bastante de respeto las motos, además a Lukas no le importaba lo mas mínimo ese tipo de contacto.

Al llegar Mara tuvo el detalle de preguntarme como estaba. La noté muy tirante con Jon. Lukas me susurró que de alguna forma la habían ascendido, luego se puso a preparar la reunión y habló con Mara acordando lo que tenía que decir, iba a ser su presentación. Llegó Pedro y algunas personas más. Pedro sonrió ampliamente al verme y se acercó a mi, Lukas se fijó y me sonrió, guiñándome el ojo, para que estuviera tranquila.

- Silvia, me alegro de verte de nuevo, ¿cómo estás?
- Pues bien, por aquí otra vez.
- No te animas a participar de la reunión, si Lukas está contigo es porque tienes madera… y sino será porque la chupas muy bien.
- … – me quedé que no sabía que decir, me parecía un grosero.
- ¿Y no te animas a participar de todo esto? ah no, que tú estás con los buenos, deberías pensártelo, porque este es un juego, que como muchos otros, no permite estar en los dos bandos al mismo tiempo.
- Supongo que eso es un asunto de Lukas y mío, ¿no crees? – le contesté.
- No bonita, es un asunto tuyo – mientras me acariciaba la mejilla con unas confianzas que no le había dado – sí quieres entrar puedes hablar conmigo seguro que llegamos a un acuerdo.
- Gracias, lo pensaré.
- Claro que sí mujer – mientras se levantaba y se iba el muy plasta.

Transcurrió la reunión, me daba la impresión que Mara y Jon ya no estaban juntos. Ella habló de sus planes de futuro y nuevas ideas. La tía sabía lo que hacía y tenía muy claro lo que quería. Era muy inteligente.

Me quedé en el sofá, jugando con un diccionario, intentando aprender vocabulario nuevo. Terminaron de madrugada, me quedé dormida en un sillón un poco alejado.

- Peque… – me acarició Lukas la mejilla – no te asustes que soy yo.
- Mmmm, ¿qué hora es? – tenía puesta la chaqueta de Lukas por encima.
- Las 4 pasadas, volvemos a casita ya, un vasito de leche y a la cama. Jon me deja el coche, hace frío para que vayas en moto, vendrá él con ella detrás, está enfadado con Mara.
- Sí.

En el coche me quedé dormida otra vez, me desperté levemente cuando Lukas me cogió en brazos.

- Jon abre la puerta – dijo despacito para no despertarme.

Me dejó en la cama, me volví a dormir poco después de sentir como me besaba en la frente. Ellos se quedaron hablando en el salón. No hacía ni 5 minutos que me había dormido, o al menos eso creía cuando sonó mi móvil:

- Silvia, Moyá está buscándote como un loco por todas partes, ¿¿dónde estás coño??
- ¿Quién es, Silvia? – dijo Lukas adormilado.
- Dígame jefe – dije despertándome de golpe.
- Mira Silvia, lo que hagas en tu vida privada me da igual, pero ven aquí inmediatamente.
- Lo siento, estoy en 15 minutos.
- ¿Quién es? Dile de mi parte que no te grite más – dijo Lukas saliéndole su yo más macarra.
- Calla calla – le dije flojito.
- Hay que joderse con la niñata que son las 10 de la mañana y su noviete aún dando por culo – y colgó, corrí a ponerme los tejanos.
- Gilipollas que es tu jefe, ¿te habla así siempre? – dijo Lukas.
- Me tengo que ir corriendo – sin contestar a su pregunta, se estaba riendo -, ¡uf! no me hace gracia, se me va a caer el pelo, sabes. ¡¡Te cojo unas monedas!!
- Venga, corre. Tranquila, si tienes problemas ya sabes a quien recurrir – me guiñó el ojo.
- ¿Y como llego al centro? ¿Parada de bus hay? Es lo más discreto.
- Sí, mira se ve desde la ventana y te deja en el centro, pasa cada 10 min me parece.

Bajé corriendo las escaleras, estaba Jon en el sofá, despierto, que grima me daba. Sacó su pistola, me apuntó, yo le ignoraba, y cuando abrí la puerta dijo “¡Pum!” me sobresalté, pero no miré atrás, me fui sin más.

