Lukas 2.21
Me desperté cuando amanecía, el cielo no se había aclarado del todo, además estaba muy nublado, Lukas no estaba, se había ido hacía poco, su lado estaba calentito aún. Había quitado la colcha, dejándome sólo con la manta, en la habitación hacía mucho calor por la calefacción. Me puse una camisa que encontré sobre una silla, entendía que era para mi, me venía grande y para aventurarme a salir de la habitación me enrollé la manta, mientras caminaba descalza sobre el suelo de madera:
- ¿Lukas? ¿Javi? – los iba llamando sin éxito, hasta que oí voces, venían del porche, pude verlos tras el cristal, fui a abrir la puerta cuando me oyeron. Estaban los dos fumando, con el abrigo puesto, sentados en los escalones, con un tazón humeante cada uno.
- No, no, no debes estar levantada – dijo Lukas mientras se levantaba, parecía que le faltaba coordinación en las piernas, intentó disimular mientras tiraba el cigarro, pero sabía de sobras que le había visto.
- Y menos salir con el frío que hace – añadió Javi.
- ¿Cómo estás? – me preguntó Lukas al entrar, Javi se quedó fuera, supongo que sabía que era mejor que se encargara él.
- Me duele un poco la garganta, me pican los ojos y me duele el cuerpo, destemplada, tengo el estómago, ¡uf! … ¿y tú? ¿Es que te cuesta caminar?
- Se te nota en los ojitos que te estás poniendo enferma peque, no deberías haberte levantado.
- Podías haberme dejado una nota y me hubiera quedado tranquila.
- Tienes razón, pero es que me desperté cuando escuché a Javi levantarse y nos bajamos al porche a hablar, no lo pensé.
- No me has contestado… – insistí.
- ¡Ah! Sí, los efectos pueden durar hasta el día siguiente, pero me encuentro mucho mejor.
Fui a darle un beso y se apartó.
- ¿Y eso? – le pregunté.
- Lo siento… un acto reflejo, sé de sobras que me has visto… no quería que probaras mis labios después de haber fumado, está siendo una situación muy tensa y necesitaba un pitillo.
- No me gusta que lo hayas hecho, pero tampoco soy tu madre – le dije antes de un segundo intento, ésta vez con más éxito.
- Venga, sube de nuevo y métete en la cama, iré dentro de un rato… estoy hablando con Javi unas cosas, tengo que acercarme a la ciudad esta mañana…
- ¿¡Cómo?! – dije sin dejarle terminar.
- Sabía que no te iba a parecer bien, pero es que quiero ir a buscar el portátil a casa, algo de ropa, y demás… no te preocupes, no me voy a meter en ningún lío ni voy a ir a ver a nadie. Cogeré un cercanías y me ha dicho Javi que en un trayecto tan corto ni siquiera pasa el revisor, así que tranquila.
- Lukas… ![]()
- No me pongas esa carita, por favor… te llamaré a media mañana y antes de la hora de comer estaré de vuelta, volveré con tu coche.
- Vale.
- Bien, ahora le pregunto a Javi que te puedo subir de desayuno, tu mientras te metes en la cama, y después de desayunar, una aspirina y a dormir otro rato… él estará en la oficina de policía, ni 200 m, cualquier cosa le podrás llamar, ¿vale?
- Sí – le dije no demasiado convencida y con un gesto triste en la cara.
- Mierda, no quiero verte así… – quiso decirme tantas cosas a la vez que no consiguió decir ni una sola, se limitó a repetirme que subiera, se dio la vuelta y puso rumbo al porche.
No tardó en subir, se vistió con ropa prestada de Javi, eran de la misma estatura, iba bastante sport, unos tejanos, una chaqueta ajustada y unas zapatillas de deporte. Dejó la bandeja sobre la mesita:
- Javi se ha ido ya, que con la charla en el porche se le ha hecho muy tarde, me ha dado el teléfono inalámbrico y este teléfono fijo donde podrás localizarle, tranquila que sólo lo atiende él. El número de abajo es su número de móvil, pero lo llevaré yo, nuestros móviles están empapados ambos, no funcionan, me los llevo a ver si puedo solucionar algo. Sólo descuelga si la llamada viene de uno de estos dos números… también tienes el mando de la tele. Desayuna tranquilita, la aspirina y a descansar.
- Ve con mucho cuidado por favor – le dije.
- Sí, tranquila, te prometo que estaré aquí a la hora acordada y debo irme ya que voy a perder el tren, sale a las horas en punto – me dio un beso, cogió la chaqueta y se fue.
