Lukas 2.17

Minah | Lukas | Saturday, 12 January 2008

Tomohide IkeyaNos fuimos a la ducha y la compartimos, luego Mateo hizo de taxista y nos llevó al pueblo, allí vimos al médico, era mejor bajar al pueblo, tenía más instrumental, nos atendió en su casa, estuvo un buen rato haciéndonos pruebas de visión, oído y equilibrio. Cuando nos quedamos a solas mientras iba a buscar papel para escribir las recetas:

- Me he fijado en el detalle, a ti te ha calentado el fonendoscopio con el aliento antes de ponértelo en la espalda… – me dijo.
- Sí, es verdad.
- ¡Pues que sepas que estaba frío de cojones!
- Jaja, se siente… sí, yo me he fijado que no le quitabas ojo.
- Mara una vez bajó porque estaba resfriada y me dijo que tenía la mano muy larga.
- ¿Y?
- Pues que no quiero que …
- ¿Qué me toque? – le interrumpí.
- Pues sí, que te toque.
- ¿Y me has preguntado a mi si me gustaría eso? Quién sabe… esas manos expertas… vale, venga ya paro que te estás poniendo verde por momentos…
- Perversa, eres sencillamente perversa… seguro que buscando esa definición en la enciclopedia sale tu foto al lado.
- Bueno… ya encontré un paquete de recetas – dijo el médico interrumpiendo la conversación.
Entre las recetas y el papelito con las instrucciones, nos fuimos bien empapelados.

Medicamentos y reposo para los dos, nada de esfuerzos, no tenía más historia. Mateo esperaba con el coche a la salida del pueblo, me senté atrás a leer los prospectos tranquilamente de la medicación de ambos, mientras Lukas y él hablaban de otros temas. Sonó mi telf móvil, lo tenía en el bolsillo de la chaqueta tejana, llamada anónima.

- ¿Sí? – respondí cauta.
- No cuelgues… estás metida en un buen lío y más vale que escuches si quieres tener alguna opción.
- ¿Manuel? – Lukas se giró medio preocupado medio extrañado, le hice un gesto con la mano para que estuviera tranquilo.
- Sí, sabemos que estás con Lukas y que eres cómplice del asesinato de Fran, cometimos un error contigo, pero no puedes arruinar tu vida así, vuelve a comisaría y hablaremos para que quedes libre de cargos.
- … – no decía nada, sólo escuchaba.
- ¿No contestas?
- No-voy-a-ir – tenía el corazón a 100 y la mirada empañada.
- Mira puta, ¡por tu culpa van a sufrir muchos amigos tuyos!
- ¡Pero nadie ha hecho nada, esto es cosa mía! – rogué interrumpiéndole mientras resbalaba una lágrima por mi mejilla.
- ¿Qué pasa Silvia? Dame el telf – dijo Lukas, alargando la mano y cogiéndolo.
- Amenazan de hacer daño a los míos … – dije mientras soltaba el telf.
- ¿Por qué no me has llamado a mi directamente? ¿Atraerla a ella para conseguirnos a los dos? Menudo cobarde… aún no lo sabes, pero ya estás muerto, ahora depende de ti hacerlo de una forma u otra – y colgó – menudo cabrón… ¿estás bien Silvia?… No te preocupes, no se les irá la mano.
- Ya – dije mirando al vacío con la mirada empañada.

Me calmé un poco mientras llegábamos al campamento, Lukas tenía razón, no se les podía ir la mano por dos razones, la primera porque la amenaza que le había hecho y la segunda por la justificación que deberían hacer de sus actos. Aún así me angustiaba la idea de pensar que alguien lo iba a estar pasando mal o que podían hacerle eso a gente más cercana a mí.

- Para tu ex-jefe soy su trofeo, le encantaría colgar mi cabeza en un lugar destacado de su despacho, para mi sólo es una piedrecita en el zapato… así que no lo pienses más, ¿vale? – me dijo pasándome el brazo por encima de los hombros mientras caminábamos, ya habíamos llegado – mira, quiero que veas algo…
- Vale – le contesté mientras nos metimos por una callecita, el campamento era como un pueblecito pequeño.

Llegamos a una especie de plaza, nos aproximamos a una casita, entró sin llamar la puerta estaba abierta:

- La hora que es seguro que han bajado al pueblo a comprar, no te preocupes que no hay nadie… – dijo mientras cogía una llavecita de un armario diminuto en la pared, cruzamos un pasillo largo y al final de este una puerta cerrada, Lukas abrió la puerta con la llave que había cogido – tranquila ¿eh?
- Sí… pero me estás asustando.
- No, no te preocupes, sólo quiero que veas algo.
- … – ya el ruido de la doble vuelta de la llave hizo que se acelerara mi respiración, era la habitación donde había estado secuestrada, di dos pasos atrás, él me cogió del brazo – no, no quiero entrar ahí, no quiero entrar otra vez… – a veces Lukas conseguía asustarme de veras, me sonreía malévolo, mientras sujetaba mi brazo sin dejarme ir – Lukas, por favor, por favor.

Me levantó cogiéndome por detrás de la cintura y me metió dentro de la habitación, cerró la puerta tras de él. Mi corazón latía muy deprisa.