Por poco se me escapa el bus, me pegué una buena carrera. Me puse un poco de colorete, rimel y cacao en los labios, todo lo que el animal del conductor me permitía atinar. Me guardé la pistola en el bolso antes de subir, no quería asustar a esas pobres marujas, no llevaba la ropa de trabajo y de todas formas una poli en un bus sería misterioso.

Fui corriendo a la comisaría, tenía el corazón a 100, pero no por la carrera, sino por el broncazo padre que me iba a caer. Al llegar me dijeron que el comisario, Manuel, quería verme. Al entrar a su despacho había dos compañeros en la puerta, me senté y Manuel comenzó a sacar documentos, desde el asesinato de Ramón, hasta mi secuestro, pasando por fotos borrosas, el incidente dudoso de hacía unos días, facturas y extractos bancarios, no entendía nada, bueno sí, me habían descubierto, sabían que había estado encontrándome con Lukas a escondidas; aunque no tenían pruebas claras, querían intimidarme para que dijera lo que sabía, como si fuera una principiante. Emplearon distintas técnicas para que me derrumbara y contara lo que sabía, me hablaron de mi familia, lo preocupados que estaban, era mentira, o que pensaría mi tutor de la universidad que me recomendó en su día y al que sabían que apreciaba mucho. Cuando la táctica psicológica no les funcionó me dijeron que les acompañara, yo no quería, no podían hacer eso, detenerme sin cargos, retenerme sin motivos. Pero estaba muy asustada, y eso me bloqueaba, estaba comenzando a funcionar la presión, les acompañé, mis compañeros que trabajaban en la oficina no sospecharon nada. Me llevaron al calabozo y allí Manuel me soltó un bofetón con el dorso de su enorme mano.

- No sé a que juegas, pero ¿te estás riendo de nosotros niña?
- No… – dije sin levantar la mirada del suelo, no me lo esperaba, me había partido el labio.
- Un año de cárcel, eso te puede caer, pero sólo si eres buena y lo cuentas todo.
- ¡Pero es que no tengo nada que contar!
- 5 días, ni comida, ni agua, ni descanso… – les dijo a mis dos compañeros – Mira, Silvia, guapa, ¿te acuerdas de Barroso? Pues se lo cargaron tus amiguitos. Y que decir ya, de Ramón, le llevaste su cabeza a Lukas en bandeja de plata.
- No es verdad – dije mientras me temblaba la barbilla.
- Bueno, dentro de 5 días, veremos si es verdad o no es verdad - dijo Manuel mientras se iba, que poco estilo, él no se manchaba las manos de sangre – no le golpeéis en los riñones, sólo tiene uno y no es cuestión de cargárnosla.
- Venga Silvia, la ropa – dijo Rubén con las manos en la cintura, sacando pelvis y chupándose una herida en la comisura del labio. Después se encendió un cigarro.
- No podéis hacerme esto.
- ¡Que te quites la ropa niña! – repitió Fran.
- Joder Fran siempre has sido buena gente – en un intento de que recapacitara.
- Vale, como quieras – dijo Fran mientras cogía mis manos y me las ataba a una argolla del techo.
- No, no por favor, Fran – fue lo último que pude decir, me taparon la boca metiéndome un pañuelo de tela.

Rubén caminó fumando delante de mi y me tiró el humo a la cara, luego caminó a mi espalda y me apagó el cigarro en la cintura por la parte de atrás, tirando al costado. Intenté soltarme, me dolía mucho, apreté los labios, fuerte, mientras sostenía la respiración, pero no dije nada, ni un gemido, ni un quejido, ni una súplica. Cerré tantos los puños que me clavé mis propias uñas en las palmas. Ese fue el primero de varios, en el tiempo que estuve allí.

Me hicieron desnudarme delante de ellos, meter toda la ropa en una bolsa, para que pudieran analizar hasta el último rastro de Lukas o de cualquier otra persona fichada, esa vez no tardé nada en obedecer, ni siquiera me lo pensé. Sabía que eso sería mi fin, el fin de mi carrera al menos, ya que en mis mismas braguitas aún había fluidos, de Lukas, que estaban todavía dentro de mi cuerpo, de la última vez que acosté con él; y aunque tardarían más de 5 días en tener los resultados, los tendrían, tarde o temprano.