No pude dormir, la tele era un rollazo, me quedé un rato mirando por la ventana, nevaba, hasta que me cansé, me cogí un libro y me volví a la cama, al rato largo de leer me quedé dormida, habían pasado un par de horas, cuando sonó el telf. Tardé un par de segundos en terminar de despertarme y ver que el teléfono de la pantallita y el del papel coincidía, era Lukas:
- ¿Sí? – pregunté a pesar de saber que era él, también se me hacía raro.
- Silvi… ¿cómo estás peque?
- Bien…
- Qué vocecilla… ¿estabas dormida verdad?
- Síii.
- Me gusta oír eso… te llamo como te he prometido esta mañana. He estado en casa y ahora me he venido, en tu coche, al centro comercial, compro unas cosillas y me subo al pueblo. ¿Has hablado con Javi?
- No.
- Le he llamado yo hace un rato y dice que saldrá de trabajar una hora antes, así no estarás sola.
- Vale, genial, no dejo de estar un poco intranquila.
- Pues intenta dormirte otro rato ahora, cuanto antes termine, antes estoy contigo… son las 12, pronto estarás acompañada.
- Vale.
- Venga, quedamos así… te quiero.
- Yo también te quiero.
Colgó el telf, ya no pude volver a dormirme, además, llamaron a la puerta en un par de ocasiones. Javi llegó a la 1 y unos minutos, oí como quitaba la alarma en la planta baja y oí sus pasos subiendo por las escaleras.
- Silvia, ¿cómo estás? – se sentó en la cama.
- Pachuchilla pero bien – le dije mientras me incorporaba.
- ¡Uf! mi mañana muy aburrida, aquí no pasa nada.
- ¿Y cómo es que te viniste aquí? – pregunté.
- Pues no me gustaba el ambiente de la comisaría, pedí el traslado, pronto tendré plaza donde la solicité, y mientras me mandaron aquí. Te eché de menos.
- Vaya, yo también, muchas horas juntos.
- Sí… sigues teniendo una sonrisa preciosa…
- Gracias – dije levemente sonrojada y bajando la mirada.
- A pesar de todo, ¿te está cuidando bien? No sabes en el lío que estás metida.
- Sí…
- Ahora que estamos solos quería decirte, que si algún día, pues necesitas… que siempre podrás darme un toque y veré que puedo hacer, incluso hay sitio en casa para ti. Incluso si te cansas de tu nueva vida, podría meter mano y seguro que conseguiría quitarte los antecedentes.
- Pero eso podría ser peligroso para ti.
- O no…
- No sé que decir… bueno, gracias… – no me gustaba nada todo ese rollito.
- No hay de que. Voy a bajar a hacer algo de comer… ¿te gusta la pasta?
- Sí – contesté.
- Pues eso…
- Javi… gracias por todo lo que estás haciendo, sé que te estás arriesgando mucho teniéndonos aquí.
- Por ti lo haría mil veces más – mientras ponía su mano en mi nuca, acariciándola con cuidado, acercándose peligrosamente a mis labios, sonó en ese momento el timbre de la entrada, ¡uf! salvada por la campana, ya entendía porque tantas molestias. Si supiera que la noche antes nos lo habíamos montado en su misma cama.
- Lo, lo siento – me dijo, mientras se levantaba y bajaba corriendo a abrir.
- Hola, brrr que frío, ¿qué tal todo? – preguntó Lukas.
- Bien, bien, ahora bajaba a hacer algo de comer, me ha dicho Silvia que te gusta la pasta.
- Sí. ¿Cómo está?
- Parece que está resfriada…
- Vale, subo a verla y bajo a echarte una mano.
- No, no te preocupes, la pasta no tiene misterio, os llamo cuando haya terminado.
- Genial, pues, me quedo esperando a que nos digas algo.
Lukas subió entonces, hacía tiempo que los oía murmurar pero no entendía lo que decían, me moría por verle después de toda la mañana.
- ¡¡Silvi!! ¿Cómo estás? – parecía que hacía semanas que no nos veíamos.
- Resfri, creo, no sé, porque no tengo congestión y me escuecen los oídos y las mucosas, peeeero ¡¡muy contenta de verte!!
- ¡Yo también me alegro! Mira, ya camino mucho mejor, ¿ves como era cuestión de horas? También estoy ‘picatoso’ creo que era porque el agua estaba muy fría.