- No quiero que olvides quien soy Silvita. Sabes que me pone tenerte así… y lo mejor es que sé que a ti también te da morbo.
- … – temblaba como una hoja, y sí, sentirme sometida de esa forma me ponía cachonda.
- ¿Me equivoco?
- No…
- Últimamente se estaba “añoñando” nuestra relación – me dijo justo antes de cogerme la barbilla y comenzar a besarme – te acuerdas cuando era tu peor enemigo?
- Sí…
- ¿Y te acuerdas cuando Ramón te entregó en el bosque?
- Sí…
- Estabas muy asustada, ni te imaginabas que hacía meses que esperaba ver como apagabas la luz de tu habitación por la noche – me dijo mientras de un tirón me arrancaba las bragas bajo la falda, para sonreír fugazmente luego. Buscó con los dedos donde cerraba mi falda, cuando consiguió desabrocharla, cayó a mis tobillos, llevaba medias a medio muslo sin liguero.
- ¡Uh!
- Me tuve que contener mucho para no subir a tu casa, forzar tu puerta y violarte allí mismo, no me hubiera costado nada… pero sólo tenía que esperar unos días más para que tú misma separaras las rodillas… ¿recuerdas el primer polvo? – mientras me quitaba el jersey, el cuello alto alborotó mi pelo – no querías y acabé sintiendo como tus músculos me exprimían cuando llegaste al orgasmo.
- Sí, lo recuerdo – le respondí, respiraba entrecortadamente – nunca nadie se había corrido dentro de mi – le ayudé a desabrocharme el sostén, sólo me quedaban las medias.

Sus dedos empezaron a tocarme, estaba muy húmeda, se los metió en la boca y los chupó, luego me dio a probar a mi de mis propios fluidos. Su mano izquierda desabrochaba su pantalón, que caía a sus tobillos, junto con sus boxers, se había quitado las zapatillas con los talones y pudo terminar de quitarse los pantalones con facilidad. Cogió mis antebrazos y me los puso rodeando su cuello, acariciándolos, mientras me besaba y me saboreaba de nuevo de sus labios. Empezó a pasar su polla dura por mi pubis, se clavaba en él, estaba muy excitado. Me aupó, cogiéndome de las caderas, me cogí fuerte a su cuello y espalda, rodeando su cintura con mis piernas, cogiéndome fuerte, su brazo derecho sujetaba mi culo, cruzando mi cintura, y su mano izquierda sujetaba su polla, me dejó resbalar por su cuerpo, yo gemía y jadeaba en su orejita, poco a poco fui quedándome bien llenita, sus dos manos ya sujetaban mi culo, dejándome caer para terminar de meterla.

- ¿Estás bien? – me dijo en unos segundos de tregua.
- Sí, sí – le besé mientras seguía rodeando su cuello – cógeme fuerte… no me dejes caer.
- Nunca.

Comenzó a moverme y a moverse, saliendo y entrando en mi. Para sujetarme tenía que separar mis nalgas, sentía una penetración limpia, sin ningún otro tipo de roce, excepto el que ejercía el tronco de su polla en mi clítoris. Se detuvo un momento y volvió a auparme para colocarme mejor, comenzó a caminar y puso mi espalda en una pared, allí empezó a follarme fuerte, como un animal, fuera de si, no tenía escapatoria, sólo me sujetaba fuerte a su cuello mientras cerraba los ojos. Ni siquiera podíamos besarnos, estábamos muy excitados. Mis gemidos y jadeos fueron cada vez más agudos y más dulces, estaba a punto de correrme. Cuando exploté arquee la espalda, moviendo mi cintura acercándome a su cuerpo. Él no dejó de darme, no pudo evitar correrse, sé que estaba ejerciendo mucha presión con los músculos de mi vagina sobre su polla. Un segundo antes de correrse me susurró al oído “¡joder joder como la coges! ¡¡Me estás volviendo loco!!” Le flojearon las rodillas, y empecé a sentir como resbalaba mi espalda por la pared lentamente. Él quedó de rodillas, sobre sus tobillos, con los pies de puntillas, con su brazo derecho sujetaba y rodeaba mi cintura y el izquierdo lo tenía puesto en la pared, jadeaba, yo también. Quedé sentada sobre él, abrazados, desnudos, … nos miramos a los ojos y nos sonreímos cómplices. Luego vino a besarme, estuvimos un rato largo mirándonos a los ojos, sin decir nada, a veces mi coñito se contraía a modo de pequeña réplica, nos quedamos experimentando eso, en silencio, compartiendo esa sensación, únicamente nuestra.

- Estoy empezando a tener frío Lukas – le dije cuando pasaron unos minutos – he quedado agotada.
- Sí, yo estoy bastante cansado y vamos a enfriarnos.
Me ayudó a levantarme mientras él lo hacía, mientras me vestía, me buscó unos pantalones, tenía las medias destrozadas, varios enganchones.
- No te preocupes, te compraré otras – me susurró en la orejita al verme examinarlas, por si se podía recuperar algo.

Volvimos a la casa donde estábamos y dormimos una breve siesta hasta la hora de comer.

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¡SALTA!


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