Las horas transcurrieron, entre amenazas, bofetones y tortura psicológica. No, no podía decir nada, ni por Lukas, ni por mi, ni por nada, sabía que, mi silencio, era mi garantía para seguir con vida, en el momento que abriera la boca, cualquier cosa justificaría un accidente…

La situación era desesperante, tres días, ¡tres! tenía que salir de allí como fuera. Me acompañó uno de ellos al baño, Fran, cerré la puerta, me lavé las manos, la cara y me mojé la nuca. También me miré las heridas, era lo que más me preocupaba. De allí era imposible salir si no era por la puerta, busqué algo que me pudiera servir para cualquier cosa, nada, no había nada. Hubiera gritado en aquel momento, con todo lo que diera mi garganta y mis pulmones, pero no, tenía que calmarme y razonar. Escuchaba los pasos de Fran tras la puerta, iba de un lado a otro, 4 pasos, media vuelta y 4 pasos más. Repetí mentalmente esa secuencia 2 veces más y cuando lo creí oportuno, abrí y le di con toda la puerta al muy inútil en la nariz. Lo dejé medio aturdido, salí corriendo pero se puso a gritar y Rubén salió del pequeño cuarto donde hacía días que me tenían. Corrí por los pasillos, todo lo que pude, intentando abrir todas las puertas, pero no me conocía el sótano y era todo un laberinto. Corría mirando hacia atrás para ver cuanta distancia me separaba de aquel cabrón, en aquel momento tropecé con alguien y nos caímos al suelo, intenté levantarme, pero Rubén gritó:

- Que no se escape.
- Por favor, por favor, deja que me vaya – el chico dudó un poco.
- Que no se escape, ¡la estamos interrogando!
- Lo siento – me dijo, a la vez que seguía reteniéndome.
- Me van a matar.
- No le hagas caso, está medio loca – mientras me levantaba Rubén cogiéndome del brazo.
- ¡Hija de puta! – vino Fran corriendo, que le sangraba la nariz, y me dio un puñetazo que me volvió a dejar sentada en el suelo.

Me levantaron y me llevaron de nuevo a la habitación. El chico se quedó parado preguntándose si había hecho lo mejor. Allí, en la habitación, intenté revolverme otra vez, había estado tan cerca de poder escapar, me daba igual si me mataban, ¿qué podía ser peor que aquello? no podía seguir allí un día más. Fran me esposó otra vez las manos a la espalda, mientras lo hacía Rubén me miraba, sonriendo, delante de mi, yo también sonreía, le miraba a los ojos y le di una patada con todas mis fuerzas en la entrepierna.

- ¡Ja! – me incliné mientras soltaba una carcajada en sus morros.
- ¿Estás loca? – me dio Fran la vuelta.
- Vais a pagar por esto – le dije – los tres, porque Manuel también.
- ¿Tu amiguito Lukas?
- … – sonreí pero no dije nada. Rubén se levantó, lleno de ira, medio plegado sobre si mismo.
- ¡Te vas a enterar puta! Fran, dime que tienes un preservativo por ahí, ¡esta zorra se va a enterar!
- ¿Qué vas a hacer? ¿Te puede caer una buena por eso?
- Ésta no va a volver a hablar en su vida.
- No, no tengo ninguno.
- Me da igual, me da igual – me cogió y me dieron la vuelta sobre una mesa, bajándome el pantalón del chándal.

Cerré los ojos, intentando no sentir, aunque era demasiado todo aquello. Oí un gemido, no me había penetrado siquiera, se corrió sin más. Pero me penetró con los dedos entonces, no sabía cuantos, sólo que me hacía mucho daño. Sujetaba mi cabeza sobre la mesa, su codo en mi espalda. Cuando creyó que ya había tenido suficiente, me soltó y me quedé sentada sobre el suelo, me volví a vestir como pude y me acurruqué cerca de una pared.

Me dejaron tranquila entonces, era tarde, se marcharon y cerraron con llave la puerta. Me quedé dormida, en el suelo, por primera vez en 2 días.