- Sí, ya veo.
- Atenta porque te he traído cosas.
- ¿Si?
- Sí… mira… aparte de ropa, te he comprado unas cosillas: unas zapatillas como las que tenías, igualitas y mismo número claro, sé que te gustaban mucho las tuyas, las que perdiste en algún lugar del río… peeeero, eso no es todo, mira que medias, con su liguero, no he podido reprimirme, a la chica de la foto le quedan muy bien, entonces a ti te quedarán mil veces mejor… espera espera – me dijo mientras miraba mi cara de sorpresa -, que aún hay más, con lo que te gusta la tecnología, sé que con esto se te va a caer la baba, mira que móvil más chulo… que por cierto, aquí en el bolsillo tengo una copia de tu tarjeta SIM con tu número y los datos almacenados.
- ¡¡Lukas!! … gracias, no sé que decir.
- No digas nada, es lo mínimo. Quédate mirándolo todo, que me bajo a ayudar a Javi, que me ha dicho que no, pero quiero echarle una mano.
Una vez sola y habiendo asimilado todo lo que me había traído Lukas, me quedé pensando en lo que me había dicho Javi, en todo lo sucedido, en la traición de los de Lukas, empecé a agobiarme. Me tumbé y me quedé mirando el techo, estaba hecho con vigas de madera, me traía buenos recuerdos de cuando era niña e iba de vacaciones al pueblo donde nació mi padre, me tranquilicé un poco y comencé a jugar con el nuevo móvil, era muy chulo.
Lukas volvió a subir, con una bolsa de deporte con ropa dentro…
- Ya está la comida… ¿te saco el chándal negro?
- Sí.
- Te lo digo porque es mejor que bajes, estar todo el día acostada tampoco es bueno, pero para desayuno y cena se mantiene el servicio de habitaciones – dijo guiñándome el ojo - Ya lo tengo, me gusta mucho como te queda.
- Deberías descansar un poco, estás forzando mucho la máquina y también te caíste al río.
- Ya sabes que tengo una salud envidiable… la que se tiene que poner fuerte eres tú, no terminas de recuperarte cuando ya tenemos otra, además, tengo que cuidarte mucho, no se me olvida que no me soltaras en el río. Mañana nos vamos, se lo diré a Javi ahora.
- Necesitamos unas vacaciones urgentes – dije mientras terminaba de subirme la cremallera de la chaqueta.
- Tomo nota. Venga que Javi espera abajo. ¿Tienes hambre?
- No mucha, ya sabes, cuando estás enfermito, además me duele al tragar, pero no os haré el feo.
Bajamos, Javi ordenaba cacharros. Lukas llenó los vasos de agua, me senté y Javi se puso a llenar los platos. Estaba todo muy bueno, lástima que sentía que comía en vez de espaguetis, alambre de espinos. Me tomé una aspirina y me hice un poco partícipe de la sobremesa.
- Gracias Javi, por tu hospitalidad, pero nos iremos a lo largo del día de mañana – dijo Lukas, mientras acercaba su silla a la mía y pasaba su brazo sobre mis hombros.
- ¿Y ella?
- ¿Qué le pasa?
- ¿Dónde te la vas a llevar? ¿Así, como está? necesita reponerse – sentenció.
- Pues no sé, a mi casa supongo.
- ¿Supones? ¿Puedes asegurar que no están pensando en volvérosla a jugar? – evidentemente tenía un claro ataque de celos.
- No sé que buscas. No, no puedo asegurarlo – empezaron a alzar la voz.
- Ya te dije que no se merecía la mierda de vida que le estabas dando… ¡¡debería quedarse aquí!! No tienes ni un lugar tranquilo que ofrecerle – y dio un puñetazo en la mesa, poniéndose en pie, los vasos y platos crujieron.
- ¿Me vas a decir a mi lo que tengo que hacer? – gritó Lukas poniéndose también en pie.
- No discutáis por favor – dije con un hilo de voz – me estáis asustando.
- No sabes lo que estás haciendo Silvia – mi dijo Javi a la vez que ponía su mano en mi hombro y me sacudía.
- … – me sobresalté, intenté escapar resbalando por la silla hacia atrás, pero me encontré el respaldo – disculpadme – dije antes de levantarme y volverme corriendo a la habitación.
- Ni se te ocurra tocarla nunca más – dijo Lukas y fue tras de mi.
- Silvia… ¿estás bien?
- No.
- Venga, no, no llores.
