Carolina trátame bien II
Carolina y Santi, Santi y Carolina, ¿en qué piensan? bueno, hasta ahora lo está tratando medianamente bien, todo se andará
feliz noche de viernes, yo como que me voy por ahí, que me han prometido que me van a recompensar por hacer de taxista estas semanas, y con lo ‘animosa’ que estoy, estoy de un ‘piligroso’ ![]()
- ¿Bien? – me preguntó, cuando recuperó el aliento.
- Muy bien – susurré – tengo sed.
- Sí, yo también, espera.
- Espero…
Vi como se levantaba, me acurruqué bajo el edredón y lo cuando volvió me quedé mirando su cuerpo desnudo. Me trajo un vaso de agua. Me senté y él a mi lado, sostenía el edredón en mi pecho, tenía frío. Cuando terminé de beber le di el vaso de nuevo y comenzó a besarme, juguetones, le cogía con cuidado el labio inferior entre mis dientes, o le besaba sin más.
Realmente tenía hambre, se volvió a empalmar, empezó a acercarse a mi peligrosamente, quería repetir:
- Santi, no, no es buena idea, jaja.
- Déjate llevar.
- No, no, que sino no sé que le vas a dar a tu novia cuando la veas mañana, tal vez ¿luego? Y que me tengo que ir… ya te dejaré seco otro día, jaja.
Pasaron un par de días, nos mandamos algunos mails, algunos sms. Casualidades del destino que teníamos unos amigos en común, me lo encontré a él y a dichos amigos, cuando yo salía con una gente a tomar unas copas por ahí. Intenté disimular mi cara de sorpresa al encontrármelo y cuando dijeron que me lo presentaban, estaba con ella, disimulé muy bien y le di dos besos a ambos como si no pasara nada. Él estaba más nervioso, casi no podía hablar y yo malvada, le clavaba mi mirada felina cuando nadie nos miraba.
Nos fuimos a otro sitio, no pasó ni una hora del encuentro cuando me llegó un mensaje al móvil: ‘Dónde estás Carol? Dime que no has vuelto a casa todavía, quieres tomarte la última conmigo?’, le contesté, evadiéndome de todo el ruido y la gente del pub ‘y dónde te has dejado a tu Esthercita?’, me contestó al poco tiempo: ‘en la cama dormidita, me apetece mucho verte, por favor, dime donde puedo ir a recogerte’.
Me subí en su coche, no tardó mucho, vino como una bala donde le había indicado. ‘¿Dónde me vas a llevar?’ le pregunté, ‘ya verás’. Me llevó a un sitio donde ponían muy buena música, al menos había sitio donde sentarse, tenía los piececitos cansados de los tacones, aunque en todo momento mantuve mi caminar firme, seguro, femenino. Estaba muy guapa, unos tejanos que se ceñían a mi cuerpo, unos zapatos de tacón, una camisa con bordados y un cinturón ancho sobre mis caderas, marcando mi fina cintura. No hicimos nada especial, hablar un rato, muchas risas, algunas miradas cómplices… puso su mano sobre mi muslo.
- Aquí no – dije sin sonido, lo pudo leer de mis labios, pero insistió – aquí no, que nos pueden ver – mientras miraba a los lados disimuladamente, sonriendo.
- ¿A tu casa? – no, hoy a mi casa no – ¿sabes de algún sitio?
- Déjame pensar… la casa de mi hermano, creo que no está.
Pagamos y salimos corriendo del local cogidos de la mano, riéndonos, como dos críos que acaban de tramar una travesura, nos montamos de nuevo en su coche.
Durante el breve trayecto, no dejé de jugar con su muslo, él intentaba no desviar la vista de la carretera, sólo sonreía. Mis dedos jugaban traviesos bajo su camiseta. La calle estaba desierta, olía a ‘noche’.
Intentamos hacer el menor ruido posible al entrar al portal, pero seguíamos riéndonos y comiéndonos a besos, sin encender las luces siquiera. Llamamos al ascensor y no nos separamos hasta que tuvo que parar para poder abrir la puerta. No, su hermano no estaba.
- ¡Ui, que casa tiene tu hermano! Conociéndote a ti que eres un niño pijo.
- ¿Yo? ¿Un niño pijo?
- ¡Pufff, pijísimo! Con tus juguetitos, tu ropita, tu cochecito… y no sólo eso, tu novia también es una pija – quería hacerle ‘enfadar’, le miré traviesa, mis ojos decían: ‘¿vas a entrar a mi juego?’.
- De mi novia no quiero que hables…
- ¿De quién? ¿de la pija?
- ¡No quiero que hables de ella!
- ¡Pija!
Me dio la vuelta y me puso cara a la pared, me aprisionaba con su cuerpo, sus manos buscaban desabrochar mi pantalón, le ayudaba disimuladamente, estábamos los dos muy nerviosos. Me cogió las muñecas por detrás y me hizo caminar hasta llegar a la mesa del salón, allí me puso el pecho sobre la mesa, me bajó los pantalones llevándose mi ropa interior con ellos. Temblaba como un flan, estaba muy excitado y sabía perfectamente lo que iba a hacer. Sentí como me penetraba de un tirón, gemí profundo, no estaba lubricada aún, no me dejó reponerme cuando repitió la operación. Seguía aguantando mis muñecas. Intenté mantener mis rodillas lo más juntas y firmes posible, pero no dejaban de temblarme, cuando repitió la operación por tercera vez, estaba algo más lubricada, pero susurré su nombre a modo ruego:
- Santiii.