Fran repetía la operación todas las mañanas, me despertaba, en el caso de que me hubieran dejado dormir un par de horas, en el suelo, con las manos atadas a la espalda con unas abrazaderas. Me ataba las muñecas a las argollas del techo de una de las estancias, me tuvieron entre el calabozo, una sala de interrogatorios y un par de habitaciones más. Aquella mañana no, entró solo y me trajo para beber un zumo:

- Venga, tómate esto antes de que venga Rubén… es de naranja, a veces te los vi tomar en la oficina.
- No puedo.
- Uf – suspiró – hace 4 días que no comes nada, es normal que no puedas, inténtalo anda, espera que también te he traído un par de sobres de azúcar, te vendrán muy bien disueltos en el zumo.

Pero el cabrón de Rubén no tardó en aparecer, Fran cambió su actitud radicalmente, no me sorprendió. No es que no quisiera levantarme, es que no tenía más fuerzas. Era ya el 5º día, el último:

- ¡Venga, arriba! – dijo Fran que había cambiado completamente su actitud al llegar Rubén.
- No, Fran, hoy, hoy no puedo… por favor, por favor – dije llorando.
- ¡Qué he dicho que arriba coooño! – me dijo mientras me cogía de la mano y me daba un tirón.

Me la retorció tanto, y un poco más, acabó cediendo, a pesar de mis advertencias y súplicas, partiéndome la muñeca. Aún así me cortó las abrazaderas y me volvió a poner las esposas. Me sentaron en una silla:

- ¿Por qué tiemblas? – me preguntó Fran, a la vez que me tocaba la cara – Rubén esta niña tiene mucha fiebre.
- A ver – dijo poniéndome la mano en la frente - voy a bajarme algo del botiquín.

No tardó, me hizo tragar varias pastillas.

- Venga, dos traguitos del whisky que le requisamos el otro día a unos en un botellón y verás que bien te sientan – me dijo mientras me daba de beber whisky puro.
- No, no, con whisky no – no sabía lo que me había dado y menos me lo quería tomar con alcohol.
- ¿Será posible? ¡TE LO TRAGARÁS CON LO QUE YO TE DIGA!

Se quitó el cinturón, me lo puso en el cuello y comenzó a tirar de él, mientras me daba de beber obligándome a tragar. Cuando me lo tragué, siguió tirándo del cinturón, caí de la silla de rodillas, tiraba muy fuerte hacia si.

- Venga, perrita, ¿es que no quieres caminar?
- Cabrón, cabrón…
- Ui ui, ¡estoy cansado! 5 días aquí y no has soltado una sola palabra cacho zorra.
- Cálmate Rubén – dijo Fran.
- ¿Qué me calme? ¿lo has oído perrita? Dice que me calme – dijo sin dejar de tirar de la cuerda, yo seguía de rodillas con las manos a la espalda.

Me quitó el cinturón del cuello, caí de lado entonces y empecé a toser. Empezó a golpearme con el cinturón. Sentía mi piel, desgarrarse a cada golpe. Estuve a punto, a un pelo de susurrar el nombre de Lukas, entre mis labios, con mi poco aliento; pero cerré los labios fuerte y sostuve la respiración a cada latigazo.

- ¿Sabes a cuantas personas han matado tus amiguitos?… ¡decenas! No eres mejor que ellos – me gritaba, entre insultos…

Aguanté hasta que Fran le hizo parar, me desmayé un instante, en sus brazos.

- Hay que avisar a Manuel, esto se nos está yendo de las manos, no va a hablar, incluso creo que está siendo sincera; no quiero ser responsable de lo que le suceda.
- Es que no me lo puedo creer, no ha dicho ni una sola palabra – dijo Rubén – sabes tan bien como yo que es culpable, si dejamos que salga viva de esta y lo cuenta, podemos darnos por muertos Fran.
- Me da igual, no voy a ser responsable de lo que le pueda pasar si seguimos así.

