Lukas 2.18

Minah | Lukas, Relatos | Thursday, 10 April 2008

Chica acostada entre las sábanasQué de tiempo! pero esto va a así, me va a rachas, a veces me apetece seguir con Lukas, otras veces con cosas nuevas y otras, no me apetece nada de nada :P os dejo con este nuevo capítulo… la cuerda se va tensando y de qué forma! Ei, que eres nuevo y no sabes de qué va toda esta historia, pues tan sencillo como visitar el [Índice de Relatos eróticos] ;)

Jon llamó a la puerta y la abrió:

- Lukas… tenéis que bajar ya.
- Vale – respondió mientras se incorporaba y cuidaba que no se me destapara la espalda, estaba dormida boca abajo con la espalda desnuda.
- Lukas… – susurré mientras me giraba medio dormida, descubriéndome casi hasta la cintura.
- Guau! Quién pudiera compartir lecho con una jaca como esa – dijo Jon.
- Uh! – corrí a taparme mientras Lukas me ayudaba.
- Jon, la próxima vez pregunta si puedes entrar, ¿de acuerdo?
- Sí, sí, pero sabiendo lo que me pierdo no sé si me voy a poder resistir – dijo mientras cerraba la puerta pensando que no le oíamos.

Me di la vuelta avergonzada, dando la espalda a la puerta y a Lukas,

- Venga peque… debí haber echado el cerrojo…
- ¡Dios! ¡Que vergüenza!!
- No pasa nada… Jon tiene razón, tengo mucha suerte, eres preciosa. Venga, date la vuelta, déjame verte… – me susurró en la orejita.
- Vaaale – me di la vuelta despacio, sujetaba la sábana tapándome el pecho, me miraba sonriente, tenía barba de 3 días y pinchaba un poco – ¿cuando te vas a afeitar? Me irritas la piel del cuello si me besas.
- Tienes razón, dime, cómo te gusta más, con perilla, sin ella?
- Me gusta cuando te dejas un poquito de barba bajo el labio, así como… ¿se llama chivo? – dije señalándole con el dedito
- Sí, sí, te entiendo. Tus deseos son órdenes – me besó el dedito y luego los labios – venga, tenemos que bajar… ¿tienes hambre? – me dijo mientras se levantaba y se ponía los tejanos.
- Sí, además huele muy bien…
- Sí, me parece que es… es una comida típica de aquí, abajo te cuento.
Me vestí también con unos tejanos, un suéter, y me metí las zapatillas sin deshacer los cordones y volverlos a atar. Quise girar el pomo de la puerta, pero había perdido movilidad en la muñeca rota:
- ¿No puedes?
- No – respondí – con la izquierda sí.
- Pero con la izquierda no vale, cuando bajemos al médico le preguntaremos que hacer para reforzar esa muñeca… aunque seguro que seguro que los movimientos arriba y abajo, con algo carnoso, suave, y calentito entre los dedos… vaya… no se me ocurre nada ahora para ponerte un ejemplo… ¡¡pero seguro que va fenomenal!
- ¡¡Pero que morro tienes!!
- Tenía que intentarlo – me dijo riéndose, mientras me pasaba el brazo por encima de los hombros.