- … – suspiró entrecortadamente – tranquila, Carolina, ¿te hago daño? – me dijo acariciándome la mejilla, mientras me ponía el pelo tras la orejita.
A buena hora preguntaba, le sentía palpitar dentro de mí. Durante esos segundos pude recobrar el aliento, noté como me lubricaba, en parte ayudada por las gotas de líquido preseminal de Santi.
Empezó a moverse de nuevo, no le dije nada, Santi ante todo era un caballero y jamás hubiera permitido algo así, pero demasiado ‘aquí te pillo, aquí te mato’, disfrutaba, pero necesitaba que mi clítoris estuviera más estimulado. Así que disfruté el momento, sintiendo que se lo estaba pasando genial… mientras yo pensaba obscenidades, me autoconvencía que era un objeto, que era una mujer terriblemente sexy y femenina. Sentía sus manos recorriendo mi piel, mi espalda, se habían puesto en mi cintura, había soltado hacía tiempo mis muñecas.
- ¿Cómo vas Carol? Estoy casi – dijo casi sin dejar de jadear.
- Sigueee, sigueee, no pares ahora…
Se corrió entre fuertes gemidos, estaba lo suficientemente cachonda para disfrutarlo, pero no para poder correrme con él, pero lo disfruté, sentí como me llenaba, sus semillas casi incandescentes otra vez dentro de mi cuerpecito. Mi torso, mi nuca, cuello y mejillas experimentaron un hormigueo y se me puso la piel de gallina.
Se sentó agotado en una silla, pude incorporarme, me quité los pantalones y los zapatos, y caminé a un sillón mientras me quitaba la camisa y quedaba desnuda. Desde su posición quedábamos frente a frente.
- Te voy a hacer un regalito, así que calladito y quietecito ahí donde estás – le dije, mientras caminaba por el salón, supongo que veía mi silueta a contraluz con las luces que entraban de la calle.
Comencé a masturbarme para él, chupé mis dedos, cerré los ojos imaginando que estaba sola y di a mi clítoris lo que tanto necesitaba. Olía el semen de Santi, cuando contraía mis músculos como si estuviera llenita de él, sentía ese exceso de humedad. Tenía una rodilla a la altura del pecho, el otro pie en el suelo, de puntillas. Dejé que las sensaciones me embargaran y me abstrajeran de todo, el orgasmo no se hizo esperar, mis dedos conocían bien mi cuerpo. Entonces, junté las rodillas a pesar de la distancia de alturas, daba igual, lo que quería era aprisionar mi mano, mi brazo se quedaba sin fuerzas, como el resto de mi cuerpo y quería mantener esa presión sobre mi clítoris. Perdí la conciencia un instante, mientras me convulsionaba.
Abrí los ojos lentamente… ahí estaba Santi, me miraba extasiado, con la boca semiabierta clavé mis ojos verdes en los suyos y me humedecí los labios, los tenía secos.
Se levantó entonces, estaba excitado otra vez con el numerito. Cogió mis manos y me ayudó a levantarme, después me chupó los dedos, le sonreía, le miraba.
- Vamos a la cama – me dijo.
Hicimos el amor otra vez. Me penetraba, sobre mi, mientras nos besábamos al mismo tiempo que hacíamos el amor, atrapaba dulcemente mis mejillas entre sus manos y yo sujetaba su culo fuerte, y le marcaba el ritmo, no quería que se separara casi, le obligaba a frotar toda su anatomía contra la intimidad de mi cuerpecito, mientras su polla entraba ligeramente ladeada provocándome mucho placer. Con el orgasmo tan reciente y el cuerpo tan sensible a las sensaciones, no tardé en sentir otro orgasmo, clavé mis dedos en sus nalgas, con todas mis fuerzas le indicaba la cadencia que debían tener sus embestidas, mantuvo la cabeza lo suficientemente fría para seguir con el movimiento que le indicaban mis, cada vez, más debilitados brazos. Cuando terminé, comenzó él, le abracé y puse mi mano en su nuca subiendo a contrapelo, haciéndolo mío, mientras se entregaba, mientras se rendía.
Nos quedamos rendidos, relajados, me abrazaba dulcemente por detrás, mientras llevaba el edredón a mi pecho, besaba mi hombro, me susurraba cositas al oído.
Al amanecer hicimos el amor otra vez.
Al terminar, me hice un ovillito en su pecho, mientras me abrazaba, y terminamos de dormir lo que quedaba de ‘noche’, hasta la hora de marcharnos.
No lo he comprobado, así que espero que no tenga fallos
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… para que regreses..título de una canción de Babel
Joder, yo preocupado porque no había leído , ni comentado esta entrada todavía y me encuentro estos comentarios sobre la misma. Es de un alucine total.
Oye, Minah, muy pero que muy bueno, ahora vpy a por la 3ª entrega. Un poco bruto al principio, aunque sea consentido y provocado, pero después apasionado y dulce y con esa narrativa tan tuya. Excelente trabajo!!! Un abrazo!