Lukas 2.14

Minah | Lukas | Saturday, 27 October 2007

PechoAcabo de repasarlo, uf! corto pero muy muy MUY intenso! creo que es uno de los más ‘fuertes’ de toda la novela… mejor que no diga nada más y lo leéis vosotros mismos…

No había parado de tener pesadillas, todas las noches, desde que llegué a la clínica, en todas lo mismo, Manuel y compañía torturándome y obligándome a hablar, me desperté muy alterada, cuando vi que todo había sido un sueño rompí a llorar de la angustia. Lukas entró corriendo a la habitación al oírme:

- ¿Silvia, qué te pasa? ¿Estás bien?
- Sí, sí, sólo pesadillas - le dije mientras me acurrucaba en su pecho.
- ¿Manuel y demás otra vez? - mientras me acariciaba el pelo y ponía su barbilla en mi cabeza.
- Sí…
- Tranquila, pronto acabará todo y no volverás a tener más miedo - dijo muy serio, casi enfadado - te prometo que ninguno de esos te hará daño nunca más… ¿Estás mejor peque?
- Sí, más tranquila.
- No pienses más, ha sido sólo una pesadilla. Venga, tenemos que empezar a movernos, esta tarde tenemos que ir al piso, irá Pedro y hablaremos de tus excompañeros de trabajo. No te lo había dicho hasta ahora para no preocuparte, pero es mejor que te vayas preparando psicológicamente, va a ser duro.
- ¿Qué tiene que ver Pedro en todo esto?
- Pedro estudió medicina, no terminó, pero nos ayudará a traducir el informe médico.
- Entiendo…

Comimos algo, remoloneamos un poco en la sobremesa y nos fuimos. Cogimos el coche y pusimos rumbo al piso, mientras caminábamos por la calle Lukas me pasaba el brazo por los hombros, así estaba más tranquila. Había mantenido durante mucho tiempo una situación muy incómoda, jugando a dos bandas, con los buenos y con los malos, era una poli que había estado persiguiendo a Lukas y sus amiguitos durante mucho tiempo, a muchos no se les olvidaba eso, pero Lukas tampoco quería dar aviso de la actual situación, ya que se podía filtrar información y que la poli sospecharía que de pronto me quitaran del punto de mira. Lukas se dedicaba a proteger mis últimos pasos, pero era una situación frágil, ¿y si algún día no hubiera podido controlar a los suyos? Pero es que tampoco había podido controlar yo a los míos. Me decía que era una chica con apariencia frágil, pero muy fuerte, aunque ya daba igual, lo habíamos hablado, no podía volver a la comisaría, además, estaba muy defraudada con todo, no había sido más que un títere, me exprimieron todo lo que pudieron y cuando no les interesé intentaron librarse de mí, me juzgaron y condenaron sin estar seguros de nada. Sólo confiaba en Lukas, que desde el primer día, y siendo su principal enemiga, había cuidado de mí.

Llegamos al piso, ya había llegado Pedro, Lukas me había advertido que iba a ser un rato difícil para mi, porque iba a tener que revivir todo aquello, le dio entonces el informe médico a Pedro. Nos sentamos en la mesa donde se reunían y Pedro comenzó a leer en voz alta, había cosas que se entendían perfectamente, el problema era cuando entraban en juego términos más médicos.

- Silvia, la muñeca derecha ¿quién te la partió? – me preguntó Lukas mientras escribía en un papel .
- Fran.
- ¿Cómo? ¿Había alguien más? ¿Las marcas de las muñecas también te las hizo él al tirar de la cuerda?

Poco a poco fue pasando el particular interrogatorio, a veces Lukas y Pedro hablaban entre ellos en su lengua:

- Qué hijos de puta – dijo Lukas.
- Sí, vaya que sí, lo tendremos en cuenta cuando tengamos que sacarle la información a alguien de los suyos – decía Pedro – no hay plomo suficiente en el mundo para el Manuel ese.

