Lukas 2.20

Minah | Lukas, Relatos | Sábado, 28 Junio 2008

 Tan pronto llegamos, compartimos una ducha con agua templadita. Había estado ese día la tía de Lukas en su casa y había cambiado las sábanas, nos acostamos desnudos, piel con piel. Él me abrazaba por detrás, me daba calor bajo el edredón y entre dulces besos me quedé dormida. No hice ni una sola pregunta de cómo había ido la tarde, prefería no saber los detalles.

Por la mañana fuimos al piso, teníamos que acercar a Emilio y Lucía a un pueblo del interior, en la montaña, me dijo Lukas que así aprovechaba y me enseñaba el lugar, era un sitio muy bonito, además esa noche había nevado, así que había que prepararse con los guantes, la bufanda, calcetines de lana, el abrigo, crema hidratante y protector labial. Me sentí un poco excluida durante el viaje, pregunté un par de cosas que no entendí a la pareja y me ignoraron, cosa que no le gustó a Lukas, pero no dijo nada. Hicimos un alto en el camino, había que poner las cadenas en las ruedas para la nieve y de paso tomar un cafetito calentito, pedimos y nos fuimos al aseo a lavarnos las manos, Emilio y Lucía se quedaron en la barra y al volver ellos tomaron el relevo. A Lukas se le escapó la taza derramando un poco de café encima del platito, el camarero lo limpio. Emilio insistió en conducir, así que nos sentamos atrás esa vez. Llegamos, nos despedimos y dimos un paseo por el pueblo.

- Mira, a mitad de este paseo pasa el río, sus aguas son cristalinas y ahora medio nevado todo es bonito de ver – me dijo – tienes frío?
- No, estoy bien.
- Y en los pies, siempre los tienes helados.
- No, los calcetines de lana que me has dejado los mantienen calentitos – le contesté - … dos polis a las 12.
- Sí, ya los veo… seguiremos recto… y luego… pasaremos por el puente… – dijo jadeando, como si le cansara caminar, los polis hablaron al vernos y uno de ellos sacó un walkie talkie, había más gente en el paseo, pero estaba claro que hablaban de nosotros, aceleraron el paso. Lukas me cogió de la mano en ese momento.
- Vamos! Por el puente!! – corría más rápido que él – me pesan mucho las piernas… adelántate tú.
- No, no me voy a separar de ti! Vamos!! – le dije.

Bajamos para poder correr a la orilla del río, era más fácil escondernos. Atranqué la puertecita.

- Silvia… me han drogado…
- Qué dices?? Cómo lo sabes??
- Sí… cuando se me ha caído el café sobre los dedos, los tengo amarillos… es por una droga que utilizamos habitualmente, hace que el secuestrado, si se pone tonto, no se pueda mover y si cae a la piel la tiñe de color amarillo.
- Lukas…
- Tienes que escapar tú.
- No, no me iré sin ti, vamos! Encontraremos un lugar antes de que eso suceda, vamos!!

Intentaba tirar de él con todas mis fuerzas, tropezó un par de veces, los polis habían sacado las armas y habían disparado contra nosotros un par de veces. Cogí el telf de Lukas y sin dejar de correr conseguí llamar a Pedro y pedirle ayuda. Comenzamos a oír sirenas de otros coches patrullas. En ese momento Lukas resbaló y cayó al agua. Corrí por la orilla, pero la corriente lo arrastraba, me quité el abrigó y me tiré al agua a buscarle, no tenía fuerzas ni para mantenerse a flote, iba a morir ahogado. Sentí mil cuchillos clavarse en mi cuerpo al sentir el agua gélida, después de unas décimas de segundo, comencé a nadar… era buena nadadora… pude cogerle y apoyarle de nuevo contra la orilla, estaba consciente, pero sus músculos no le respondían. Me subí como pude sin soltarle, le volvería a arrastrar la corriente otra vez. Los polis habían conseguido bajar a la orilla del río, estaban lejos pero no tardarían en llegar.

- Vamos Lukas – dije llorando – tienes que intentar subir yo sola no puedo contigo. No te voy a dejar aquí – comencé a tirar de él con todas mis fuerzas y toda mi rabia… mi muñeca derecha cedió de nuevo, no dije nada, me mordí el labio y seguí tirando, Lukas se dio cuenta.
- Suéltame Silvia – dijo casi sin poder hablar.
- No!
- Silvia…
- No no no – dije mientras me arrodillaba llorando y le abrazaba, la corriente tiraba fuerte de él – no te voy a dejar solo aquí.
- Eres estúpida, te lo dije el primer día.