Lukas mientras, había estado buscándome desesperadamente, yo había desaparecido de la faz de la tierra, sin dar más explicación. Incluso tenía amigos en la policía, amigos suyos corruptos, nadie sabía nada, pero yo no había vuelto a casa esos 5 días, mi piso estaba igual, no había cogido ropa para irme, aunque Jon no paró de decirle que era una huída voluntaria, que me había acojonado y que todo me superaba. Lukas se negaba en rotundo a aceptar esa posibilidad.

Manuel entró:

- No podemos retenerte más tiempo aquí sin motivos, te dejamos libre sin cargos. Tienes 30 días de vacaciones, prorrogables, luego podrás incorporarte de nuevo. Acércate a un hospital y dales este papel, no harán preguntas – y se fue sin más.

Rubén se chupaba los dedos con los que me había violado mientras me miraba y se reía. Tenía ropa mía doblada bajo el brazo izquierdo, la habrían cogido de mi taquilla, me la dejó sobre la mesa, sacó también una caja de pastillas y llenó un vaso de plástico del mismo whisky que antes:

- Tómate toda la caja… ¿estás sorda? ¡¡QUE TE TOMES TODA LA CAJA!! – sacó su pistola y me apuntó a la frente
- Vale, vale – no podía hacer otra cosa que obedecer.
- Muy bien… bebe también.

Me dio un beso con lengua cuando terminé y justo antes de quitarme las esposas. Mientras no dejé de llorar. Me vestí, me dieron el bolso, al salir estaba anocheciendo, no sabía ni que hora era, me dijeron que Moyá me esperaba en el parking descubierto. Al verle me eché a llorar, se sintió desolado, quiso abrazarme pero no pudo.

- Moyá, por favor, no sé en quien confiar y quien no, me pareces buena gente, déjame en el parque del lago, sabes cual te digo, el que está tras el colegio Cervantes, no me hagas preguntas, yo diré que me dejaste en el hospital si me preguntan.
- Silvia, pero si casi no te tienes en pie. Hueles mucho a alcohol.
- Por favor… Javi – le llamé por su nombre de pila, jamás lo había hecho. Me puse la mano en la frente, me pesaba mucho – date prisa.
- Vale, vale.
- Gracias.

Al bajar del coche le di un beso en la mejilla y le dije que se fuera. En el trayecto pude escribir en el papel que me habían dado “me han obligado a tragar pastillas con whisky” y me enrollé el papelito en una pulsera. Caminé a una cabina telefónica, tenía la muñeca rota protegida en mi torso, bajo mi pecho y cogí unas monedas, justo las que le había cogido prestadas a Lukas aquella mañana, no pude reprimir unas lágrimas la verlas, llamé a un fijo, no tenía mucho dinero y si le llamaba al móvil no me daría ni para decirle hola:

- Lukas … – dije con un hilo de voz.
- Espera, espera, ¿dónde estás? ¡¡LUKAS!! ¡LUKAAAS! Es Silvia!! – gritó Mara que fue quien descolgó el teléfono – dime.
- Parque, Colegio Cervantes, hay un túnel, por encima pasa una carretera… que venga Lukas… por favor.
- Silvia, Silvia, ¿dónde has estado? – cogió Lukas el auricular.
- Lukas… – y me eché a llorar al oírle, en ese momento se cortó la llamada.
- Venga, vamos a buscarla – dijo Mara.

Hacía mucho frío, y sólo llevaba una camisa con una falda larga a los tobillos, por mi muslo caía sangre, tenía una hemorragia que no cesaba desde que Rubén me metió los dedos y me dolía mucho la tripa. Intenté caminar, a pesar de estar cansada, pero no podía estar quieta.

Mara me vio cuando pasó con el coche por encima del túnel, Lukas le obligó a parar el coche, él llegaría más rápido a pie que no dando toda la vuelta con el coche. Se bajó y consiguió llegar a donde estaba, entró corriendo por el pequeño túnel de no más de 10 metros, caminé como pude hacia él, con las últimas fuerzas. Me vine abajo, sólo pude oír mi nombre antes de caer semi-inconsciente, me cogió antes de que cayera del todo, a la vez que se arrodillaba.

- Silvi, peque, contéstame por favor, por favor, ¿quién te ha hecho esto?