Al pasar por el pasillo camino al salón encontramos a Mara y Pedro en una actitud muy cariñosa dentro de una habitación con la puerta abierta, se separaron al vernos intentando disimular. Lukas y yo hicimos como si no hubiésemos visto nada y seguimos con nuestro camino. Jon estaba ayudando a poner una enorme mesa, me sonrojé al verle.
- Vaya, parece que vamos a ser unos cuantos – dijo Lukas – hay gente que no te conoce aún, han oído hablar de ti, pero seguro que se muestran recelosos, eres poli, dales tiempo, ¿vale?
- Vale… pero no me dejes sola.
- No te preocupes.
Algunos fueron muy atentos conmigo, traduciéndome todo lo que no entendía y ayudándome, intentaba aprender, pero era demasiada información junta. Otros como me había advertido se mostraban recelosos. Hubo un momento que un par de chicos se pusieron a hablar acaloradamente con Lukas, uno me señalaba, no entendía nada, él les dijo algo bastante enfadado, se levantaron y se fueron. Lukas entonces dijo algo y el resto repitió una palabra alzando el vaso. Al terminar:
- Tengo que llamar por teléfono, y sabes que sólo hay cobertura en el banco que hay en la calle, vete a la habitación y cierra el cerrojo. No tardaré más de media hora, ¿vale? ¿Quieres que te acompañe?
- No, no te preocupes, estaré bien.
Fui, mientras caminaba con las manos en los bolsillos, oí pasos tras de mi, me giré, me seguía uno de los chicos que había discutido con Lukas, aceleré el paso, hasta que eché a correr y él tras de mi. Llegué a la puerta, no pude girar el pomo, la muñeca no me respondía, en esos segundos perdidos el chico me alcanzó aprisionándome contra la puerta con su cuerpo, sujetando mi mano en el pomo para mantener la puerta cerrada y con la otra mano sujetando mi pelo. Al cogerme me había dado con la frente en la puerta.
- Tal vez pienses que has conseguido engañar a Lukas, pero él nunca mezclará su sangre con la tuya, ni los demás aquí te aceptarán…
- ¡Suéltame!
- No nos mezclamos con gente de tu raza, tienes suerte de ser de donde eres, pero aquí, las que son como tu, sólo las utilizamos para desahogarnos cuando no hay otra cosa.
- Por favor… me haces daño.
- Más vale que huyas lejos, que no se te olvide puta y ya sabes, de esto ni una palabra ¿o quieres que le diga a Manuel donde estás? Ni lo dudes, ni Lukas podrá protegerte entonces – dijo aflojando la presión, soltándome luego, me dio un beso en la mejilla y se fue a paso ligero.
Resbalé por la puerta, quedando sobre mis rodillas. Conseguí abrir la puerta con la mano izquierda y arrastrarme hasta estar dentro de la habitación. Me había dado un susto de muerte, cerré con el cerrojo y me quedé llorando con la espalda apoyada en la puerta. Lukas no tardó en llegar, aunque a mi se me hizo eterna la espera. Hizo un toque característico con los nudillos en la puerta:
- ¡Silvi! Soy yo, ábreme la puerta que te traigo una cosita… ¿te has quedado dormida? ¡Ábreme dormilona!
- No, espera… – dije mientras me levantaba, me secaba las lágrimas y abría la puerta, ¿cómo se lo iba a contar?
- ¿Qué te ha pasado!? – dijo a la vez que soltaba la florecilla que me había cogido, para cogerme la cabecita entre sus manos y mirarme la herida.
- Nada, que se me ha quedado enganchada la puerta al abrirla, soy una idiota, me he golpeado yo sola.
- Mierda! se te ha abierto la herida – mientras sacaba un pañuelo del bolsillo y me limpiaba la frente – estás bien?
- Sí, sí.
- Pero ¿por qué te has encerrado y te has puesto a llorar en vez de irme a buscar fuera? Estás un poco despeinada… – dijo mientras se puso a abrir la puerta y a cerrarla, sospechaba algo – dime, ¿dónde se te ha enganchado?
- No lo sé, con mi propio pie supongo.
- ¿Puedes repetirlo? ¿Por qué has intentando abrir la puerta con directamente con la mano izquierda? siempre lo haces con la derecha aunque luego veas que no puedes… venga venga, lo siento, no llores más, así que has tropezado – dijo disimulando cuando el chico que me había agredido hacía unos segundos pasaba por el pasillo, mientras cerró la puerta de la habitación con nosotros dentro – túmbate en la cama y respira hondo, voy a buscar betadine.
- Lukas…
- Ssshh, ahora no hables, no te muevas – dijo mientras apuntaba con la luz de la mesita a mi frente – mmm, parece que van a aguantar. ¿Te tiran?
- No.
- En la cabeza, con una heridita de nada, ya sale mucha sangre, ha sido más lo escandaloso del asunto que la herida… ¿ves? ya casi está – me puso un esparadrapo nuevo y cogió un macuto, también un papel, un boli y se puso a escribir – no te lo había dicho, pero esta tarde volvemos a casa – me dijo mientras me daba el papel que ponía ‘no digas nada ahora, tal vez escuchen’.
- Vale – dije sin emitir sonido, me sonrió, me besó en la frente y tiró el papel a la chimenea.
- ¿Tienes ganas de volver?
- Sí.
- Pues descansa ahí unos minutos, termino con el macuto enseguida y nos vamos.
Al terminar, se lo puso al hombro, estaba ya más tranquila y salimos. Durante el trayecto pudimos hablar:
- ¿Te han amenazado verdad?
- …
- Silvia me lo tienes que decir, quién ha sido y qué te ha dicho… dime, ¿han sido los dos chicos con los que he discutido en la comida?
- …
- Sé que te han dicho algo muy duro, sino, no te habrían dado ese susto, pero tienes que confiar en mi… ¿han sido ellos?
- Sí, uno de ellos – dije con la voz temblorosa.
- Vale… uf! …¿ y qué te han dicho?
- Que nunca mezclarías tu sangre con la mía, que sólo utilizáis a las chicas como yo para desahogaros… que me vaya porque sino iba a decirle a Manuel donde estaba.