Oí varios disparos entonces, los polis casi nos alcanzaban. No podíamos avanzar andando, sólo tenía una posibilidad, tirarme al río de nuevo y dejarnos llevar por la corriente. Así hice, en todo momento intenté que Lukas mantuviera la cabeza por encima del agua, estaba agotado, había perdido el conocimiento, y de estar a la orilla del río. Pronto dejamos el pueblo atrás y a los polis que no pudieron continuar a pie, los perdimos. Decidí dejarme arrastrar aún unos metros más, hasta que el río comenzó a estrecharse y era más difícil nadar, intenté subir, sin soltar a Lukas, me cogí a la vegetación, pero me fue imposible, no me quedaban fuerzas y acabé resbalando. Dos intentos más siguieron al anterior, sin éxito… comencé a llorar de impotencia y rabia y lo volví a intentar, sin más suerte. Oí como se aproximaba un vehículo, era otra vez la policía, no me quedaban más fuerzas, ni para salir del agua, ni para seguir nadando, además presentaba una severa hipotermia.

Del 4×4 bajó sólo un chico, iba con las manos en alto y desarmado:
- Silvia??
- … – por mi mente pasaron 1000 posibilidades.
- Silvia!! – dijo a poca distancia y comenzó a correr hacia nosotros.
- Moyá! – dije tiritándome la barbilla, él me alargó su brazo – no, no, primero él, si lo suelto se lo lleva la corriente.
- De acuerdo – dijo, y cogiéndolo de la ropa por los hombros, consiguió sacarlo a tierra, ayudé como pude con mi mano izquierda – venga, ahora tu, dame la mano – conmigo tuvo que hacer menos fuerza.

Cuando me vi en tierra firme y a salvo comencé a toser, había tragado mucha agua y estaba muerta de frío.

- Ahora vuelvo – dijo Moyá mientras volvía al 4×4. Sacó una manta y volvió.
- Cómo es que estás aquí?
- Escuché que os habían encontrado por la radio policial, estaba de guardia en el pueblecito de al lado, que habíais caído al río, tenía que intentarlo, casi habíais llegado al pueblo donde estoy. Habéis tenido mucha suerte de que estuviera allí – dijo mientras me cubría con la manta – es él? Es Lukas?
- Sí… – me ayudaba a levantarme y a meterme en el coche. Luego cogió a Lukas y lo tiró al asiento de atrás.
- El ayuntamiento me facilitó una casita en el mismo pueblo para vivir, ahí estaréis bien, hay sitio de sobras.
- Javi… tengo mucho frío.
- Estás empapada, nos queda poco para llegar, está la calefacción a tope.

Al llegar, metió el coche en el parking de la casa, mejor así nadie nos vería bajar. El frío y el cansancio habían hecho que me quedara adormilada. Abrió la puerta del copiloto y me cogió en brazos:

- Lukas, tengo mucho frío – dije con los ojos cerrados mientras apoyaba la cabeza en su hombro.
- No, no soy Lukas, soy Javi.

Moyá se dio mucha prisa, le veía ir de un lado a otro corriendo. Me cogió y me dejó sobre una cama, fue corriendo al baño y llenó la bañera con agua templada, no era bueno sumergirme directamente en agua caliente, entonces volvió a bajar y fue a por Lukas, la droga había dejado de hacer tanto efecto y al menos podía mantenerse casi en pie con ayuda, tropezaron un par de veces, lo dejó en la cama de al lado. Corrió a la cocina a calentar cazos de agua y luego a ver si la bañera estaba ya llena y cerró el grifo, le quitó a Lukas la ropa mojada y le tapó con mantas.

- Silvia, cómo estás? – susurró Lukas al momento que entró Moyá.
- Le ha bajado mucho la temperatura, tengo que hacer que entre en calor enseguida, casi no respira – contestó Moyá mientras me desnudaba, intenté taparme el pecho con los brazos al sentirme desnuda – tranquila.

