Lukas 2.23

Minah | Lukas, Relatos | Viernes, 03 Octubre 2008

Chica tumbada en un sofá - relato erótico- ¡Uf! ¡por poco nos pilla! – dijo Lukas entrando a la habitación.
- Sí, y no las tengo todas conmigo de que no lo haya hecho, es un tipo listo. ¿Me traes agua? Tengo mucha sed.
- Sí, dame un segundo, bajo a por más, que la jarra está vacía.
- Vale.

Me senté en la cama a esperarle, estaba cansada de estar acostada, me tapé el pecho con el edredón con la mano de la muñeca vendada, desde atrás seguramente podría apreciarse mi espalda desnuda y el inicio de mi trasero. Con la otra mano me acariciaba el hombro desnudo opuesto y el brazo, y volví a subir para acariciar mi nuca. Me seguía escociendo mucho la garganta, al menos me había bajado la fiebre y no sentía tanto dolor por todas partes. Subió al fin:

- Toma – dijo mientras cogía mi mano ayudándome a encontrar el vaso.
- ¿No le has puesto azúcar, no?
- No.
- Mejor, no me gustaba nada … ah – dije cogiendo aire – ¿me lo llenas otra vez? Es que tengo mucha sed – dije humedeciéndome los labios.
- Sí, claro guapa.
- Ya no quiero más – me tuve que dejar un dedín del segundo vaso.
- Venga… ahora te tumbas un ratito y te duermes, … ¡uf! si ya ha pasado una hora … dentro de una hora subo y te vuelvo a dar la medicación, te toca cada 2 horas.
- ¿Qué vas a hacer mientras?? – dije mimosa.
- Pues te voy a cuidar mucho – mientras se sentaba en la cama y me besaba la frente, arropándome – y mientras te cuido, voy a bajar a limpiar un poco, que entre unas cosas y otras, estamos dejando a tu amigo sin una sola toalla limpia, también me conectaré a Internet y me pondré al día, y cuando llegue la hora haré algo para comer. Te dejo tu móvil súper chulo encima de la mesa, por si necesitas algo no tengas que gritar, hazme un toque.
- ¿No vas a dormir?
- No, luego intentaré dormir siesta. Venga que se pasa el tiempo – dijo levantándose y dirigiéndose hacia la puerta.
- Lu…
- ¿Qué? – me contestó.
- Qué te quiero…
- Yo también peque.
- No cierres la puerta del todo, por si me despierto, que pueda oírte, no me sentiré tan sola.
- Vale.

Hacía pocos minutos que me había dormido cuando volvió Lukas, me despertó del todo. Me había traído una manzana cortada en trocitos, me la comí despacito después de que me inyectara la otra dosis.

A las 2 llegó Javi, traía los resultados de los análisis de sangre y aún más medicación. Tenía un poco de anemia, lo demás todo perfecto, dentro de la gravedad del asunto. Subió a cambiarse de ropa.

- No sé porque antes en un ataque de pudor me ha dado por cambiarme en el baño, tú no puedes ver nada y no creo que tu amigo se asustase, de hecho creo que tú tampoco lo harías… ¿cómo estás? – dijo mientras se sentaba en la cama.
- Con ganas de devolverte la cama, será que ya estoy bien. Te estamos causando muchas molestias.
- ¿Qué dices? Primero que me encanta tenerte aquí, me hubiera gustado más que vinieras de visita voluntaria y no obligada, y que vamos, tu amigo ha dejado la casa reluciente… no lo dejes escapar, es un buen partido – dijo intentando disimular - . Voy a cambiarme – mientras se levantaba y se quitaba la ropa.
- ¡Uh! Un hombre desnudo y no puedo verlo, ¡cachis!
- ¡Jajaja! ¿Tienes hambre?
- Pues no tenía, pero huele muy bien.
- Es crema de calabacín, pero lo mejor no es eso, ni los segundos, sino ¡el postre! Esta mañana estaba en la oficina cuando me ha llamado Lukas y me ha dicho si te podía traer algo de chocolate de postre…
- ¿¡Si?!
- Sí, hay un pequeño supermercado, a nada, dos pasos, bueno, es que yo también soy muy golosón y me conozco toda la variedad que tienen como la palma de mi mano… he traído varias cosas, bueno ya las verás, que me han dicho que te gusta también mucho la tarta de queso con trocitos de galleta.
- ¡Javiiii, no me digas eso!
- ¡Jajaja! Bajo a poner la mesa.