- ¡Uf! ese cabrón está muerto… pues tranquila… últimamente está todo un poco alborotado, tienes que ponerte bien en todos los sentidos y calmarte, te necesito porque creo hay traidores y desde hace tiempo, necesito tu ayuda, tu cabecita pensante, eres muy lista,… mientras estés conmigo no te va a pasar nada. De todos modos te enseñaré unas pautas a seguir y que debes hacer. Venga, tranquila, nos queda poco para llegar.
Llegamos a casa, estaba helada, tantos días sin ir por allí, hacía más frío dentro que fuera, así que tras conectar los ordenadores y dejarlos descargando los correos, poner la calefacción, nos fuimos a hacer otros recados. Nos desplazamos en moto al centro, allí la dejamos en un parking privado, Lukas conocía al dueño, incluso nos guardó los cascos. El tipo me dio un buen repaso con la mirada nada más verme y sabía que cuando me diera la vuelta iba a hacer lo mismo.
Nos fuimos a buscar la correspondencia, para eso Lukas tenía contratado un apartado de correos, también tenía un nombre falso y otros datos, para poder justificar sus datos bancarios, su seguridad social, … además me encantaba la foto que tenía puesta en ese DNI, como le dije al verla “sí pareces buena persona” a lo que me susurró en el oído sonriendo “no eres buena” y me dio una palmadita en el culo.
También pasamos por el centro comercial, la despensa estaba totalmente vacía. Le gustaba picarme, hacerme enfadar, las arruguitas que se me dibujaban entre las cejas cuando algo no me parecía bien o cuando le decía: “no! pan, mayonesa, nocilla y embutidos no son la base de una alimentación sana” es que entraba al trapo muy rápido, Lukas sabía cocinar muy bien, pero le gustaba oírme. En la zona de cosmética hicimos un alto en el camino, me gustaba que se cuidara y se diera sus cremitas, incluso compramos un tinte, a cada tanto le gustaba cambiar el color del pelo, así conseguía cambiar un poco de aspecto, escogimos un castaño claro, casi rubio. Encargamos que lo mandaran todo a casa del sr. Tomás García, o lo que es lo mismo, Lukas. Al salir del centro comercial ya había caído la noche, fuimos andando por las calles del centro, por la ciudad que le vio nacer, cogidos de la mano, sonriendo. Hubo un momento que tuvo que tirar fuerte de mi, estaba despistada, pasé sin mirar y ¡por poco me atropella un tranvía! Pasado el susto inicial no paraba de bromear con el asunto… no sabía bien donde me llevaba, pero no íbamos al parking. Llegamos entonces a un pequeño callejón, me puso contra una pared, frente a frente, con las manos en mi cintura:
- Siempre me ha gustado mucho el colgante que llevas, es muy bonito – era un cordón del que colgaba una pequeña plaquita alargada finita con algo escrito – ¿qué pone?
- Es mi nombre, escrito en Bahasa-Thai, tailandés, estuve en Tailandia hace unos años, le tengo mucho cariño – dijo mientras sus manos buscaban su nuca – mmm, ya lo tengo, cógete el pelo.
- Pero… – dije asombrada mientras le obedecía.
- Quiero que lo tengas tú hasta que un día podamos ir a Tailandia y que tengas el tuyo propio, bueno, ese me gustaría llevarlo a mi. Además, desde que aquellos animales te abrasaron el cuello en comisaría que no cuelga nada de él y es precioso… te cuelga un poco, es que tienes el cuello chiquitín… te lo ajusto más… ¿así? ¿Te aprieta?
- No, está perfecto - fui a buscar un sitio donde mirarme, el cristal de un comercio me vino bien, Lukas entonces se puso tras de mi y comenzó a besar mi cuello.
- Te queda muy bien, eres preciosa – mientras me daba la vuelta y comenzábamos a besarnos amparados por la oscuridad de la noche. Me aprisionó entre su cuerpo y la persiana del comercio, cogiéndose a ella con las manos, pegando su cuerpo al mío.
Estaba empalmado bajo los tejanos, no paraba de sentir como se clavaba en mi vientre.
- Una vez – me dijo – pasé por este callejón cuando tenía 20 años o así, encontré una pareja igual que nosotros y sentí envidia sana, quería traerte a este lugar.
Sin dejar de besarme, desabrochó mi cinturón, luego los botones de mis tejanos, se humedeció dos dedos y bajó su mano para introducirla dentro de mis braguitas, acariciando mi vello y llegar a mi clítoris, suspiré al sentirle, puse mi mano sobre la suya por fuera de mis braguitas y le ayudé a masturbarme. Siguió besándome, muy dulce, mientras me acariciaba… me daba igual si venía alguien y nos veía, seguí con su juego, con sus besos, hasta que no pude besarle más, necesitaba la boca para respirar, sólo podía tener mi mirada, escondida levemente por un poco de mi flequillo, clavada en sus ojos azules. Cerré los ojos y entreabrí los labios, mientras le indicaba que ritmo debía seguir con su mano. Comencé a respirar jadeando y luego a gemir, dulce y agudo, mientras suspiraba, mientras olvidaba incluso donde estaba, no oía los ruidos de la calle, ni sentía nada que no tuviera que ver con el orgasmo. Me entregué al placer sin ningún tipo de limitación. Él me miraba, le encantaba hacerlo.
Cuando el orgasmo terminó de sacudir mi cuerpo Lukas besó mi frente, me quedé seria, mirándole a los ojos, cómplice, enamorada, él también me devolvía la misma mirada. Oímos un ruido, venían unos chicos a lo lejos, sonreímos y me abroché los pantalones y el cinturón.
- Tenemos que volver – me dijo – es tarde, ¿estás cansada?
- Ha sido un día largo sí – me puse de puntillas para darle un beso.
- Pues venga, estamos muy cerca del parking.

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