Le miraba con los ojos entre abiertos, tenía los labios secos, heridas y moratones por toda la cara, no podía hablar. Tiritaba. Él no paraba de mirarme y tocarme, con las yemas de sus dedos, la cabeza, por si tenía algún hueso roto, o los brazos, ahí dio con mi muñeca rota, me miró la otra y encontró la nota, se le empañaron los ojos a la vez que leía, la soltó corriendo y me hizo vomitar metiéndome dos de sus dedos en la boca. Se quitó la cazadora y me la puso, mientras llegaban Jon y Mara con el coche.

Mara tenía más carácter, mientras Jon estaba paralizado con la escena y Lukas no sabía como moverme para no hacerme daño, Mara empezó a dar órdenes. Miró bajo mi falda al ver la sangre:

- Es mucha sangre para… ¿verdad? – dijo Lukas.
- Lukas, esto no es la menstruación, tenemos que darnos prisa.
- Estoy muy cansada – pude susurrar y cerré los ojos.
- Silvia, Silvia, por lo que más quieras, no te duermas – me dijo Lukas.

Todo pasó muy rápido. Lukas me cogió con cuidado y me subió al asiento trasero del coche, le dijo algo a Mara, que conducía, de llevarme a una clínica privada, que el cabrón del director le debía ya muchos favores y mucho dinero. No tardamos en llegar, Mara le pisó bastante.

- Venga peque, cógete al cuello – me dijo mientras me sacaba del coche – ¡arriiiiba!
- Voy a adelantarme y buscar a alguien – dijo Mara después de cerrar el coche.
- Sólo admitimos a clientes asegurados – salió la clásica enfermera inútil parando los pasos de Lukas.
- ¡¡Mierda!! me cago en la hostia, ¡clientes asegurados! – se giró a donde estaba Jon – ¡cógela! – ahora era Jon el que me sujetaba.
- Jon… – dije.
- Tranquila, no hables, te pondrás bien – me dijo y me quedé extrañada, por una vez mostraba una pizca de humanidad conmigo.
- Vamos a ver pedazo de zorra, que salga ahora mismo el sr. Antúnez – dijo cogiéndole del pelo, sacando la pistola y colocándosela bajo la barbilla.
- Lukas, Lukas, no, no eso no – dijo Mara – así no llegaremos a buen puerto.
- Tienes razón, tienes razón … ¡¡PERO QUIERO QUE ESTA ZORRA LLAME AHORA MISMO AL SR ANTÚNEZ!!

Había gente mirando atónita la escena, llegaron unos encargados de seguridad y detrás de ellos el sr. Antúnez.

- Hombre Lukas, ¡cuanto tiempo! ¿En que te puedo ayudar? – dijo Antúnez mientras los seguridades se relajaban un poco y Lukas se guardaba el arma.
- Jaime, llevas 3 meses de retraso con los pagos, no te he metido prisa ni presión, pero necesito que me pagues y en especies.
- Sí, dime, qué puedo hacer por ti, ¿tú estás sano o no?
- No es para mi, es para ella – dijo señalándome – y no quiero que nadie sepa que está aquí.
- Pues perdóname Lukas, no estás haciendo mucho para que sea así.
- No me putees cabrón, sabes que no tengo sentido del humor – dijo poniéndose muy cerca de su cara.

Antúnez no dijo nada más, llamó a un par de celadores, trajeron una camilla. Jon me dejó con cuidado y Lukas les siguió, cualquiera le decía que no podía entrar o que esperara fuera, estaba muy nervioso. Miraba la escena, con un brazo cruzado en el pecho y mordiéndose la uña del pulgar derecho, en silencio. Como me sacaban sangre, me llenaban de tubos, o un médico presionaba con sus pulgares en busca de huesos rotos. Cerraba los ojos cada vez que me oía quejarme, como si le doliera a él hasta el último de mis arañazos. Hubo un momento que pude mirarle, sus ojos se empañaron y pude leer en sus labios “tranquila, te quiero”. Me inyectaron algo y me quedé dormida en un profundo sueño.