A los pocos segundos subió Lukas a tomarle el relevo:

- Silvi, ¿cómo estás guapa? Es hora de bajar – dijo mientras entraba y se sentaba en la cama.
- Sí, ya me ha dicho Javi…
- Vamos a ver, siéntate, voy a quitarte la venda… – acto seguido de sentarme sentí sus manos deshaciendo el nudo – los sigues teniendo rojitos… ¿te pican verdad? – a la vez que sus dos pulgares abrían mis párpados con cuidado, miraba atenta el gesto de su cara.
- Un poco – cerré de nuevo los ojos cuando me soltó.
- Bien, voy a ponerte el colirio.

Dos gotitas, en cada ojo, primero mucho escozor y luego alivio. También me volvió a inyectar la medicación, iba alternando los brazos. Me ayudó a vestirme, el colirio me dejaba la vista borrosa unos minutos, era molesto y prefería tener los ojos cerrados, aún me escocían, iba a ciegas palpándolo todo. Encontré mi apoyo en el hombro de Lukas, que con una rodilla en el suelo, me ayudaba con los pantalones, pero en vez de subirlos, llevó su manos a mis caderas, bajó mis braguitas lo justo para descubrir mi pubis limpito, sin un solo pelo y comenzó a besarlo. Puse mi mano en su pelo, entrelazando mis dedos con él, mesándolo.

- ¡Uf! para para… me está gustando mucho y tenemos que bajar.
- Es que no tengo nunca suficiente, aunque no pudiera correrme, me daría igual, te comería durante horas y horas – dijo subiéndome las braguitas de nuevo.
- ¡Uh! … no me digas esas cosas.
- Pues no te las digo… al menos en un rato.

Terminó de ayudarme y guió mis pasos para que pudiera bajar por las escaleras, cogiendo mis manos e indicándome que pasos debía dar. Al terminar de comer, llegó la hora de tan deseado postre, el chocolate helado calmó la irritación y el dolor de las llagas de mi garganta. Al terminar Javi subió a su habitación a tumbarse un rato y, Lukas y yo, nos fuimos al salón, Lukas quería ver las noticias. Me vendó los ojos de nuevo y, tapadita con una manta, escuchando la tele, me quedé dormida de nuevo sobre su muslo, mientras acariciaba mi pelo. Al poco rato apagó la tele y se quedó también dormido, estaba cansado.

Tuve varios sueños extraños, sin sentido. Me desperté y Lukas ya no estaba, comencé a llamarle sin respuesta, subí un poquito la venda para poder ver algo. Era ya de noche, aunque bueno, a las 6 de la tarde ya era de noche así que podía ser cualquier hora, ese pensamiento me descolocó un poco. Veía borroso, aún así intenté ponerme en pie y caminaba despacito tanteando el suelo con la punta de los pies, una mano levantando mi venda y la otra intentando no topar algo. Vi luz en el piso de arriba, subí despacio las escaleras, oía la voz de Javi:

- ¿Javi? – dije todo lo alto que me lo permitía mi garganta.
- ¡¡Ssssh!! – salió Lukas – está al telf con Manuel – dijo mientras me ayudaba a terminar de subir – tenemos que irnos, iba a bajar ahora a buscarte, están cerrando mucho el círculo, incluso se ha metido ese cabrón ahora a meter cizaña. Tienes muy mala cara, ¿estás bien?
- Sí, pero… ¿pero cuando nos vamos? – pregunté quitándome la venda del todo.
- Nos vamos ya – contestó y se fue a la habitación que era de donde venía la luz para recoger las cosas.
- ¿Dónde vais a ir? – dijo Javi que ya había colgado.
- No sé, buscaremos una pensión o un hotel.
- Pero por la noche bajan mucho las temperaturas, ella no puede irse aún… que se quede aquí, puedo esconderla.
- No, no, no quiero que Manuel me encuentre otra vez – dije con la mirada empañada y claramente alterada.
- Tranquila, eso no va a ocurrir – dijo Javi intentando calmarme, cogiéndome de los hombros – ¡mierda! ¡Lukas! ¡LUKAS! ¡Se desmaya!
- ¡Joder joder!! – dijo mientras volvía corriendo - ¿Silvia? ¿Me oyes?
- Sí, sí, estoy sólo un poco mareada, es sólo una bajada de tensión.
- Javi, ayúdame a levantarla, el suelo está muy frío.
- Esta noche se tiene que quedar, además no va a venir nadie… si te quedas más tranquilo, dejamos las maletas preparadas en el coche, ¿vale?
- Sí, tienes razón.

Javi respiró tranquilo un instante, Lukas era muy tozudo. Me volvió a vendar los ojos. Entre unas cosas y otras Javi consiguió convencer a Lukas para quedarnos 2 días más.

Había mejorado en ese tiempo, Lukas estaba totalmente recuperado. Cuando nos despedimos, Javi le alargó la mano a Lukas y él le dio un abrazo. Yo le di un beso en la mejilla. Antes de irme, a solas, había insistido en que, para cualquier cosa, él estaría a una llamada de teléfono. Volvimos a casa de Lukas, seguía siendo un lugar seguro, sólo Jon conocía la dirección. Desde allí pudo conectarse a Internet con más tranquilidad, iba con mucho cuidado en casa de Javi, por si acaso rastreaban su conexión. Ahí pudo recopilar más información, en diversos foros, mails, en la prensa, … . Jon vino a hacernos una visita y estuvo hablando con Lukas un buen rato, poniéndolo al día.

Antes de la hora de comer, nos pasamos por el centro comercial para comprar algo, estaba la despensa vacía, estuvimos por varios sitios. Paramos a comer en un pequeño restaurante, unas tapas, había reunión en un piso que no conocía, un poco alejado del centro. Al llegar, me fijé que había una tiendecita en la puerta, vendían helados, sería buena idea bajar a por uno a media tarde, aún me dolían las llagas de la garganta. Lukas me dijo que sería buena idea que me tumbara un ratito en un sofá que había en una pequeña salita, me tapó con su abrigo, me puso el colirio en los ojos y me beso en la frente antes de irse. Me costó dormirme, pero cuando lo hice, no podía despertarme ni el ensayo más horroroso de la filarmónica de Londres.

- Peque, son las 6 ya, venga arriba – me dijo mientras se sentaba en una esquinita del sofá y me acariciaba la mejilla – me da pena despertarte, estás preciosa, pero sabes que luego no puedes dormir por la noche.
- Mmmmm, vale vale, dame un besito anda.
- Venga mimosona – me dijo antes de besarme – ¿tienes ganas de comer algo? te toca la medicación.
- Sí, me he fijado que hay una tiendecita abajo, venden helados, me voy a bajar a por uno.
- Perfecto.
- ¿Quieres algo?
- No, hemos tomado café con leche con galletas hasta aburrir, uf, no puedo más.

Me puse en pie y comencé a arreglarme la ropa, tenía un pantalón de cintura baja, me lo desabroché y me puse bien el tanga, se me hacía raro estar rasurada, me seguí colocando bien la ropa. Lukas me miraba pillo, mientras se humedecía los labios y disimuladamente se colocaba bien el paquete, se estaba excitando.

- Te gusta ponerme nervioso, ¿eh?
- Sí, la verdad es que sí, me gusta mucho provocarte.
- Estás preciosa y te tengo unas ganas – dijo poniéndose en pie y cogiéndome por la cintura, por detrás – pero de echar un polvo animal, de los nuestros, pero luego quererte mucho mucho.
- Sí, sí te soy sincera, yo también tengo ganas y muchas – me puse el jersey – ¿tengo bien el pelo?
- Sí, perfecto… venga corre, te espero aquí.