Pedro también era deportista como Lukas, se notaba que se cuidaba bastante, aunque, menos Jon, que era el que menos, todos valoraban mucho la forma física. Cuando acabó el interrogatorio y estaba más tranquilita, me senté en el sofá mientras ellos hablaban de cómo lo iban a hacer, por un momento pasó por mi mente la idea de tirármelos a los dos a la vez, la mente es libre y no me desagradaba nada la idea.

- Nos vamos ya – me dijo Lukas sacándome de mis lujuriosos pensamientos.
- Sí…

La idea me había puesto cachonda, aunque era una de esas fantasías que mejor que quedaran en la imaginación, era simple deseo carnal e incompatible por lo que sentía por Lukas. Había que quedarse con lo positivo del asunto, estaba cachonda, e iba a sacarle partido. No habíamos salido por la puerta del portal, cuando me lancé a sus labios y puse mi mano izquierda sobre su paquete acariciándole.

- Ui, ui, ¿cómo estamos no?
- ¿Cómo estamos de qué? – le dije mientras buscaba su boca, poniéndome de puntillas – si no fuera porque estoy aún convaleciente y tenemos que tener cuidado… te follaba aquí mismo.
- Mmmm… que bien suena eso – me dijo mientras me subía a horcajadas sobre él – en 10 min estamos en casa. Te noto… muy receptiva.
- Sí, es verdad, lo estoy, habrá que aprovechar, ¿no?
- ¿Sabes dónde está tu límite? – me preguntó.
- ¿Qué límite?
- ¿Cuántos orgasmos puede soportar este cuerpecito tuyo – me dijo en la orejita.

No dije nada, un escalofrío me recorrió la espalda, me limité a sonreír cuando me bajó, me cogió de la mano y pusimos rumbo al coche. El rato que duró el trayecto estuve diciéndole obscenidades al oído mientras le acariciaba sobre la ropa. Subimos corriendo las escaleras, directos al baño, nos desnudamos a toda prisa y Lukas se arrodilló un momento para besar mi pubis, su lengua traviesa buscaba la entrada de mi vagina.

- No, no, debemos esperar, ya sabes… – mientras me daba la vuelta para entrar en la bañera.
- Tienes un cuerpo de diosa ¿y me pides que espere? – mientras cogiéndome de las caderas me mordía y besaba las nalgas – tienes razón, tenemos que hacer caso al médico, no quiero causarte una infección.

Quedaban pocos días de cuarentena, pero después de los malos tratos en la detención me habían recomendado extremar las precauciones y cuidar la higiene, escrupulosamente, de todo lo que iba a entrar dentro de mi cuerpo. Esa situación lo hacía todo más divertido, me encantaba “ayudar” a Lukas con la “tarea”, era una forma de aprender de su cuerpo, y de seguir con el juego de ver que caricias le gustaban más. Me recogí el pelo, mientras él me lavaba la espalda, bajando con sus manos a mis nalgas, que rodeaba con sus dedos. Luego el agua comenzó a enjuagar los restos de jabón, mientras nos besábamos bajo ella.

Me rodeó con la toalla, una vez fuera de la ducha y me volvió a subir a horcajadas, esta vez desnudos, con la piel fresca tras la ducha, sin dejar de besarme hasta llegar a la habitación, donde me sentó con cuidado en el filo de la cama, y poniéndose de rodillas comenzó a regalarme sexo oral, hacía rato que estaba cachonda, tan pronto lo sentí, me rendí al orgasmo, en sus labios. Sonrió mientras se relamía, yo recuperaba el aliento y volvió a su faena, pero despacio, desde el principio, calentándome de nuevo, no le costó nada, estaba muy receptiva. Pronto mi cuerpo comenzó a despertar de nuevo, se mezclaba mi receptividad con el placer del anterior orgasmo.