Me cogió en brazos y me sumergió dentro de la bañera, sólo me quedaban las braguitas puestas. Moyá volvió entonces a la habitación, Lukas estaba intentando levantarse:

- Ni se te ocurra moverte! Menuda mierda de vida le estás dando cabrón, ella no se merece esto – le dijo Javi a Lukas, mientras sacaba las esposas de su cinturón.
- Como me esposes, tan pronto me sueltes, te voy a matar… uf! como se te ocurra tocarle un pelo! – dijo un poco gangoso por el efecto de la droga.
- Aquí el que dice lo que se puede o no se puede hacer soy yo, entendido? – dijo esposándole – así que no lo olvides… tanto que la quieres, mira como está! – y se fue de la habitación cerrando con llave.

Volvió al baño, con un cazo con agua caliente que tiró al agua, tenía ya los ojitos medio abiertos, puso sus labios en mi frente:

- Parece que te has recuperado un poco.
- Cómo está Lukas? – pude murmurar.
- No hables, él está bien, ya me ha dicho que si te hago algo me va a matar, con eso lo digo todo…
- Me pican mucho los ojos.
- A ver? Sí, los tienes algo rojos, te los limpio con agua – cuando terminó de hacerlo añadió - te voy a preparar mi cama y la calefacción – volvió a salir del baño.

Entró a la habitación donde había dejado a Lukas:

- Cómo estás?
- Cómo está ella?
- Se está recuperando, he venido a buscar mantas.
- Lo siento.
- … ya, bueno, son los nervios del momento… te gustará saber que os han entregado, alguien llamó para decir vuestra localización exacta… piensa si es justo que la mezcles a ella con esa gentuza. En un rato vengo y te suelto… espero que no me mates cuando lo haga.

Puso las mantas estiradas sobre la cama y luego las bajó un poco. Tiró otro cazo de agua caliente en la bañera, y estuvo trasteando unos armarios durante unos minutos sin decir nada. Quitó el tapón de la bañera y me ayudó a ponerme en pie. Bajo mis braguitas mojadas se transparentaba mi vello, no pudo evitar mirarme un instante, me rodeó con la toalla, se puso otra al hombro antes de cogerme en brazos y llevarme a la habitación. Sobre la cama me secó con cuidado con la toalla que se había puesto al hombro, entonces me desnudó del todo para terminar de secarme, me tapó, metió las manos bajo las mantas y me quitó las braguitas mojadas. Sentía sus manos recorriendo mis piernas, primero mis caderas, luego mis rodillas, mis pantorrillas, para terminar juntando mis tobillos y despojándome de ellas. Le miraba atenta, además llevaba puesto el uniforme de policía.

- Puedes tragar? te vendrá bien un poco de leche caliente con azúcar.
- Sí, creo que sí.
- 2 minutos – dijo volviendo a salir y llevándose las toallas y mi ropa en una bola.

Me ayudó a beberlo y mientras me vendaba la muñeca, me quedé dormida mirándole.

- Silvi, peque… cómo estás? – dijo Lukas, con un tono bastante triste, mientras dejaba una bandeja sobre la mesita de noche.
- Mmm … qué hora es? – dije medio dormida.
- Es de noche ya, me ha despertado Moyá que tenía un servicio que atender, tienes que comer algo.
- Cómo estás tú? – dije con los ojos semiabiertos.
- Un poco atontonado, es una droga muy fuerte, pero sabes que por lo otro, soy todo una estufita. Venga, que te he traído una sopa calentita.
- No me gusta la sopa.
- Lo siento Mafalda, pero la cocina ya ha cerrado, le he puesto mucho cariño mientras le daba vuelta sabiendo que iba a ser para ti y tienes que reponer fuerzas, hace muchas horas que no comes nada, te sentará bien, venga que te ayudo a ponerte este jersey.

Al terminarme la sopa, que tampoco había sido tan terrible, me tumbé un rato con Lukas para ver una peli, ya la había visto, me limitaba a escucharla, estaba de lado, con mi cabeza en su hombro, era cierto eso de que era una estufa, desprendía mucho calor siempre.

