Lukas 2.13

Minah | Lukas | Saturday, 13 October 2007

Pareja - Relatos eróticosLukas tampoco necesita presentación, y cada vez la cosa se pone más tensa! Silvia por fin está salvo, pero ahora le espera una nueva vida, muchos cambios… ¿qué puede hacer? ¿huír de todo? ¿hacerse partícipe de los asuntos de Lukas? … y a vosotros ¿qué os gustaría, una Silvia del lado bueno, como hasta ahora, o una Silvia del lado malo?

Cuando salió del baño empezó a curiosear por la habitación, levantó la tapa de la bandeja de la cena.

- Pero Silvia… ¿es que esto no lo has querido?
- No, era demasiado ya y la sopa no me gusta.
- ¡Boh! Pues genial, porque traigo un agujero en el estómago.
- Nunca pensé que podías venir con hambre – dije con sarcasmo por lo sucedido hacía unos minutos – pues la salsita tenía buena pinta pero es que no podía más.
- Tranquila, tú no te apures, que te ayudo para que no les hagas el feo de dejártelo, además todo está aun calentito.

Me puse la bata, aguanté la bandeja como pude con una mano mientras él se colocaba la mesita a su altura, luego me senté a su lado y mientras mojaba el pan en la salsita, le ayudé quitándole el envoltorio a la cuchara, me gustaba verle comer :)

- Si me miras así me pones nervioso.
- Lo siento, es que me gusta mirarte, el mejor momento del día es cuando vienes a verme.
- Bueno, pues cuéntame algo mientras – le conté varias cosas sin importancia, quería esperar a que cenara.
- Pero bueno… hay una cosa importante que tengo que decirte.
- ¡Dime!
- Pues ha estado esta mañana el médico aquí y … me ha visto y …
- ¿Y qué?… ¡me estás poniendo nervioso!
- Que posiblemente mañana pueda irme ya a casa.
- ¡¡Silvia!! – dijo Lukas con una enorme sonrisa mientras se levantaba a abrazarme, al separarse estaba una pizca emocionado, yo también.
- Sí, pues mañana ya… el médico vendrá… pues a media mañana y si todo está bien pues me dará el alta, pero con condiciones, tendré que venir no sé cada cuanto para lo de la muñeca y todo eso. Y me alegro que Mara haya guardado el secreto, te lo quería decir yo.
- Hace días que preparo tu vuelta, no hace falta decir que quiero que te quedes en casa, allí podré cuidarte y estarás tranquila, no te pasará nada – dijo mientras cogía los bártulos del baño con esponja, comencé a quitarme la bata, se me quedó enganchada en el yeso – espera que te ayudo.
- Uf! que ganas tengo de que me lo quiten, le he preguntado de broma al médico si podría volver a tocar el violín y él que ha visto la guasa me ha contestado “¿pero sabes tocarlo?” no me esperaba esa respuesta.
- Jajaja ¿y qué le has dicho?
- Pues que no.
- Jajaja ¿y qué te ha contestado?
- Pues que posiblemente siga sin poder hacerlo, pero si lo hago y bien, que quiere ser el primero en enterarse, para hacer negocio y eso, jaja.
- Jaja, muy buena, venga, túmbate… ¿está el agua bien de temperatura?

Asentí con la cabeza, comenzó el baño, como otros días, con una pizca de suerte, al día siguiente, sería en casa con Lukas. Cuando apagaron las luces, se quedó contándome historias y anécdotas vividas, como fue ascendiendo en la organización, que méritos hizo para eso, y como juró venganza cuando a los 13 años asesinaron a su padre en su propia cara.

- No se lo había contado nunca a nadie, como te lo he contado a ti - me dijo - me prohibieron hacerlo y ya cuando pude no lo hice… Bueno, cambiemos de tema que este nos pone tristes.
- Ven - dije acercándome y acto seguido le daba un dulce beso - ¿mejor ahora?
- Perfectamente… no me perdonaría que a ti también te pasara algo, bueno, no pensemos en eso, ahora tienes que dormir. ¿Te toca el sedante ahora, no?
- Sí.
- Espera, voy a buscarte un vaso de zumo, ¿de melocotón?
- Sí, porfa.

Entró sacudiendo el zumo unos segundos más tarde, se quedó parado a menos de un metro, me miraba y sonreía, me encantaba verle, su pelo, su perilla rodeada de barba de un par de días, sus ojos azules oscuros, sus dos pendientes en la oreja izquierda, con sus tejanos, sus zapatillas, su chaqueta azul con las letras ‘ENGLAND’. Me encantaría saber lo que pensaba, se me daba muy bien reconocer miradas, pero a veces Lukas me dejaba desarmada, me recordaba la mirada, la vez que me subió a horcajadas sobre su cintura y empezamos a hacer el amor salvajemente, casi llevaba la misma ropa que aquella vez, recordaba ver sus pies enfundados en sus Puma, reflejados en un espejo vertical, cuando me descubrí en él, excitada, jadeando con la boca semiabierta, él de puntillas, embistiéndome contra la pared, mi falda remangada a mi cintura, sus manos sujetando mis caderas … por fin dijo algo:

- Te comería, Silvia, pero sin piedad, sin dejarme nada… ¡uf! ¡no quiero pensarlo más! ¡Jaja! Me quedaré un rato trabajando en esa esquinita – dijo cambiando el registro - y luego intentaré echar una cabezadita en el sillón.
- Vale, pero que no sea demasiado tarde, tienes cara de cansado.
- No te preocupes, tú descansa.