Me puse la chaqueta y Lukas vino tras de mi, le llegó un mensaje a su móvil. En el salón estaba Joran, no lo había visto, fui a saludarle, era un chico muy majo.

- Pues ahora subo - dije terminándome de despedir.
- ¡No, no puedes irte Silvia! – dijo Lukas, muy nervioso, mientras me cerraba la puerta en los morros, no la había abierto ni un palmo.
- Lukas… ¿qué te pasa?
- Qué he dicho que te quedas aquí – me gritó mientras me cogía del antebrazo con demasiada fuerza.
- Me haces daño – me di cuenta que desde el salón nos miraban todos atentos, me daba vergüenza ese numerito – suéltame – le susurré mientras le miraba a sus profundos ojos azules – no tienes derecho a hablarme así, ni a montarme este numerito – hice un gesto para que me soltara y volví a abrir la puerta… la cerró de nuevo.
- ¡NO LO ENTIENDES HOSTIA! ¡¡QUE HE DICHO QUE TE QUEDAS AQUÍ HASTA QUE SE TERMINE LA REUNIÓN!!
- Vale… – dije volviendo a la salita donde estaba, allí rompí a llorar, no entendía nada.

Él siguió con la reunión. Al terminar estaba más calmada, había anochecido y me había quedado mirando por la ventana, sentada en un sillón, medio arrodillada de lado.

- ¿Cómo estás? – me preguntó – no tendrías que haber llorado, mira como se te han puesto los ojos… no hablas, bueno, venga, desnúdate el brazo.

Lo hice sin decir nada, ni siquiera le miraba.

- Ah!!
- Lo siento, me he movido ¿te he hecho daño?
- No…
- Nadie lo diría por como te has quejado… venga, abrígate que nos vamos.
- Sí claro, lo que el tirano quiera y obediente a sus caprichos.
- ¿Sigues enfadada por lo de antes?
- ¿Enfadada? Lo dejo todo por ti, todo mi mundo, ¡TODA MI VIDA!! ¡Y ME HACES PASAR UN RIDÍCULO ASÍ. NO SOY TU JUGUETE NI TU PROPIEDAD!! – dije con la mirada empañada.
- No me chilles.
- No soy tu juguete, ni tu propiedad.
- Sólo quiero lo mejor para ti… aunque no lo entiendas. Venga, nos vamos.

No dije nada en todo el viaje. Al meter el coche en el garaje de su casita, me bajé y me fui llorando a la habitación de invitados, no pensaba compartir la cama con él esa noche.

- No puedo oír que lloras peque… lo siento, soy un imbécil.
- Es que no lo entiendo, no sé porque lo has hecho.
- Me he asustado y me he comportado como un imbécil, lo siento. No he sabido reaccionar hasta ahora – mientras se tumbaba a mi lado, yo le daba la espalda.
- Pero, ¿qué pasa? – dije girándome y escuchándole.
- Hace tiempo que quiero dejar todo esto y ahora entras tu, gente que me matará si me quedo y otra que me matará si me voy, por traidor… mira y en esto me metí yo solito, y me merezco cualquier cosa, vendí mi alma hace tiempo, pero tu no, a ti no quiero que te toquen ni un pelo, nunca más. Desde que te conozco, desde el primer día que me gustas y me lancé a intentarlo contigo, sin pensar en ti, ni en las consecuencias… soy un egoísta.
- Vale, pero esto no es sólo tuyo, es de vuelta, si yo no hubiera querido no estaría aquí – le contesté.
- Hace días que me mandan mensajes al móvil, desde internet, diciéndome que te van a hacer daño y… – rompió a llorar.
- ¿Lukas? ¿Y?
- Y esta tarde traía una foto tuya, de cuando hemos estado en el centro comercial y preguntándome cuantos dedos tuyos me van a hacer falta para darme cuenta. ¿Pero cuenta de qué? No sé de que lado están, ni lo que quieren. Son unos salvajes y les importa una puta mierda el sufrimiento de un ser humano.
- Lukas… – sentí que se me helaba la sangre al oír eso.
- ¿Tranquila vale? Porque no te va a pasar nada.
- ¿Porque no me habías dicho nada?
- No sé, no quería asustarte, sólo deseaba que fuera una broma macabra, pero sucede desde antes de caernos al río, nunca pensé que Emilio fuera tan traidor. Quiero que te calmes, porque mientras estés conmigo no te harán nada, de eso estoy seguro, ya lo habrían hecho esta tarde. Sé que es molesto pero tienes que llevar el chaleco puesto siempre que salgamos de casa.
- Lukas… – dije abrazándole.
- No quería que te asustaras, ni que tuvieras miedo. Saben que ahora tengo un punto débil, que eres tú y por el que haría cualquier cosa. Llevaba mucho tiempo necesitando todo lo que me das. Si te das cuenta la mayoría son solteros o las parejas que se forman se forman aquí dentro…. siento mucho lo de antes. ¿Estás bien?
- Sí, sólo abrázame, no me sueltes ni un instante.
- No sabes cuanto te puedo llegar a querer – me dijo sujetando mis mejillas y besándome – mientras sus dedos se entrelazaban con mi pelo. Probé el sabor de sus lágrimas de sus labios y él el de las mías.