Hacía rato que lo notaba raro, pensativo:

- En que piensas?
- Te quiero mucho Silvia – dijo temblándole la voz – hoy me ha dicho tu amigo que te estoy dando una mierda de vida, y tiene razón, mírate, mírame… llamó alguien de los míos a la policía, dando nuestra localización exacta, para que nos detuvieran.
- Qué?!?!
- Lo mejor es que te quedes aquí unos días, con Moyá, mientras soluciono cosas, mientras te recuperas, mientras piensas, a lo mejor cuando vuelva, ya no quieres saber nada de mi, sería lo mejor – dijo sin poder evitar llorar.
- Pero que estás diciendo?? – dije con la mirada empañada, justo antes de romper a llorar – y que hay de mis sentimientos o de lo que piense yo? Crees que me puedes dejar aquí como si fuera un perro?
- No, no digas eso… – dijo abrazándome y acto seguido buscó bajo las mantas cada una de mis cicatrices, para besarlas una a una.

Sentía sus manos acariciándome, navegando por mi piel. Me dio la vuelta y me beso la parte inferior de la espalda, siguió subiendo y con la punta de su lengua recorrió el arañazo de mi espalda, me quitó el jersey y poniéndose casi encima de mi, me besó el hombro, quitó mi pelo y me besó la nuca y el cuello. Me di la vuelta para buscarle, para buscar sus labios y comencé a besarle. Quería hacer el amor con él, en ese instante, cogí su mano y la bajé a mi ombligo, indicándole el camino que debía seguir, no dudó, pronto comenzó a masturbarme despacito, estaba ya muy mojada. Yo también comencé a acariciarle, me gustaba mucho el tacto, sentir la fina y suave piel de su polla, masturbarle suavemente. Cuando las primeras gotitas comenzaron a salir, las esparcí todas con el pulgar por la punta, dejándolo húmedo, brillante y lubricado.

Poco a poco se fue colocando encima de mi, con cuidado. Con su mano indicaba el camino, yo tenía la mía sobre la suya, para hacerme partícipe también. Cerré los ojos al sentirle dentro. Dejó el peso de su cuerpo sobre el mío, juntos, sin separarnos ni un mm, comenzó a moverse con cuidado:

- Te hago daño peque?
- No – le dije en un susurro mientras le miraba a los ojos.

Me comí sus labios como si de ellos dependiera mi aliento, él hizo lo mismo con los míos, para eso me levanté un poco, agarrándome a su cuello y clavando el otro codo sobre la cama, mientras él no dejaba de moverse, pasó también su brazo por mi espalda y apoyó la otra mano sobre el colchón, hasta que ya no pudimos besarnos más, arquee la espalda mientras jadeaba, mientras le ofrecía mis pechos, que él no tardó en lamer, besar, succionar, pasaba de uno a otro, así comencé a correrme, mientras me follaba, con su pubis acariciando mi clítoris y su boca comiéndose mis pechos, pude sentir el orgasmo recorrer todo mi cuerpo, cada terminación nerviosa. Abrí los ojos entonces, pero como si me hubiera quedado ciega y no pudiera ver, los efectos de la pequeña muerte, como denominan los franceses al orgasmo.

Volví a dejar la espalda completamente sobre el colchón, descansando y jadeando. Lukas aún estaba dentro de mi cuerpo, sonreía, aún no se había corrido, tenía una buena erección. Comenzó a moverse sin que le dijera nada, machacando aún más mi cansado cuerpo, estaba agotada pero me daba mucho placer. Pude poner de nuevo los codos en la cama, cuando me hube recuperado un poco, para levantar un poco la espalda e ir a besarle, le miraba entonces a los ojos, tensando los músculos de mi coñito rítmicamente, comenzó a follarme entonces más duro. Puse las plantas de los pies sobre el colchón, y fui flexionando las rodillas, dejando los pies de puntillas, intentando separarlos al máximo mientras juntaba las rodillas todo lo posible, tenía el cuerpo de Lukas entre ambas, así pude tensar un poco más, hacerlo más íntimo, me estaba dando mucho placer. Estaba matándolo con la tensión de los músculos de mi coñito, tensaba a la entrada y a la salida, sin poder prevenirlo, me volví a correr, sin poder dejar de gritar y jadear. Me estuvo mirando unos segundos complacido y pronto se corrió conmigo, abrazándome, protegiéndome entre sus brazos. A veces le había confesado que los orgasmos eran tan intensos y me dejaban tan agotada, que sentía miedo, sabía que no me iba a pasar nada, pero en el fondo somos animales y perder la conciencia unos segundos, olvidar incluso donde estaba, me inquietaba, menos si sentía su abrazo y su piel me vestía.

No sé como, me volví a quedar dormida.

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