- Tiene razón, me da miedo volver – le contesté.
- ¿Te quieres quedar aquí? No puedo impedirlo, ni siquiera enfadarme – me contestó.
- No… quiero irme contigo, no me quiero quedar aquí, estoy asustada y cansada – no podía decirle lo sucedido antes de que el viniera, empeoraría las cosas, pero también me amargaba llevarlo dentro.
- Vale, vale, … tienes fiebre…, acuéstate, mañana nos vamos, por la mañana.
Me quité la chaqueta, él tiró de mis pantalones tan pronto me tumbé en la cama y me tapó luego. No tardé en quedarme dormida. Me desperté levemente pasadas unas horas, ya había caído la noche, cubriéndolo todo con su manto oscuro, la puerta de la habitación estaba un poco abierta, se veía un fino hilo de luz, Javi y Lukas hablaban:
- La fiebre no ha dejado de subirle, no para de tiritar, tiene que verla un médico rápido – dijo Lukas.
- Esta nevando mucho, habría que ir a buscar al médico, al pueblo de al lado, yo no puedo ir, tengo que quedarme cubriendo mi puesto.
- Sabes perfectamente que es parte de tu trabajo ir a buscar a ese médico… pero da igual, lo necesita urgentemente y no me la puedo llevar conmigo… pero como se te ocurra tocarle un solo pelo o jugármela, eres hombre muerto – entró a la habitación, cerró la puerta y se sentó en la cama – Silvi, peque, despierta, ¿puedes oírme? Es importante, sino no te despertaría.
- ¿Lukas?
- Sí, voy a salir a buscar ayuda… ¿Silvia? – dijo a la vez que volvía a despertarme de nuevo – intenta mantenerte despierta, es importante que me escuches, voy a salir a buscar a un médico, ese cabrón es capaz de jugármela y llamar para que me trinquen en algún lugar, por eso me llevo todos los móviles y le dejaré sin línea telefónica al salir… ¿Silvia?
- Sí, sí.
- Dejo el tuyo aquí escondido, por si necesitas algo urgente que me puedas localizar, lo dejo listo para que sólo tengas que darle a rellamada.
- No me dejes sola.
- No te pasará nada, volveré enseguida – y me besó en la frente.
Cogió una pistola de la mochila que había traído por la mañana y se la escondió bajo la ropa, se puso la chaqueta y también se guardó su móvil, y el de Javi, que estaba en la habitación aún. Se aseguró que llevaba la navaja suiza en el bolsillo y se terminó de abrigar. Me quedé mirando toda la escena, con los ojos semiabiertos. Me miró por última vez y se fue, pude oír como le pedía las llaves del 4×4, como le volvía a advertir que fuera con cuidado y como se cerraba la puerta de la entrada. Pasaron unos minutos y Javi entró en la habitación.
- Silvia… ¿cómo estás?
- …
- Lo he oído todo… anda dime donde coño ha escondido tu teléfono.
- Javi… – estaba desconocido, no me gustaba nada su mirada.
- Mira, haremos algo mejor a cambio del teléfono, calladita ¿eh? A no ser que de pronto recuerdes donde lo ha escondido claro.
Bajó el edredón a mi cintura, comenzó a acariciarme los pechos por encima de la ropa y bajó a mis labios para sellarlos con un lascivo beso. Su mano izquierda bajó a desabrocharse los pantalones… estaba ya empalmado, pude verla a contraluz con la leve iluminación que venía del pasillo. Sabía que daba igual, que si le decía donde estaba el teléfono iba a hacer lo mismo. Intenté quitármelo de encima, estirando los brazos y cogiendo sus hombros, pero no tenía suficientes fuerzas, me rendí, además sólo le causaba risa mi intento, me dolía tanto la garganta que no podía siquiera ni susurrar. Quitó del todo el edredón, llevaba la camisa de un pijama de cuadros, la parte de abajo la había utilizado Lukas, muchas veces compartíamos pijama de esa forma. Sus manos viajaron a mis caderas y me despojó de las braguitas del mismo modo que cuando nos sacó del río. Cogió entonces uno de los enormes cojines/almohadones que había en la cama y lo puso transversalmente en medio, me cogió en brazos y con mucho cuidado me dejó encima, quedando apoyado todo mi cuerpo excepto las piernas que tenían que descansar sobre el colchón.