Me encantaba cuando le ponía tanta pasión a los besos. Una de sus manos bajo a mi espalda y se metió entre mi ropa, acariciándome la espalda, sabía que me gustaba. Sentí su mano también dibujando mi cintura, atrayéndome hacia él.

- Te haría el amor salvajemente Silvia, pero no puedo, hoy no, quiero transmitirte… quiero que sientas que te quiero, que te cuido y que te protejo, quiero que estés tranquila. ¿Confías en mi?
- Sí.

Me ayudó a desabrocharme el cinturón. Se puso de rodillas en la cama y tiró de mis zapatillas, luego de mis pantalones. Me bajé la ropa interior, mientras él se quedaba de rodillas en la cama, mirándome, desabrochándose también el cinturón y luego los pantalones. Quiso bajar a comerme, pero le dije que no, necesitaba sentirlo dentro de mi. Apoyó su mano en el colchón, con la otra intentaba bajarse la ropa, le ayudé desnudando sus nalgas, acariciando sus caderas y poniendo luego mis manos en su culo, mientas me penetraba, me hacía daño, pero me gustaba, estaba en el umbral del malestar y el placer. Me gustaba sentir como poco a poco me iba lubricando sintiéndole, como cada vez todo era más fácil, le miraba a los ojos, cómplice. Lo bueno de haber empezado así es que durábamos mucho más. Sentía como mi cuerpo se iba despertando poco a poco y como la excitación comenzaba a ser más patente.

- Lukas, Lukas.
- Dime preciosa – me dijo justo antes de volver a besarme.
- Quiero que vayas a correrte, quiero escucharte jadear, como cada vez estás más cachondo… y cuando te tengas de correr, ¡córrete! – dije sin dejar de jadear.
- ¿Segura?
- Sí – entonces fui yo quien cogí su cabeza para obligarle a besarme.

Eso me ponía. Me hizo caso, cada vez estaba más excitado, podía sentirle, él me lubricaba también. Comenzó a gemir y a cerrar los ojos. Pude sentir entonces como se corría dentro de mí, como me llenaba otra vez. Escucharle y sentirle me ponía enferma. Me corrí entonces, a la vez que notaba como me llenaba y como su polla dura seguía entrando y saliendo, lubricada por sus propios fluidos.

Cayó sobre mi, y luego rodó a un lado, jadeando. Me acurruqué en su hombro y mientras me besaba en la frente, me levanté al poco rato, no quería dormirme del todo, me di una ducha rápida y me acosté, acurrucándome entre sus brazos, se había quedado dormido en la habitación de invitados.

Entradas relacionadas o ¡SALTA!



No hay comentarios

Aún no hay comentarios.

Deja un comentario

:) :( :d :"> :(( \:d/ :x 8-| /:) :o :-? :$" :-w ;) [-( :)>- more »

Redifusión RSS de los comentarios de la entrada. TrackBack URI