Cuando me desperté, Mara ocupaba el sitio de Lukas en el sillón, ojeaba una revista.

- Mara… ¿y Lukas?
- ¡Buenos días! Pues se fue bien temprano, dijo que volvería en un par de horas… y bueno, estoy toda intrigada, ¿qué vas a hacer?
- ¿Con qué?
- ¿Con todo? O es que piensas volver a la comisaría… - me dijo con un tono irónico - bueno, es algo que debes aclarar con Lukas pero no está de más que comiences a planteártelo. Si Lukas se fijó en ti, el gran soltero de oro, - a la vez que levantaba sus cejas - es que eres muy buena, llegarías lejos. Aunque es cosa vuestra.

El médico llegó en ese momento, me preguntó como me encontraba y si tenía ganas de que me dieran el alta, lo cierto es que fueron muy amables conmigo en todo momento, debía ser que era cierto eso de que Antúnez le debía mucho dinero a Lukas. Mara me ayudó a preparar la bolsa, Lukas no tardaría en llegar.

Encendí el móvil después de varios días apagado, tenía mil mensajes en el contestador y otros tantos sms. Había uno de Moyá, preguntándome como estaba, era buen chico, y en el contestador abundaban los mensajes de Manuel, preguntando por mi paradero, en unos más tranquilo y en otros casi histérico. Con tan solo escucharle ya se me empañaban los ojos. Llegó Lukas y se me pasó todo al verle, tras de él llegaba Jon que iba a recoger a Mara. Nos despedimos y me monté en el coche con Lukas, pusimos rumbo a su casa.

Lukas cogió mi bolsa cuando salimos del coche, y se la puso al hombro, no sé que había estado haciendo pero indudablemente estaba más cachas, atrás quedaron los días de debilidad por el envenenamiento de Mir. Abrió la puerta, invitándome a entrar y me di cuenta que lo había redecorado todo una pizca, haciéndolo todo un poco más acogedor. Le sonreí al ver el cambio.

- Quiero que te sientas como en casa, como mínimo hasta que estés mejor y quieras decidir en que casa quieres quedarte, aunque tengo la esperanza de que sea … - no le dejé terminar, le di un largo beso.
- Mi casa estará donde estés tú - le dije.
- Arribaaa - me dijo mientras me cogía en brazos - sé que echas algo de menos… un baño de verdad.
- Síiiiii.

Mientras la bañera se llenaba lentamente de agua templada, buscó algo para proteger el vendaje de la muñeca, de todos modos con una pizca de cuidado sería suficiente. Me ayudó a sentarme en la bañera y comenzó el baño, aún tenía heridas, por lo tanto fue extremadamente cuidadoso con ellas. Me secó de la misma forma y me llenó de besos mientras me llevaba en brazos a la habitación. Me dejó en la cama con cuidado, desnuda, y se puso de pie a poca distancia, comenzó a desnudarse, estaba medio empalmado ya, cuando se giró para dejar la pistola y la ropa sobre una silla, me quedé mirando su espalda, su culo bien puesto y sus piernas.

Se tumbó a mi lado, puso ropa de cama sobre nuestros cuerpos desnudos y comenzó a besarme el cuello, con su manos mientras recorría mis curvas bajo las sábanas, empezó entonces a bajar por mi pecho, a dedicar un tiempo a mis pechos, para besarlos, cogerlos con la mano, magrearlos bien al fin y al cabo y succionar los pezones ya duritos por la excitación. Siguió bajando entonces y empezó a comerme suavemente, simplemente caricias sobre el clítoris, besos, lengüetazos, mordiscos con los labios y luego dedicó un tiempo a beber mi excitación y cambiar mis fluidos por su saliva. Sabía que si necesitaba pequeñas treguas en un periodo más corto de tiempo, era que estaba llegando a punto crítico de excitación y ya era hora de dar un paso más. Se acomodó entre mis piernas con cuidado, sujetaba parte de su peso colocando su codo sobre la cama, con la otra, y con ayuda también de una mano mía comenzó a penetrarme despacio.

- Para, para - le rogué mientras en mi carita se advertía un gesto de dolor, aguanto incluso la respiración, cuando me sentí lista le pedí que siguiera.

Para eso puse mi mano libre en una de sus nalgas y le indiqué que siguiera su camino, no lo dudó ni un instante. Me rodeó entonces con sus brazos y su piel, mientras empezaba a moverse lentamente, al oído me susurraba cosas dulces, en su lengua, como si fuera un secreto entre ambos, del que nadie más tenía que ser partícipe, lo entendía todo perfectamente. Intercambiaba las palabras con besos en el cuello. Cerré los ojos, concentrando el placer en un punto, me acerqué a su oído yo entonces y con la voz entrecortada, presa de la excitación y del inminente orgasmo le dije que le amaba, pero no como me enseñaron a decirlo otras personas, sino como me había enseñado él, ese fue el desencadenante del orgasmo para ambos, le abracé fuerte y él hizo lo mismo, hubiera arañado su piel con mis uñas, pero me limité a pasar las yemas de los dedos, sintiendo su cuerpo contornearse entre mis manos.

Quedamos rendidos y después de un dulce beso, nos quedamos adormilados, él abrazado a mi cintura por detrás.

Continuará…

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