Me desperté pasados tres días. Lukas estaba dormido en un sillón, con un libro sobre las piernas, con una expresión dulce, si es que dormidito parecía un ángel. En ese momento oí ruido tras la puerta, era una voz familiar discutiendo con alguien:

- ¿Está aquí? - gritaba un hombre enfurecido, era Manuel.
- Lu… Lukas, des… despierta, Lukas… - susurré mientras intentaba alcanzar el vaso de cristal que había sobre la mesa con la intención de tirarlo al suelo, lo conseguí, pero no se despertó.
- ¿Estás aquí Silvia? - dijo Manuel mientras entraba por la puerta con Rubén y Fran.
- ¡¡Vaya, vaya, pero si está con el mismísimo Lukas, que zorra!! - dijo Rubén y Lukas sin despertarse - cuando hayamos acabado con él voy a terminar lo que comencé en el calabozo.

Intentaba despertarlo, pero no me salía más que un hilito de voz. Manuel sacó su pistola y se la dio a Rubén, que acercándose por la espalda a Lukas le mete un tiro en toda la nuca. Me caigo de la cama intentando huir.

- Silvia, Silvia, tranquila, he llamado ya – oigo a Lukas que me despierta.
- ¿Qué pasa? - pregunta una enfermera mientras entra por la puerta.
- Tiene mucha fiebre, ha comenzado a hablar en sueños - le explicó Lukas.
- Voy a llamar al médico.
- Lukas, Manuel está aquí, vete, por favor, te quiere matar - le dije entre lágrimas.
- Pero peque, eso es imposible. Tshhh, tranquila, tienes mucha fiebre y deliras, no pasa nada - mientras me besaba en la frente con mi carita entre sus grandes manos.

La cabeza me iba a estallar y oía con bastante dificultad. El médico observó mis pupilas con una linternita con forma de boli, me repitió varias veces si podía oírle, oírle sí, pero casi no le entendía, aunque eso no era nuevo, no oía muy bien desde hacía unos días. El médico también examinó mis oídos y me volvieron a sacar sangre.

- La infección ha empeorado, hay que doblar la dosis de antibióticos y suministrarle ahora una dosis de metamizol para el dolor y la fiebre - le indicó el médico a la enfermera que escuchaba atenta mientras preparaba una jeringa, dentro de 3 horas, paracetamol.
- Entendido doctor.

Desde ese momento fui mejorando a pasos agigantados, la enfermera ya ni se esforzaba en convencer a Lukas de que ella debía hacer su trabajo, él se encargaba de darme un relajante baño con esponja todas las mañanas y por las noches antes de dormir. Incluso me había dado de su sangre para poder vivir, teníamos grupos sanguíneos compatibles. La verdad es que prefería sus cuidados a los de la enfermera, si me ponía las gotas en los oídos con muchísimo más cariño y la pomada cicatrizante, en las quemaduras de cigarro, iba acompañada de varios besos.

Estaba mejor. Ya Lukas sólo se quedaba las noches conmigo, sabía que era el momento del día más peligroso, la oscuridad de la noche y menos seguridad por todas partes, por las mañanas a primera hora venía Mara y le tomaba el relevo, cosa que nos vino bien, entablamos una buena amistad alrededor de una caja de bombones. Y por las tardes se volvía a acercar él, o mandaba a alguien en su nombre. A pesar de pasarse la noche durmiendo en un sillón, no lo veía demasiado cansado, era un hombre fuerte, además, seguía saliendo a correr por las mañanas y ya había recuperado la forma física, después del envenenamiento de Mir.

Pronto podría volver a la casa de Lukas, sé que él estaría más tranquilo teniéndome en su refugio y no en aquella clínica y yo también estaría más tranquila. Llegó aquella noche, bastante risueño:

- Silvita guapa, ¿cómo estás? – me dijo al entrar por la puerta.
- Pues mucho mejor - dije sentándome – ¿de que te ríes?
- Vengo de ver a Antúnez – siempre lo hacía para que le contara el parte médico – y que me ha dicho que Mara para ser tu hermana no se parece nada a ti.
- Vaya, la primera noticia que tengo, ¿Mara es mi hermana? ¿Y lo saben nuestras respectivas madres?
- ¡Jajaja! Dice que tenéis un cachondeo todas las mañanas.
- Es que Mara es una cachonda – le dije.
- Y tú una santa claro, que ya me han contado lo de la carrera con las sillas de ruedas en el patio y que ha sido idea tuya.
- ¡Boh! ¡¡No ha sido nada justo yo tengo la muñeca rota!!
- Sí, claro, ¡¡pero tendrás morro, la tuya llevaba motor!!
- Veo que te lo han contado todo sí – dije sonrojada – que traidora es Mara, eso es porque ha perdido.
- ¡Jajaja! Tiene muy mal perder. Supongo que habrás cenado ya y todo eso, la hora que es.
- Sí.
- ¿Estás cansada?
- Sí, pero de estar aquí metida.
- Ya te queda poco – dijo mientras iba a buscar al baño la esponja, la toalla y agua templada en un recipiente.

Comenzó a quitarme la ropita de cama y a desabrocharme el camisón. Me miraba cómplice mientras.

- Te salva que no estamos en casa.
- ¿Me salvo de qué? – pregunté con falsa inocencia mientras acercaba su mano entre mis piernas.
- ¿Estás preparada ya?
- Creo que sí, me dijo el médico que estaba mucho mejor, no tengo molestias, pero ¿y si nos pillan? Tienen que venir a buscar la bandeja de la cena … ¿qué morbo no? :P

Lukas corrió a cerrar la puerta de la habitación, luego tiró de mi cogiéndome por detrás de las rodillas mientras se mordía el labio inferior, dejándome en el filo de la cama, se sentó en una silla y comenzó a besar el interior de mis muslos mientras me ayudaba a colocar los pies en el respaldo de la silla, también me daba pequeños mordiscos, me hacía cosquillas y lo sabía. Cambió mordiscos por lengüetazos y besos y sus manos recorrían mis piernas, me había dicho en muchísimas ocasiones que le encantaban. Cuando sentí sus labios rodeando mi clítoris un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y arquee la espalda, suspiré con la boca semiabierta y los ojos mirando al vacío. Entonces su lengua cobró protagonismo y comenzó a pasarla entre mis labios, por la entrada de mi vagina, subiendo a mi clítoris. Paró para humedecerse los labios y saborearme y comenzar a besarme el coñito, cogiéndolo entre sus labios, me bebía y luego subía a mi clítoris para masturbarlo.

Mis sentidos se agudizaron, no quería que nos pillaran, y eso me ponía más cachonda. Con mi piececito comencé a acariciar su nuca, paró un momento para besarme el empeine y siguió. Creía que el placer me iba a volver loca cuando su pulgar masturbaba mi clítoris y su lengua rodeaba mi ano. Luego volvía a beberme, las caricias hacían que me humedeciera mucho. Fue extremadamente cuidadoso cuando me metió un dedito y se quedó esperando respuesta, buena o mala, fue buena, estaba muy húmeda. Pronto probó con otro dedito, para ello no dejó de masturbarme con la boca, lo recibí encantada. No paraba de imaginar cuando me follaba, uf! si es que me moría de ganas, sólo tuve que recordar cuando me decía obscenidades en el oído o se corría dentro de mi, para dejarme llevar por el orgasmo. Mi vagina aprisionó sus dedos, había perdido forma física, pero lo notó, sentí por un instante una leve sonrisa sin separarse ni un cm. Era un amante bien disciplinado, sabía que el orgasmo femenino es largo y no había que separarse demasiado rápido, sino dejar morir cada escalofrío pacientemente.

- Uf! me he corrido sin tocarme, como un colegial, pero es que volver a beberte con las ganas que te tenía… después de tantos días sin ni siquiera mirármela!! Jaja!
- Uh! – me quedé jadeando sobre la cama, con una sonrisa, tenía el corazón a 100 – espera, ven – le dije mientras me incorporaba, él me ayudó y le di un beso en los labios.
- Me voy al baño corriendo, vuelvo ahora, no quiero terminar de mancharme la ropa.
- Vale…

Luego se fue al baño a lavarse, me tapé un poco mientras le esperaba no quería coger frío y estaba pendiente mi baño con esponja.

Continuará…

Si quieres leer la historia desde el principio [Lukas].

¡SALTA!


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