No quería correrme tan pronto esa vez, además, tenía hambre de verdad, necesitaba sentir su polla entrando y saliendo dentro de mi, sin ningún tipo de caricia sobre el clítoris, sólo machacándome, relajando mis músculos, es difícil de explicar. Así que sin decir nada me puse a 4 patas en medio de la cama, pronto sentí su polla, húmeda, esparciendo dicha humedad, mezclándola con la mía propia. Pronto me sentí indefensa, su polla estaba en la entrada de mi coñito, muy lubricado, introdujo la punta, y a partir de ahí comenzó a avanzar milímetro a milímetro, hasta estar completamente unidos. Mi mano viajó entre mis piernas, primero acaricié mi coñito, la base de la polla de Lukas estaba unida a él y luego con mi mano comencé a acariciarle los huevos, a masajearlos, mientras él comenzaba a moverse. Utilicé ambas manos para apoyarme sobre la cama, mientras Lukas sujetaba mi cintura y me atraía hacia él.

Esa posición hacía que me sintiera de alguna forma “usada”, me excitaba y mucho. Comencé a acariciarme el clítoris cuando noté que me gustaba demasiado. Me corrí otra vez, en esa posición, de entrega absoluta.

Me tumbé en la cama, exhausta, sonriente, Lukas estaba muy excitado, no se había corrido aún, cuando recuperé la respiración se humedeció los dedos, sin dejar de sonreír.

- Cómo van las cosas por aquí abajo – me dijo mientras acariciaba mi clítoris.
- Bien bien, le sigue gustando.
- Mmmm, perfecto.

Comenzamos a hacer un 69, mientras me volvía a comer por mi mente sólo pasaba una cosa, la posibilidad de que en cualquier momento no podría resistirlo y se correría en mi boca, dejándola llenita de semen sin que yo pudiera hacer nada, simplemente bebérmelo, a medida que iba dándomelo. Tuve que pedirle varias veces que parara, no quería correrme aún, y no dejar de pensar en lo mismo tampoco me ayudaba. Se puso entonces sobre mi, separé y elevé las rodillas esperándole, me la metió de un tirón y comenzó a follarme, rodamos una pizca, hasta quedar de lado, nos abrazábamos, puse mi cabeza ladeada en su pecho y así me sobrevino otro orgasmo, sintiendo su piel desnuda. No podía más, estaba agotada. Aún así me dijo que aún podía más, me dio la vuelta sobre la cama, bocabajo y poniéndose a horcajadas sobre mi, empezó a penetrarme de nuevo.

- Cierra las piernas, todo lo que puedas, ténsalas – me susurró dulcemente al oído.

La penetración era muy profunda y friccionaba mucho, cada vez se introducía un poco más, hasta que de pronto algo me hizo gemir profundo, al separarse para volver a embestirme pude sentirlo de nuevo, era el punto G sin duda, sentí entonces como me mojaba mucho.

- Vaya, vaya lo que he encontrado, ¿eh? – me susurró al oído.
- Síii.

Cada vez que salía esa pizca, no más, el resto era fricción con la parte externa de mi chochito contra su cuerpo, al introducirse lo sentía de nuevo, era un movimiento tan corto que casi no sentía separación entre su glande y mi punto G, simplemente un dulce rozamiento sobre él. Al correrme no pude evitar gritar, mordiendo la sábana encerrada en mi puño. Sentía su cuerpo aprisionándome mientras yo pedía una falsa clemencia, cuando me susurró al oido:

- Te quiero.

No dije nada, sólo un par de lágrimas resbalaron por mis ojos, mientras sonreía. Fue el orgasmo más intenso de todos. No podía más, entonces Lukas me dio la vuelta, me llevó al filo de la cama, se puso de rodillas y comenzó a follarme así, mientras sujetaba mi cintura para tenerme cara a cara sin dejar que quedara sobre la cama. Con el culo en el filo y los pies de puntillas, me folló cuanto quiso, creo que nunca había estado tan mojada, hacía conmigo lo que quería. Fue entonces cuando se corrió él y gritó un par de veces, sentí placer al oírle y mucho más al sentir como explotaba dentro de mi, cerré los ojos y sentí como me iba dejando sobre la cama, entonces el quedó arrodillado sobre sus tobillos y puso la cabeza en uno de mis muslos. No tardó en reponerse y besar el muslo. Me deslicé sobre la cama, y él también, nos tapamos y nos quedamos sin decir nada durante unos instantes, lo que nos llevó a quedarnos dulcemente dormidos.

Continuará…

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¡SALTA!


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