Terminó de desnudarse, y se puso de rodillas en la cama, a mi lado. Primero me acarició la mejilla y luego sus manos fueron a desabrocharme la camisa, para abrirla después y dejarme desnuda. Me observó un rato, como vibraba mi vientre porque temblaba asustada, mi respiración acelerada y mis pezones duros por el frío.
- Relájate y déjate llevar – me dijo mientras ponía las manos en mis rodillas y las separaba suavemente.
Enterró su cabeza entre mis muslos, pude sentir su lengua recorriéndome, primero lamiéndome sin más, saboreándome, para luego dedicarse a investigar más detalladamente. Pude sentir como se introducía dentro de mi vagina, que en un mecanismo de defensa se cerró sola, tensando los músculos, le hizo gracia. Subió a mi clítoris y comenzó a succionarlo, lamerlo, besarlo, echarle el húmedo aliento… lo que más le gustaba era succionarlo, preso entre sus labios. Intenté librarme de él otra vez, pero cogió mis muñecas con fuerza, sobre mi ombligo, con una de sus manos. Con la otra alternaba su propia masturbación con introducirme un par de dedos. Terminó acariciándome el culito con sus dedos y su lengua.
Estaba muy excitado, cuando comenzó a colocarse encima de mi, dirigió su polla desnuda con su mano y empecé a notar como me penetraba, antes de hacerlo me dijo en la orejita que no me iba a doler, que él estaba empapado, era cierto, resbalaba muy bien, no podía hacer nada para evitarlo. Empezó a moverse, giré la cabeza mientras él ponía la barbilla en mi cuello y comenzaba a respirar ruidosamente.
- Me encanta comer chochito, el tuyo estaba riquísimo. Se buena cuando te lo diga, te estás portando muy bien hasta ahora.
La cadencia de sus jadeos fue haciéndose más corta, cerraba los ojos, concentrándose en un punto dentro de mi cuerpo. Me estaba follando muy duro. Estaba húmeda y receptiva, no sabía explicar porque. Paró de golpe en ese momento y salió de mi, poniéndose de rodillas a mi lado.
- ¡Límpiame, succiona! ¡corre! Y no hagas tonterías con los dientes si no quieres que destroce ese bonito culo que tienes.
No me quedó otra que obedecer. Limpie su capullo entre mis labios y succioné, me regaló su corrida entonces, en mi boca, intenté apartarme al sentir el primer chorro sobre mi lengua y paladar, el segundo cayó en mi labio superior, bajo mi nariz y se aseguró de terminar el trabajo en mi boca mientras me sujetaba la cara. No dejó de gemir y gruñir mientras lo hacía, estaba fuera de si, también gritó un par de veces ‘trágatelo’ mientras me atraía hacia si, tuve que hacerlo, sino me iba a ahogar. Era muy amargo, mucho más que el de Lukas, bueno, ya me había acostumbrado al suyo y me gustaba, pero este me daba bastante rechazo. Lo que cayó fuera de la boca lo esparció por mi carita, primero con su polla y cuando está perdió firmeza, con su mano, como si de una crema se tratara, alrededor de mi mejilla y barbilla, era muy poca cantidad y se secó antes de que fuera más allá de esas zonas.
Quedé agotada, mirándole.
- El semen es bueno para el dolor de garganta, ya lo verás – dijo riéndose mientras caminaba al baño. Trajo de vuelta una toalla húmeda – te dejaría así, marcada por mi, de mi propiedad, pero no quiero dejar pruebas, además, con que lo sepamos tú y yo. Este es el tipo de vida que te está dando tu amiguito, no lo olvides.
Empezó a limpiarme la cara entonces, sujetando mi nuca, abrochó mi camisa, pero antes mordisqueó levemente uno de mis pezones. Empezó a limpiarme entonces de forma tosca, además, estaba dolorida, había sido muy bruto. Me puso las braguitas y volvió a acostarme tal y como estaba.
Era muy extraño porque no había conseguido llorar a pesar de desearlo, e incluso me había excitado todo, pero el muy cabrón no me había dejado correrme, sabía de sobras que si hubiera estado un poco más, hubiera podido hacerme su cómplice.




















Genial, como tú!!!!
Besos
Hola Minah
Caliente y desmadroso tu site.
Me gusta por kinky… por funky
por acá me tendrás seguido, aunque los relatos son largos, ¿eh?
saludos,
Jorge
.- oye y como webmaster te debía de consultar para saber si mi blog merece que comienze a ponerle anuncios y asi poder comprar los libritos cachondos que reseño… y pagar por la consulta.